La Familia Real abandonó a Iñaki Urdangarin (58 años) en el momento más oscuro de su vida. Esto es al menos lo que sostiene el exduque de Palma en sus memorias donde narra, con cierta tristeza y resignación, el papel que jugó la Casa de Su Majestad el Rey tras el estallido del caso Nóos.
No solo no sintió apoyo por parte de Juan Carlos I (88), entonces Jefe del Estado, en el terreno público, en la esfera privada tampoco lo hubo.
"Lo que resultó más doloroso de asimilar, y no digamos para Cristina, fue la postura familiar desde un punto de vista humano. Nuestra idea de la familia era la de un vínculo que acoge, cuida, defiende... Y a nosotros nos faltó eso, no por parte de todos los miembros, pero sí en gran medida", confiesa en su obra Todo lo vivido.
Después de su paso por prisión -fue condenado a cinco años y diez meses- la postura del ahora Emérito siguió siendo la misma. Quizás esto fue lo más duro de asimilar para el marido de la Infanta.
"Comprendí en esos primeros meses de vuelta a la libertad que la Familia Real (salvo contados miembros) no parecía dispuesta a reconstruir la relación conmigo [...] pero pensé, ingenuamente, que habría algún gesto".
Iñaki Urdangarin, con la infanta Cristina y el rey Juan Carlos.
A Iñaki le hubiera bastado con una conversación, un simple mensaje. "Recibir un "¿cómo estás?, o un "gracias por la discreción", hubieran sido más que suficientes para él.
"Incluso algo más práctico: "¿Qué necesitas para arrancar?", "¿Podemos ayudarte en algo en este nuevo comienzo?". Lo que Urdangarin se encontró tras su cautiverio fue la nada.
Eso le dolió. Tanto, que según desvela en su obra autobiográfica, le "oprimió el pecho".
Charla cordial
Pese a esa decepción, el exjugador de balonmano decidió dar el primer paso y hablar con el Emérito. Es la primera vez que el exjugador de balonmano rompe su silencio para describir cómo y cuándo fue este primer encuentro -hasta ahora secreto- entre suegro y yerno tras cumplir condena.
Hay que remontarse al 16 junio de 2023, en Ginebra. Diez años antes, La Caixa había enviado a la infanta Cristina a la ciudad suiza para coordinar los programas internacionales de su fundación con agencias de la ONU y otras organizaciones con sede allí.
La infanta Cristina junto a sus hijos, Irene y Miguel, entrando en el Four Seasons.
En realidad, su marcha era una de las tantas estrategias de Casa Real para mantener a la Infanta y a sus cuatro hijos alejados del foco y la presión mediática durante todo el proceso Nóos.
Ese 16 de junio, Irene Urdangarin (20), la hija pequeña de los ex duques de Palma, celebraba su graduación. Sus padres -Iñaki y Cristina ya divorciados-, sus hermanos, Juan Pablo y Miguel, y los reyes Juan Carlos y Sofía no quisieron perderse el gran día.
Tampoco su tía, la infanta Elena (62); sus primos, Froilán (27) y Victoria de Marichalar (25); y su abuela paterna, Claire Liebaert.
"Solicité hablar con Juan Carlos. Lo hice el día de la graduación de mi hija Irene en Ginebra, a la que había acudido parte de la Familia Real, incluido el Emérito".
"La charla fue, como siempre, educada y cordial, pero yo salí de su habitación del Four Seasons peor que entré, sin haber visto ni un atisbo de lo que me hubiera gustado encontrar".
Urdangarin salió con la sensación de que para Casa Real lo que había hecho él era ni más ni menos lo que se esperaba: aguantar y punto. A partir de ese momento comprendió que tendría que seguir su camino por su cuenta.
Iñaki Urdangarin junto a su madre.
"Me quedó clarísimo cuál era su plan. Y tuve clarísimo que no me quedaba más remedio que ponerme a trazar el mío por mi cuenta".
Cabe resaltar que cuando se produce esta conversación con el Emérito, Iñaki Urdangarin está ya más que fuera de la Familia Real. La graduación de su hija era el escenario donde coincidía por primera vez con la que había sido su familia política tras la publicación en enero de 2002 de sus fotos con Ainhoa Armentia.
Aquellas imágenes en una playa de Bidart precipitaron la ruptura matrimonial de Iñaki y Cristina.
Graduación
Tras la charla en la habitación del Four Seasons Des Bergues, comenzaron los festejos de la graduación. Primero, en la Escuela Internacional de Ginebra donde tuvo lugar la ceremonia en el campus de La Châtaigneraie.
El rey Juan Carlos I en Ginebra.
Juan Carlos y Sofía se sentaron justo enfrente de sus hijas y de sus nietos, mientras Iñaki ocupó una discreta segunda fila.
Después todos regresaron al exclusivo hotel para terminar en un acto privado con una cena familiar en el restaurante Il Lago. Las imágenes de ese día muestran la brecha entre Urdangarin y los Borbón.
No existe ni una sola fotografía de Iñaki junto a un miembro de la Familia Real. Tanto a la salida como a la entrada del hotel sale acompañado de su madre. En la cena sí estuvieron sentados todos en la misma mesa, pero manteniendo cierta distancia, según las crónicas de ese día.
Juan Carlos I e Iñaki no han vuelto a coincidir. El Emérito cumple con su exilio en Abu Dabi mientras Urdangarin pasa página en Vitoria.
