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Carlos Areces cumple 50 años en un gran momento profesional. El actor, dibujante y humorista acaba de estrenar en Netflix la última temporada de Muertos S.L., la comedia creada por los hermanos Alberto y Laura Caballero que llega a Netflix para poner el broche a la historia de la funeraria Torregrosa.

Nacido en Madrid el 27 de marzo de 1976, Areces llegó a una familia que ya tenía dos hijos. Sus hermanos le sacaban 15 años, una distancia suficiente para que su infancia transcurriera más cerca del mundo de los adultos que del de otros niños.

"Mis padres ya tenían dos hijos, la parejita, y llegué yo. Me llevo 15 años con mis hermanos. Para cuando yo empezaba a tener uso de razón, mis hermanos ya eran prácticamente adultos con sus propias vidas".

"Crecí en una dinámica de hijo único, pasando muchísimas horas solo en mi habitación sin niños con los que jugar en casa", aseguraba en declaraciones a la revista Vanity Fair allá por 2015.

Aquellas horas de soledad acabaron siendo también horas de creación. Sin hermanos de su edad con los que compartir juegos, Areces encontró entretenimiento en el dibujo y en los tebeos. Y lo que empezó como una forma de pasar el tiempo terminó convirtiéndose en una vocación.

"La soledad de esa época fue el motor de todo lo que vino después. Cuando no tienes hermanos de tu edad a los que incordiar, te inventas tu propio entretenimiento. Yo me lo inventé con un paquete de folios y una caja de rotuladores", reconoció.

Los cómics fueron su otra gran compañía. La Escuela Bruguera, Mortadelo y Filemón y el humor gráfico alimentaron desde muy pronto una imaginación que acabaría trasladando a sus dibujos, sus personajes y, posteriormente, a la televisión.

Carlos Areces y Diego Martín son Dámaso y Chemi en 'Muertos SL' Netflix

"Devoraba cualquier cosa que tuviera viñetas. Mi infancia huele a papel de tebeo. Empecé dibujando para entretenerme a mí mismo, copiando a los grandes de Bruguera, y pronto me di cuenta de que crear historias era la forma más directa de construir un mundo a mi medida».

En el colegio, el dibujo dejó de ser únicamente un refugio y se convirtió también en una herramienta para relacionarse con los demás.

"En el colegio fui pasando por distintas fases: del niño tímido que se escondía detrás de sus dibujos al 'chistoso' de la clase. Descubrí muy pronto que el humor y saber hacer caricaturas de los profesores era una excelente moneda de cambio social y un escudo bastante eficaz".

Su humor, además, nunca fue demasiado convencional.

"En el colegio pasé del niño tímido que se escondía detrás de sus dibujos al 'chistoso' de la clase"

"El tipo de humor que me interesaba ya de crío no era el convencional. Siempre me atrajo un punto de lo macabro, de lo absurdo o de lo políticamente incorrecto. Los niños procesamos la realidad de forma muy cruda y yo prefería reírme de lo que asustaba".

Esa mirada hacia lo absurdo y hacia las contradicciones de los adultos también estuvo marcada por la separación de sus padres durante su infancia.

Carlos Areces en 'Rafaela y su loco mundo', de Atresplayer. Atresmedia

"La separación de mis padres en aquella época marcó la forma en que veía las dinámicas familiares. Había un contraste entre la vida gris cotidiana y el refugio absurdo que yo me montaba en mi cabeza. Esas vivencias te curten una mirada observadora, un punto satírica de los adultos».

Décadas después, aquella forma de mirar sigue muy presente en su trabajo. De los dibujos que hacía de niño a La hora chanante, Muchachada Nui y ahora Muertos S.L., Areces ha hecho carrera alrededor del humor y de una cierta manera de observar a los demás.