A pesar de su estrepitosa caída en desgracia y de haber sido despojado de la práctica totalidad de sus honores y títulos, Andrés Mountbatten-Windsor (66 años) sigue figurando en la lista gubernamental para recibir un funeral real formal.
La revelación de que el exduque de York, mantiene el derecho a exequias dentro de la categoría de funeral ceremonial, la misma que recibieron el príncipe Felipe de Edimburgo en 2021 o la reina Madre en 2002 ha desatado una intensa oleada de críticas por parte de políticos y, especialmente, de los abogados que representan a las víctimas de su entorno.
Según una información publicada por el portal de noticias británico The Mail on Sunday, que cita a fuentes gubernamentales de alto nivel, el expríncipe permanece en una lista confidencial destinada a entierros ceremoniales.
Estos preparativos secretos forman parte de las operaciones de contingencia que el Gobierno británico mantiene actualizadas ante un eventual fallecimiento en el seno de la familia real.
Príncipe Andrés y rey Carlos III.
Protestas de las víctimas de Epstein
La noticia sobre estos planes ha reabierto las heridas vinculadas a la estrecha amistad que el expríncipe mantuvo con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein.
La abogada Gloria Allred, representante de varias de las víctimas, ha manifestado a The Mail on Sunday que el hermano del rey Carlos III no merece atenciones especiales. Ni siquiera después de muerto.
"Andrés avergonzó a la Familia Real y al Reino Unido por su relación con Jeffrey Epstein. En estas circunstancias, cabe preguntarse por qué se le debería conceder a este hombre el honor de un funeral real", ha lamentado.
En la misma línea se ha pronunciado el abogado Spencer Kuvin, quien también ha arremetido duramente contra la planificación, calificando el eventual uso de fondos públicos para costear esta ceremonia como una auténtica "vergüenza para la familia real".
El entonces Andrés de York junto a su madre, Isabel II, en una imagen captada en 2011.
Un protocolo basado en la princesa Margarita
Sobre lo que pasará una vez que fallezca el que fuera hijo favorito de Isabel II, cabe recordar algunos detalles.
El primero de ellos es que no está previsto que reciba un Funeral de Estado, un honor reservado principalmente a los monarcas británicos o a figuras de excepcional relevancia nacional con aprobación parlamentaria, como lo fue en su día Winston Churchill.
En su lugar, el protocolo lo sitúa dentro de la categoría de funeral ceremonial, la misma que recibieron su padre y su abuela materna tras su deceso.
Dado que el rey Carlos III le retiró oficialmente el tratamiento real el año pasado, Andrés cuenta legalmente con el estatus de ciudadano privado. Sin embargo, las contingencias del Estado aún prevén un trato protocolario formal.
La organización del evento, cuando llegue el momento, recaerá en la Oficina del Gabinete británico, encargada de gestionar y actualizar periódicamente los planes conocidos informalmente como operaciones puente o planes Bridge.
Los expertos anticipan que el procedimiento tomará como referencia el funeral de la princesa Margarita, hace 24 años. Un funeral ceremonial real, pero con carácter familiar.
La ceremonia religiosa se llevaría a cabo en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor, y sus restos reposarían finalmente en el Cementerio Real de Frogmore (Royal Burial Ground), un recinto privado donde yacen otras figuras controversiales de la dinastía, como el rey Eduardo VIII.
La foto del paseo del expríncipe Andrés y Epstein en Nueva York que reveló la amistad entre ellos.
El debate sobre los honores militares
Uno de los aspectos organizativos aún por resolver gira en torno a la escolta y los portadores del féretro, ya que Andrés perdió todos sus cargos militares honoríficos a raíz del escándalo sexual.
Pese a ello, el contralmirante retirado Chris Parry ha señalado al citado diario que la Marina Real probablemente encontraría voluntarios para cumplir la tarea, en reconocimiento al servicio prestado por Andrés como piloto de helicóptero durante la Guerra de las Malvinas.
El formato final de las exequias, cabe señalar, se mantiene bajo constante revisión.
Ante la creciente presión política y social para evitar un despliegue masivo financiado con dinero público, los analistas sugieren que el evento podría terminar reduciéndose a un acto de carácter estrictamente privado y familiar.
Hasta el momento, tanto la Oficina del Gabinete como el Palacio de Buckingham han rechazado hacer comentarios oficiales sobre estos planes.
Por su parte, Andrés Mountbatten-Windsor tampoco ha reaccionado a las revelaciones. Desde su detención, el 19 de febrero de 2026, cuando fue arrestado durante 11 horas por la Policía de Thames Valley bajo sospecha de mala conducta en el ejercicio de un cargo público (misconduct in public office), se mantiene alejado de la vida pública.
