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El éxito puede cambiar con el paso de los años. Lo que en los primeros momentos de una carrera parece ser el principal objetivo puede terminar adquiriendo una importancia diferente después de décadas de trabajo.

Alejandro Amenábar conoce bien esa evolución. El director comenzó su trayectoria cinematográfica con una enorme ambición y con la intención de conseguir que sus películas conectaran con el público, pero el paso del tiempo también le ha enseñado a convivir con los resultados que no siempre cumplen las expectativas.

En una entrevista para Fotogramas, el cineasta ha echado la vista atrás y ha reflexionado sobre cómo ha cambiado su relación con el éxito, el fracaso y la necesidad de ganar. "El Alejandro de Tesis tenía mucha ambición y, sobre todo, ganas de tener éxito en lo que hacía", expresó al recordar al joven director.

Alejandro Amenábar El Hormiguero

Aquella ambición forma parte de sus primeros años en el cine, cuando conseguir sacar adelante sus proyectos y encontrar una respuesta positiva por parte del público tenía un peso especial. Sin embargo, tres décadas de trayectoria han modificado su manera de entender los resultados.

"Mantengo ese intento de conectar con el espectador, pero ya después de una carrera de 30 años inevitablemente convives con la desilusión, con el fracaso, a veces con el mal resultado", reconoció.

Para él, la experiencia no consiste únicamente en acumular éxitos, sino también en aprender a gestionar aquellas ocasiones en las que el resultado no es el esperado.

"Creo que convivir no solo con ganar sino a saber perder, que es algo que he aprendido con los años, es lo que le haría ver al Amenábar joven", explicó. Una reflexión dirigida, en cierto modo, al cineasta que comenzó su carrera con la energía y la ambición propias de quien todavía tiene todo por conquistar.

El director no reniega, sin embargo, de su carácter competitivo. Al contrario, reconoce que esa característica también ha formado parte de su recorrido y que luchar por conseguir los objetivos continúa siendo importante para él.

"Es bueno luchar, yo soy una persona muy competitiva", afirmó. La cuestión, según su reflexión, aparece cuando esa competitividad se convierte en una necesidad permanente de ganar. "Creo que obsesionarse con ganar siempre te conduce a una tristeza que no tienes manera de calmar", añadió.

Su visión actual se aleja así de una idea del éxito entendida únicamente como alcanzar una determinada meta. Después de más de 30 años de carrera, el director habla de la importancia de saber convivir con los buenos resultados, pero también con la desilusión y los trabajos que no obtienen la respuesta esperada.