Haakon VIII (53 años) lleva apenas cinco días como rey de Noruega y ya ha tenido que lidiar con un sinfín de circunstancias que ningún manual de protocolo podía prever. El resultado, un arranque de reinado convulso lleno de contratiempos inesperados.
Todo comenzó el pasado viernes 28 de agosto cuando la Casa Real confirmó el fallecimiento del rey Harald V a los 89 años, tras días "muy grave" por una infección bacteriana en la sangre.
En cuestión de horas, el príncipe Haakon se convirtió en Haakon VIII, cuarto rey de Noruega, y ofreció su primer discurso como monarca con palabras de gratitud hacia su padre y promesas de continuidad institucional.
En el país nórdico no hay ceremonia de coronación y cuando un rey muere, el siguiente en la línea de sucesión pasa inmediatamente a ejercer como Jefe del Estado.
El nuevo rey ya cargaba con dos frentes abiertos: la recuperación de Mette-Marit (53), convaleciente tras un trasplante de pulmón realizado en junio, y la presión social por el escándalo de su relación con Epstein; y la condena de su hijastro Marius Borg Høiby (29) por violación, que ya había empezado a erosionar la popularidad de la Familia Real.
La reina Sonir, Marta Luisa, Mette-Mariy Haakon VIII.
El sábado 29 y el domingo 30 de agosto, Noruega vivió los primeros actos oficiales de luto: misas familiares, traslados del féretro y servicios religiosos en memoria de Harald V. En la misa de Asker, Haakon apareció arropado por sus hijos, la princesa Ingrid Alexandra (22) y el príncipe Sverre Magnus (20), y por la reina Sonia (89).
No estaba Mette-Marit, cuya agenda es limitada desde que recibió los órganos nuevos. Tampoco la princesa Marta Luisa (54), hija mayor de Harald y Sonia, que se tuvo que ausentar para quedarse junto a su marido, el chamán Durek Verrett (51), también en proceso de recuperación tras un trasplante de riñón realizado en el mismo Hospital Nacional de Oslo donde había estado ingresado el difunto rey. Estos imprevistos eran tan solo el principio.
Marius Borg porta el féretro
El lunes 31 de agosto, la tensión alcanzó su punto máximo. En el traslado del féretro de Harald V desde el Salón Rojo del Palacio Real hasta la capilla ardiente, Marius Borg apareció como un nieto más portando el ataúd junto al nuevo rey Haakon VIII, la princesa Marta Luisa y los nietos biológicos del fallecido: Ingrid Alexandra, Sverre Magnus, Maud Angelica, Leah Isadora y Emma Tallulah.
La escena dividió a Noruega. Para unos, era un gesto humano y coherente teniendo en cuenta la relación entrañable que Marius mantuvo con Harald V, quien siempre lo trató como a un nieto de sangre.
Para otros, era inaceptable que un condenado en primera instancia a cuatro años de prisión por dos delitos de violación y agresión, y bajo arresto domiciliario, tuviera un papel tan visible en un acto de Estado.
Marius Borg junto al resto de la Familia Real portando el féretro.
La Casa Real, consciente del riesgo, había gestionado permisos judiciales especiales para que Marius pudiera salir del arresto domiciliario para asistir a alguno de los actos en memoria de Harald.
La imagen que quedará grabada en el imaginario noruego como el día en que el nuevo rey eligió la lealtad familiar frente a la presión social. Ya lo dijo en su primer discurso a la nación: la familia se mantiene unida, en lo bueno y en lo malo.
Juramento en soledad
En el quinto día de su reinado, Haakon juró la Constitución ante el Parlamento. Pero el momento que muchos esperaban, la imagen del rey junto a su reina, no llegó.
Dos horas antes de que comenzara el acto, palacio envió un comunicado informando sobre la baja de Mette-Marit en la histórica ceremonia por complicaciones médicas derivadas de su trasplante de pulmón.
"Deberá permanecer bajo observación durante todo el día. Lamentablemente, la Reina no podrá asistir hoy a la ceremonia de investidura en el Storting", decía el escrito.
La noticia cayó como un jarro de agua fría en un día ya cargado de emoción. Haakon entró en el hemiciclo acompañado solo por su hija, la princesa heredera Ingrid Alexandra, mientras la reina Sonia y el príncipe Sverre Magnus seguían la ceremonia desde el Salón del Storting.
Haakon VIII junto a la princesa Ingrid el día de su juramento.
La silla vacía al lado del rey se ha convertido en el símbolo de unos primeros días de reinado en los que la salud de Mette-Marit ha marcado cada decisión.
De hecho, tras la ceremonia de juramento se pudo ver a la pareja real entrando en coche al Hospital Nacional de Oslo. Haakon abandonaba la celebración de su gran día para llevar en coche a la Reina hasta el centro médico.
De acuerdo a VG, en torno a las 21:00 horas de la noche de este martes, el actual Rey y Mette-Marit han salido del hospital juntos en el mismo vehículo.
Al cierre de esta quinta jornada, el balance es claro: Haakon VIII ha asumido la Corona en un contexto de crisis familiar sin precedentes en la Noruega contemporánea.
La agenda de Haakon VIII se centra ahora en el funeral de Estado del próximo 9 de septiembre, que congregará a jefes de Estado y casas reales europeas en Oslo. Allí, se espera que Mette-Marit pueda hacer una aparición limitada, si su estado lo permite, y que Marius Borg repita su presencia, con el mismo debate encendido.
Pero más allá de los actos fúnebres, el verdadero reto del nuevo rey es preservar la cohesión nacional mientras gestiona una Familia Real reducida, con una reina convaleciente, una princesa heredera aún en formación y una hermana alejada de las tareas oficiales.
