El pasado viernes, 31 de julio, el palacio real de Tetuán albergó uno de los actos institucionales más relevantes del calendario marroquí.
Apenas 24 horas después de la celebración del Día del Trono, la plaza Mechouar fue el escenario en el que el rey Mohammed VI (62 años) presidió la ceremonia de juramento de los nuevos oficiales graduados de las Fuerzas Armadas y de seguridad.
La cita cobraba una singularidad añadida, pues el monarca alauita se encontraba ya instalado en Tetuán disfrutando de sus tradicionales vacaciones estivales, un periodo de descanso en el norte del país al que se unen sus hijos, el príncipe heredero Moulay El Hassan (23) y la princesa Lalla Khadija (19), tras haber compartido jornadas de asueto estival en la isla italiana de Capri.
Sin embargo, a tan solo 42 kilómetros al norte de este enclave vacacional y ceremonial de la familia real, la estampa era bien distinta: la frontera hispano-marroquí registraba de forma simultánea la mayor crisis migratoria de su historia reciente.
El príncipe Moulay El Hassan, encargado de la seguridad fronteriza
En el plano estrictamente institucional, el Rey estuvo acompañado en la tribuna por el príncipe heredero Moulay El Hassan, luciendo el uniforme militar, y su hermano, el príncipe Moulay Rachid, con el uniforme de gala de la Marina Real.
La presencia del heredero alauita en este acto castrense no es la de un mero acompañante. Tras cumplir 23 años, el futuro Hassan III acaba de asumir su primer cargo operativo como Coordinador de las Oficinas y Servicios del Estado Mayor General de las FAR.
Designado por su padre para supervisar la inteligencia, la logística y la planificación del Ejército, el joven príncipe asume desde ahora el control diario de la seguridad fronteriza y la respuesta ante las amenazas regionales. Un asunto que estos días cobra más relevancia estratégica que nunca.
Como Comandante Supremo y Jefe del Estado Mayor de las Reales Fuerzas Armadas, Mohammed VI pasó revista a los batallones de las academias militares, la policía, la protección civil y la aviación civil, y entregó personalmente los ascensos a los nuevos oficiales.
El monarca bautizó a esta nueva promoción con el nombre de Laâyoune, en clara referencia a la capital de las provincias del sur, e instó a la nueva quinta de oficiales a actuar con patriotismo y lealtad bajo el lema Dios, Patria, Rey.
Un miembro del ejército español vigila junto a una valla mientras varias personas avanzan, este viernes, con dificultad por el agua intentando entrar en España
Marea humana en Ceuta
Mientras se desarrollaba la agenda real y militar en Tetuán en total orden, la playa del Tarajal en Ceuta se veía desbordada por la entrada masiva de personas.
En un intervalo de 48 horas, el enclave español, con una población cercana a los 84.000 habitantes, ha vivido un colapso migratorio sin precedentes.
Cerca de 50.000 personas han accedido a Ceuta a pie o a nado, una cifra extraordinaria si se tiene en cuenta que entre 2017 y mediados de 2026 habían entrado de forma irregular 20.000 personas en total, lo que supone una media de 1.000 al año.
El coste humano de este episodio ha resultado trágico. Las autoridades han confirmado el fallecimiento por ahogamiento de al menos 57 personas al intentar rodear los espigones fronterizos a nado.
Tras la activación del Ejército de Tierra y el refuerzo de los efectivos policiales, el Ministerio del Interior ha confirmado que 48.300 personas ya habían sido devueltas o habían regresado a Marruecos, permaneciendo menos de 2.000 en la ciudad.
El pasado viernes, el mismo día que el rey Mohamed VI felicitaba a las nuevas promociones de oficiales graduados, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desplazó a Ceuta. Allí calificó el episodio como "una violación de la integridad territorial de España", anunciando la instalación de un sistema de boyas de contención y un mayor blindaje naval.
Por su parte, el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, definió la situación como una absoluta emergencia humanitaria.
La repercusión internacional se ha hecho notar muy rápidamente en países vecinos como Italia, cuyo Ministerio del Interior dispuso controles fronterizos preventivos a viajeros no comunitarios procedentes de España.
Desde el entorno diplomático marroquí se ofrece una lectura muy concreta sobre los desencadenantes de esta marea humana a pocos kilómetros de la residencia de verano del soberano.
El rey de Marruecos, Mohamed VI, y su heredero, el príncipe Moulay Hasán.
Las medidas de contención de Marruecos
Según ha podido conocer EL ESPAÑOL, Rabat apunta a la reciente sentencia del Tribunal Supremo español que prohíbe las devoluciones en caliente como la causa determinante de un efecto llamada, al considerar que el fallo transmite la percepción de que acceder a Ceuta garantiza la permanencia.
Asimismo, fuentes marroquíes sostienen que el Reino ha venido aplicando severas medidas de contención en su margen de la frontera, como la inversión en la infraestructura y sellado de los vallados adyacentes para bloquear el acceso a las playas, o la restricción estricta de navegación e interdicción de motos de agua en la franja marina que separa ambos países.
Además, han incrementado el despliegue policial en el entorno fronterizo.
Desde Rabat se traslada que estas actuaciones debieron ser replicadas con un nivel equivalente de recursos y firmeza en el lado español.
Boato real y realidad migratoria
Por contra, analistas de política internacional encuadran estos episodios de apertura y cierre de controles en las habituales dinámicas de presión geopolítica sobre Ceuta y Melilla, enclaves bajo soberanía española desde hace más de cinco siglos y no catalogados como territorios a descolonizar por las Naciones Unidas.
La imagen simultánea de la corte alauita congregada en Tetuán entre días de descanso estival y actos solemnes de Estado, frente a la dramática escena de miles de jóvenes lanzándose al mar en el Tarajal, refleja la enorme complejidad geopolítica del Estrecho.
Una franja de apenas unos kilómetros donde conviven el boato institucional de la dinastía alauita y la crudeza de la realidad migratoria internacional.
