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A sus 60 años, consolidado como el rey indiscutible del prime time televisivo en España al frente de El Hormiguero, Pablo Motos no olvida de dónde viene.

Detrás de las cámaras, el éxito multimillonario y los focos se esconde una infancia humilde en Requena (Valencia) y una juventud convulsa que estuvo a punto de truncar su futuro.

Con el paso del tiempo, el presentador ha ido desgranando los pasajes más íntimos de su biografía, rindiendo un constante tributo a la memoria de sus padres, Pablo y Amelia, los verdaderos arquitectos de su resistencia.

Pablo Motos. Podcast

El legado de su padre

La cultura del esfuerzo que define hoy al presentador tiene una clara raíz paterna. A lo largo de los años, tanto en diversas entrevistas en prensa escrita como en confesiones espontáneas en el plató de Antena 3 con sus invitados, Motos ha rememorado los malabarismos económicos que hacían en su casa para salir adelante.

Así, ha abordado con orgullo el humilde origen de su familia: "Mi padre era un hombre humilde, vendía revistas de ganchillo y ropa por los pueblos. Yo iba con él desde muy pequeño a ayudarle a cargar las cajas. Me enseñó el valor del trabajo duro y de no rendirse jamás", recordó en su espacio.

Esa entrega diaria fue la mejor lección de vida que pudo recibir. "Mi padre era cocinero de hospital y por las tardes vendía lo que podía. No teníamos dinero, pero nunca nos faltó de nada básico porque él trabajaba 16 horas al día. Para mí, mi padre era un héroe invencible", ha confesado.

Lo cierto es que son muchas las ocasiones en las que ha recordado la figura de su progenitor, a quien dedicó un emotivo arranque en directo en El Hormiguero tras su fallecimiento en 2016.

Pablo Motos. GTRES

Su madre, "la Sole"

Si su padre representaba la disciplina, su madre, Amelia Burgos, encarnaba el genio y el refugio.

Los espectadores de El Hormiguero la conocían bien: entre 2011 y 2018, Amelia se convirtió en una colaboradora involuntaria del programa gracias a las llamadas telefónicas en directo que le hacía su hijo, donde encandiló a la audiencia bajo el cariñoso apodo de "La Sole".

"Mi madre era un personaje fascinante, tenía una chispa increíble. Cuando la llamaba por teléfono en directo en el programa, la gente la adoraba porque era completamente auténtica, no tenía filtro ninguno", ha evocado el comunicador al hablar de esas intervenciones televisivas que se ganaron el afecto del público hasta la muerte de Amelia en 2018.

Pero más allá del show televisivo, Amelia fue el sostén emocional del comunicador cuando peor iban las cosas.

En los momentos más oscuros de su juventud, su figura fue determinante: "Cuando fui un gamberro de joven y metí la pata mil veces, mi madre fue la que siempre estuvo ahí creyendo que yo podía salir adelante, incluso cuando ni yo mismo creía en mí", ha subrayado.