En Noruega, ya está todo listo para despedir con todos los honores al rey que ha estado al frente de la Corona durante 35 años. Tras la muerte del rey Harald, que ha perdido la vida este viernes, 28 de agosto a las 6:35 horas, la maquinaria institucional tiene cada uno de sus engranajes milimétricamente calculados para responder con absoluta precisión ante el momento crítico de Estado que atraviesan.
Bajo el nombre en clave de 'Operación Último Viaje' (Operasjon Siste Reise), el país escandinavo dispone de un exhaustivo dispositivo minuciosamente diseñado para desplegarse tras el fallecimiento del veterano Jefe de Estado. Una hoja de ruta que combina la máxima solemnidad militar con la sobriedad democrática que siempre ha caracterizado a la dinastía Glücksburg.
El mecanismo se ha puesto en marcha de forma inmediata tras el comunicado oficial emitido de manera simultánea por la Casa Real y el Gobierno de Oslo a primera hora de esta mañana.
Desde ese preciso instante, las banderas del país ondean a media asta y ha dado comienzo un periodo de luto nacional marcado por la imperiosa necesidad de garantizar la continuidad de la institución.
En este sentido, la tradición noruega establece que la Corona nunca queda vacante, por lo que el príncipe heredero, Haakon (53), asumirá de inmediato la Jefatura del Estado antes de que arranquen las exequias formales.
La primera actuación de calado del nuevo monarca ha tenido lugar esta mañana en el Consejo de Estado (Statsråd), donde el nuevo rey Haakon VIII ha hecho público su lema de gobierno, el denominado Kongeord.
"Es mi deber informar al Consejo de Estado que mi querido padre, Su Majestad el Rey Harald V, falleció hoy, 28 de agosto de 2026, a las 6:35 de la mañana, y que, de conformidad con las disposiciones de la Constitución, he asumido el gobierno como Rey de Noruega", ha pronunciado en su primer discurso como rey frente al consejo.
"Adoptaré el nombre de Haakon VIII y continuaré con el mismo lema que eligieron mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo: "Todo por Noruega".
Tal y como se preveía, ha anunciado que mantendrá viva la emblemática consigna que ya guiara con éxito los reinados de su abuelo Olav V y de su propio padre, "Alt for Norge".
Se trata de una declaración de intenciones que servirá de pilar ideológico para un mandato que arranca en un momento especialmente delicado para la familia, marcado por la frágil salud de Mette-Marit (53), su polémica relación con el magnate pederasta Epstein y la condena de Marius Borg Høiby (29), que cumple una pena de cuatro años por delitos de agresión y graves altercados bajo arresto domiciliario.
El rey Harald de Noruega.
Sus restos descansarán en una fortaleza militar
En el plano ceremonial, la custodia de los restos mortales recaerá de principio a fin en las Fuerzas Armadas.
Desde la primera capilla ardiente en el Palacio Real hasta su traslado a la Catedral de San Salvador de Oslo (Oslo Domkirke), escenario tradicional para la despedida pública de los miembros de la familia real, el féretro permanecerá vigilado de forma ininterrumpida por la Guardia Real (Hans Majestet Kongens Garde). Los efectivos velarán al soberano luciendo su característico uniforme de gala y el tradicional sombrero de plumas.
Según ha comunicado la Casa Real noruega, la capilla del Palacio Real acogerá el féretro del rey Harald V hasta la celebración de sus exequias.
Durante dicho periodo, cuatro cadetes se encargarán de custodiarlo, dos a cada lado del ataúd, que permanecerá colocado sobre un catafalco cubierto con tela púrpura y al que estará adosada la corona familiar.
Sobre el féretro también se dispondrán los principales atributos de la Corona: la corona real, el cetro, el orbe y la espada de Estado.
El rey Harald.
A diferencia de otras monarquías europeas que sepultan a sus reyes en imponentes criptas catedralicias, el protocolo noruego contempla un destino mucho más sobrio y ligado a la defensa nacional.
Siguiendo el precedente de su padre, Olav V, en 1991, los restos de Harald V descansarán en el Mausoleo Real de la fortaleza militar de Akershus, un enclave austero a orillas del fiordo de Oslo.
Allí será enterrado junto a los miembros de su familia que construyeron la monarquía contemporánea: sus padres, Olav V y la princesa Marta, y los primeros reyes de la Noruega independiente, Haakon VII y la reina Maud.
El rey Harald, con la reina Sonia, a finales de los 60.
Funeral de Estado
En este solemne recinto se cerrará físicamente una era y una historia personal irrepetible. Harald V se despide de la nación, y le sobrevive su fiel esposa, la reina Sonia (89), con quien compartió 58 años de matrimonio tras protagonizar una de las historias de amor más tenaces de la realeza europea.
Cabe recordar que el monarca se plantó durante nueve años ante las reticencias de su padre hasta lograr autorización para casarse con una joven plebeya, marcando un hito decisivo para la institución.
La suya fue, sin duda, una emotiva trayectoria que incluso dejó anécdotas en la corte española cuando, en 1959, se intentó favorecer un noviazgo sin éxito entre el entonces príncipe heredero y la futura reina Sofía (87).
El funeral de Estado contará con una destacada dimensión internacional, reuniendo a una amplia representación de soberanos y mandatarios como ya ocurriera en las exequias de Olav V hace 35 años.
En lo que respecta a la fecha de dicho sepelio, esta aún no ha sido confirmada por las autoridades. Teniendo en cuenta que un evento de estas características requiere de la coordinación conjunta de Casa Real y el gobierno noruego, así como de la asistencia de numerosas personalidades de delegaciones internacionales, lo más probable es que se celebre en los próximos días.
El protocolo reserva un lugar de honor de extrema relevancia a las delegaciones de las casas reales nórdicas y la familia real británica. Esta distinción responde a la estrecha vinculación consanguínea de los Glücksburg con el Reino Unido, dado que Harald V ostentaba el hito de ser el monarca europeo más cercano a la línea de sucesión al trono británico fuera del marco de la Commonwealth.
Haakon y su padre en una imagen de archivo.
El nuevo rey, Haakon VIII
El protocolo tampoco contemplará una coronación física al uso, como sucedió en el caso del rey Carlos III (77). En cumplimiento de la enmienda constitucional de 1908 que abolió dicho ritual, el nuevo rey Haakon VIII no recibirá una corona sobre su cabeza.
En realidad, su legitimidad divina y popular se ratificará meses después del deceso de su padre mediante una solemne ceremonia de bendición religiosa en la histórica Catedral de Nidaros, en Trondheim.
De este modo, la 'Operación Último Viaje' despedirá a un soberano que perteneció a la generación marcada por la Segunda Guerra Mundial mientras blinda, con la precisión de un reloj, el inicio de una nueva era en el trono.
