La detención del expríncipe Andrés (66 años) ha provocado un auténtico terremoto institucional en el Reino Unido. El hermano de Carlos III (77) fue arrestado este jueves, 19 de febrero, en su domicilio, acusado de mala conducta en cargo público, en una jornada especialmente simbólica al coincidir con su 66 cumpleaños.
Seis vehículos policiales se desplazaron hasta su residencia para ejecutar una operación que muchos consideraban cuestión de tiempo. El país, pendiente de cada movimiento, contiene la respiración ante lo que ya se perfila como uno de los capítulos más oscuros de su historia reciente.
Minutos después de conocerse la noticia, la periodista y experta en casas reales Pilar Eyre (74) atendía a la revista Lecturas para ofrecer su valoración.
Contundente, directa y sin filtros, Eyre no duda en calificar lo ocurrido como "el escándalo más grave que ha pasado en la monarquía inglesa".
El expríncipe Andrés, acorralado por la Policía: seis coches y ocho agentes llegan a su casa de Wood Farm en Sandringham
"Creo que todo el mundo, todos los medios, estaban esperando que se produjese este momento desde hace mucho tiempo", afirma la escritora. Para ella, la sensación generalizada era que la situación no podía sostenerse indefinidamente. "Ha habido demasiada indulgencia con el príncipe", añade.
En su análisis, recuerda que la vinculación del duque de York con el caso de Jeffrey Epstein no es nueva ni desconocida. "Se sabe ya desde hace mucho tiempo que estaba implicado en el caso de Epstein. No solamente en el caso de los abusos y violaciones de menores, también en la venta de secretos", subraya.
Eyre también pone el foco en el papel institucional que desempeñó durante años. "El príncipe Andrés tenía un importante puesto en comercio internacional de Reino Unido.Se conocía que incluso había podido vender secretos institucionales", explica.
Su nombre aparece en centenares de correos electrónicos y documentos desclasificados relacionados con el financiero estadounidense, un archivo que ha sacudido a la opinión pública británica.
Pero, para la periodista, uno de los aspectos más delicados es el respaldo que habría recibido desde la propia Casa Real. "Lo más grave es que tanto la reina Isabel II, como su hermano, Carlos III, taparon estos comportamientos", sostiene.
El expríncipe Andrés y Carlos III, en una imagen de archivo. Getty Images
Eyre recuerda además los 12 millones de libras que presuntamente se destinaron a cerrar un acuerdo con una de las denunciantes. "Estos millones salieron de las cuentas de la reina y del actual monarca", recalca.
En su conversación con Lecturas, Eyre apunta a un momento clave: "Hasta que el rey no se pronunció al respecto y aseguró que harían todo lo posible para colaborar con la investigación, la policía no se ha sentido libre para entrar en las residencias del príncipe, registrar sus cuentas y proceder a la detención".
A juicio de la experta, esta detención marca un antes y un después. No solo por la gravedad de las acusaciones, sino porque supone romper una barrera histórica en la monarquía británica: la de la aparente intocabilidad de sus miembros.
Si algo deja claro este episodio, según Eyre, es que la presión mediática y judicial ha terminado imponiéndose al peso de la institución. Y ahora, concluye implícitamente su análisis, la Corona se enfrenta al reto más complejo de las últimas décadas: recuperar la credibilidad perdida ante sus ciudadanos.
