El pasado viernes, 11 de septiembre, fue un día felicísimo, de esos que no se olvidan, para la princesa Alexandra de Hannover (27 años) y su razón de amor, Ben-Sylvester Strautmann: la dupla anunció, excelsa, su casamiento.
Los Grimaldi, pues, se van de boda. La noticia del enlace no ha sorprendido a los círculos cercanos a la casa monegasca ni a la familia Strautmann, empresarios alemanes de Baja Sajonia afincados en Mónaco desde hace años.
Alexandra no ha tenido otra relación formal conocida que la mantenida con Ben-Sylvester, aceptado desde hace tiempo como uno más de la familia y presencia habitual en actos sociales y deportivos del Principado.
Sin embargo, detrás del romántico anuncio en Instagram -con un anillo de diamante amarillo de 4,8 quilates y el pie de foto The marriage plot- existe una delicada cuestión familiar: la relación de Alexandra con su padre, Ernesto de Hannover (72).
Por tradición, corresponde al padre de la novia conducir a su hija al altar, y lo habitual sería que la boda se celebrase en Alemania, dada la condición de Alteza Real de Alexandra por su pertenencia a la Casa de Hannover y el origen germano del novio.
Pues bien, fuentes cercanas a los Hannover han señalado a Informalia que es "muy probable" que Ernesto de Hannover no sea quien acompañe a Alexandra el día de la ceremonia y, más aún, que ni siquiera acuda a la boda o que no esté invitado.
Estas mismas fuentes aseguran que la relación entre padre e hija es inexistente desde hace varios años, un distanciamiento que se ha ido consolidando con el paso del tiempo, siempre según la versión de este medio.
La pareja, en un acto público.
El distanciamiento se hizo aún más visible en 2025, cuando Ernesto de Hannover permaneció ingresado durante meses en el Hospital Ruber Internacional de Madrid en estado grave, tras someterse a una delicada operación cardíaca.
De acuerdo a lo que cuenta Informalia, Alexandra y Ben-Sylvester visitaron España en aquellas fechas y estuvieron con Christian de Hannover y Sassa de Osma, pero no acudieron a la clínica para visitar a Ernesto, ni tampoco en otros desplazamientos posteriores a Madrid.
El último encuentro documentado entre padre e hija se remonta a 2018, en Lima, con motivo de la boda de Christian de Hannover (41) y Sassa de Osma (38).
En ambientes de Montecarlo cercanos a los Grimaldi se comenta que la boda de la nieta de Grace Kelly y Rainiero podría celebrarse finalmente en Mónaco, y que Christian de Hannover podría ser el encargado de acompañarla al altar.
Por el momento, la pareja no ha anunciado ni fecha ni lugar del enlace, aunque la expectativa en torno a la ceremonia es alta, dada la proyección mediática de los Grimaldi y la singularidad de un vínculo alemán, británico y monegasco.
Relación paternofilial
La relación entre Ernesto y su hija Alexandra, la menor de los tres hijos que tuvo con Carolina de Mónaco, experimentó un punto de inflexión tras la separación de la pareja en 2009.
Aunque nunca llegaron a divorciarse -en parte por la oposición de Carolina, hija de Rainiero III y Grace Kelly-, el distanciamiento conyugal no impidió inicialmente que padre e hija mantuvieran cierto contacto.
Ernesto, que siempre ha contribuido de forma generosa a cubrir las necesidades económicas de Alexandra, siguió presente en su vida durante los años siguientes a la ruptura, lo que permitió que la relación conservara una apariencia de normalidad.
Ernesto de Hannover, en una imagen de archivo.
Sin embargo, esa aparente frágil normalidad se quebró de forma definitiva en 2018, durante la boda de Christian de Hannover y Sassa de Osma en Lima. En una cena familiar en la capital peruana, Alexandra presentó a su padre a Ben-Sylvester Strautmann, su novio desde hacía años.
Según fuentes próximas al príncipe, el apellido y los antecedentes de la familia Strautmann no habrían sido del agrado de Ernesto, quien supuestamente realizó algún comentario crítico o despectivo relacionado con un episodio controvertido de esa familia.
Aquella escena habría provocado la ruptura definitiva entre padre e hija, que desde entonces no han vuelto a mantener contacto alguno.
Tras la separación de sus padres, Alexandra se quedó a vivir con su madre en el Principado, junto a sus hermanos Andrea y Charlotte y, más tarde, con sus medio hermanos Casiraghi, hijos del segundo matrimonio de Carolina con Stefano Casiraghi.
Fue en ese entorno monegasco donde la joven creció y consolidó su vínculo con la familia Grimaldi, mientras su relación con Ernesto se iba enfriando, presuntamente, de forma progresiva.
