A los pies de la estatua del poeta Antonio Ribeiro, casi dando la espalda al café más famoso de Lisboa, se alza una puerta que esconde uno de los locales con más encanto de todo el Chiado: la Barbería Campos. Puertas con marcos de madera y baldosas de mosaicos dan la bienvenida al sorprendido visitante que decide franquear la entrada a uno de los establecimientos más antiguos de la zona y que, a priori, nadie imagina que tuvo como ilustre cliente a todo un rey.

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La barbería Campos sigue afeitando manualmente a la vieja usanza, tal y como pudo comprobar EL ESPAÑOL, recurriendo a la técnica de toda la vida: cuchilla y brocha en antiguos asientos de remates metalizados, tal y como sucedía con Juan Carlos de Borbón (79 años) cuando éste era asiduo durante la época en la que su padre, el conde de Barcelona, vivía su exilio en Portugal.

El peluquero posa mientras realiza su trabajo. L. F.

Los vecinos de la zona que alcanzan ya cierta edad aseguran que era frecuente ver al monarca emérito cuando sólo era un joven con ganas de verse guapo y pasarlo bien. Aunque su familia residía en Villa Giralda, una lujosa residencia ubicada en la zona alta de Estoril -que en la actualidad está ocupada por un nuevo propietario, según ha podido saber este medio-, el rey Juan Carlos recorría fácilmente los más de 25 kilómetros que separaban ambos lugares para renovar su imagen en la barbería.

Ya fuera para someterse a un simple corte de pelo (cuyo precio medio en este lugar ronda los 14 euros) o a un afeitado de barba (10 euros), el padre de Felipe VI (49) solía contratar con relativa frecuencia los servicios de los peluqueros de este local, que guarda en su interior pruebas documentales de las visitas de sus clientes más ilustres.

Así, al fondo de la zona de trabajo, presidida por varios lavaderos de piedra, se abre una puerta que da a una peculiar estancia que bien podría recordar a un museo. Las paredes están decoradas con recortes de periódico y diversas fotografías de todos aquellos famosos que en su día franquearon las puertas del cabeleireiro para retocar su estilismo. Entre ellos destaca el afamado escritor portugués Fernando Pessoa, cuya escultura preside la cafetería de enfrente (A Brasileira) o el rey Humberto II de Italia.

Juventud lusa

Aunque el rey Juan Carlos llegó a España siendo prácticamente un niño a fin de ser educado bajo el manto de Francisco Franco, lo cierto es que regresaba al país vecino durante las vacaciones escolares, por lo que de sobra conocidos son sus veranos en la costa de Estoril. Allí vivió sus primeros amores de juventud y allí disfrutó del sol y la diversión de lugares como la playa de Guincho, una de las más frecuentadas por el hijo del conde de Barcelona. No es de extrañar entonces que acudiera a esta barbería lisboeta para ponerse a punto de cara a aquellas noches de verano.

El rey Juan Carlos (dcha.) junto a su cuñado, Constantino de Grecia, en unas vacaciones. Gtres

Relación estrecha entre los dos países

Portugal y España han mantenido siempre una vinculación que va más allá de la mera proximidad geográfica. El exilio del conde de Barcelona afianzó, aún más si cabe, la estrecha amistad entre ambos países, una relación que dura hasta hoy. Tal es así que los reyes Felipe y Letizia (44) escogieron concienzudamente Portugal como destino de su primer viaje de Estado tras la formación del nuevo gobierno, a finales del año pasado. Los reyes de España visitaron, en noviembre de 2016, las ciudades de Oporto, Guimaraes y Lisboa, curiosamente la capital en la que tantas veces los peluqueros de la barbería Campos tomaron el pelo al monarca emérito hace varias décadas.