La polifacética Inés Hernand se pone al frente de Ordena tu vida, el nuevo formato del prime time de La 1 que adapta el exitoso formato británico Sort Your Life Out.
Producido por RTVE en colaboración con Lavinia Audiovisual (El comodín de La 1), el programa combina organización, transformación del hogar e historias personales.
En cada entrega, una familia abre las puertas de su casa y afronta un reto: vaciar su hogar para reorganizarlo y desprenderse de lo que ya no utilizan.
"No mostramos pobreza extrema, sino los malabares cotidianos de cualquier familia española", dice Inés Hernand, dispuesta a hacer cualquier formato. "Me quedan más de tres décadas de vida laboral", recuerda.
La presentadora, además, asegura que quiere seguir formando parte de RTVE y que no le preocupa que haya un cambio en el Gobierno que la pueda expulsar: "Mi obligación es hacer bien mi trabajo".
¿Qué pensaste cuando te llegó la propuesta, porque es muy diferente a todo lo que has hecho hasta ahora?
Me hizo muchísima ilusión. Era una gran oportunidad para seguir creciendo como presentadora y, además, soy una apasionada de este tipo de formatos.
He crecido viendo programas de reformas, así que era un proyecto casi soñado.
Cuando descubrí la versión de la BBC de Sort Your Life Out, entendí que no iba solo de transformar una casa, sino de ayudar a las familias a desprenderse de lo que ya no necesitan y revisar los recuerdos ligados a sus objetos. Ese componente humano fue lo que más me conquistó.
¿Eres un poco como Chicote, que llega y pone todo patas arriba?
No, para nada. Aquí nadie va dejando en evidencia a nadie. Además, desde el principio se ha evitado tratar casos relacionados con patologías como el síndrome de Diógenes. Lo que mostramos es algo que representa a muchísima gente. Todos acumulamos cosas y convivimos con ese tipo de situaciones.
Inés Hernand es la presentadora de 'Ordena tu vida'.
¿Cómo son las familias que aparecen en el programa?
Muy diversas, pero muy reconocibles. Hay familias ensambladas, personas divorciadas, hogares con niños con diversidad funcional, varias generaciones conviviendo, jóvenes que comparten piso o familias de origen migrante.
En definitiva, perfiles muy distintos que reflejan situaciones cotidianas con las que cualquier espectador puede sentirse identificado. Para ser solo seis programas, creo que el casting está muy bien elegido.
¿El problema de la vivienda aparece en Ordena tu vida?
Constantemente. La mayoría de las casas que visitamos están en la periferia porque cada vez vive menos gente en el centro de Madrid.
Entrevistamos a jóvenes que comparten piso y cuentan una realidad muy común: una chica paga 400 o 450 euros por una habitación en la que casi puedes tocar las dos paredes con los brazos.
Cuando tienes hijos, muchas veces acabas renunciando al centro para ganar metros y te vas a municipios o barrios periféricos. Es una realidad que viven muchísimas familias.
"No mostramos pobreza extrema, sino los malabares cotidianos de cualquier familia española"
¿Cómo habéis evitado caer en la romantización de la precariedad?
Porque el programa no va de eso. No muestra situaciones de pobreza extrema, sino los malabares cotidianos de cualquier familia española: gente que se levanta a las siete, trabaja todo el día, lleva a los niños al fútbol, organiza una barbacoa o resuelve mil imprevistos. Es esa sensación de ir siempre con el agua al cuello.
Pero también descubres algo muy bonito: todo el mundo tiene un refugio, un hobby o una pasión.
¿Os habéis encontrado objetos especialmente curiosos?
Sí, muchísimos. Nos hemos encontrado desde dentaduras hasta cordones umbilicales guardados durante años.
También muchas fotos y objetos que hablan de cómo hemos cambiado como sociedad. Antes acumulábamos más recuerdos físicos y ahora los jóvenes guardan más ropa y menos objetos. Las casas son una radiografía de cada época.
Inés Hernand en un evento de RTVE.
¿Y tú qué eres incapaz de tirar?
Libros, sobre todo. Tengo bastantes libros en papel. Ropa, en cambio, no acumulo demasiada porque, al trabajar en televisión, muchas veces la ropa es prestada y luego se devuelve.
También influye que me he mudado trece veces en mis 34 años. Son muchísimas mudanzas y eso acaba cambiando tu relación con las cosas.
¿Llegaste a rescatar algún objeto de los que las familias iban a tirar?
Sí. Me llevé un libro sobre la emperatriz Sissi que me recordó muchísimo a uno que tenía mi abuela y que desapareció hace años.
"Me he mudado 13 veces en 34 años y eso cambia tu relación con los objetos"
¿Qué te queda por hacer en Televisión Española? Has cocinado, has cantado, ahora ordenas casas...
Tengo 34 años y, si todo va bien, me quedan más de tres décadas de vida laboral.
Estoy abierta a casi cualquier formato. ¿Un programa de circo? Adelante. ¿Uno sobre cómo elegir kiwis? También. ¿Uno de perros, de gatos...? Lo que sea. Me encanta probar cosas nuevas.
Pero si pudieras elegir, ¿qué formato te gustaría presentar?
Un programa de viajes. Me encantan los road trips, descubrir sitios y contar historias desde un punto de vista un poco más alternativo o underground.
La televisión generalista te permite llegar a un público enorme, pero a veces echo de menos ese punto más gamberro o experimental que sí tienen los formatos digitales. Me gustaría encontrar un proyecto que mezclara ambas cosas.
¿Y un reality sobre tu vida, al estilo Alaska y Mario?
Mi vida no es tan interesante como para hacer un reality. Ahora bien, sí me divertiría mucho un programa en el que juntaran a personas muy distintas y nos enviaran a recorrer el mundo o a enfrentarnos a diferentes retos.
Me encantan los realities, aunque no sé si me veo pasando dos meses y medio subida a un autobús recorriendo medio país.
Inés Hernand junto a Jesús Vázquez y Javier Ambrossi en el Benidorm Fest.
¿Te preocupa que un futuro cambio de gobierno pueda afectar a tu continuidad en RTVE, teniendo en cuenta que en ocasiones te has posicionado públicamente?
La verdad es que no. Ya considero un éxito despertarme cada mañana y seguir trabajando en algo que me gusta. Los cambios forman parte de cualquier profesión y en televisión hay relevos constantemente.
Pero no vivo con ese miedo. Mi obligación es hacer bien mi trabajo y, si un día no es aquí, será en otro sitio.
Ahora mismo creo que RTVE está viviendo un momento muy interesante y me gustaría seguir formando parte de él, pero las carreras profesionales evolucionan.
"Ahora mismo RTVE está viviendo un momento muy interesante y me gustaría seguir formando parte de él"
Si algún día tuvieras que dejar la televisión, ¿te costaría asumirlo?
En absoluto. Llevo trabajando desde los 16 años y he hecho de todo: he amasado pizzas, he limpiado casas, he trabajado de jardinera... Si hiciera falta volvería a hacerlo.
No tengo ningún problema en empezar otra vez desde otro lugar. Quedan muchos años por cotizar y uno tiene que estar preparado para reinventarse cuando haga falta.
Manu Sánchez contó hace poco que desde que trabaja en RTVE ha recibido amenazas de muerte. ¿Tú también has vivido situaciones parecidas?
Sí, claro. Cuando tienes exposición pública acabas recibiendo mensajes desagradables. Lo importante es tener claro quién eres, rodearte de gente que te quiere y ser coherente contigo misma.
También ayuda cuidar la salud mental, tener una vida fuera de las redes y no convertir esos comentarios en el centro de tu existencia.
Inés Hernand, María Patiño, Aitor Albizua y Belén Esteban, rostros de 'La familia de la tele'.
¿Te sorprende que determinadas posiciones generen tanta hostilidad?
A veces sí, porque creo que hay cuestiones que no deberían convertirse en motivo de confrontación. Hay personas a las que se presenta como grandes referentes ideológicos cuando, en realidad, defienden cosas muy básicas.
Creo que deberíamos rebajar el nivel de crispación: vivimos en una democracia y eso implica convivir con quien piensa distinto.
¿Lees los insultos o las críticas en redes sociales?
No especialmente. Claro que llegan mensajes del tipo "te pago con mis impuestos", las "rodilleras de Sánchez" y cosas parecidas, pero no creo que representen a la mayoría.
No me paso el día buscando qué dicen de mí en internet; sería una forma rápida de perder la cabeza. Hay que relativizarlo y no darle más importancia de la que tiene.
"La vida no cabe en un corte de 30 segundos. Es fácil sacar conclusiones equivocadas"
¿Crees que mucha gente tiene una imagen distorsionada de quién eres realmente?
Sí, puede pasar. Si alguien solo ve un corte de treinta segundos en redes sociales, es fácil sacar conclusiones equivocadas, pero la vida no cabe ahí. Los temas complejos necesitan contexto, tiempo y ganas de escuchar.
Creo que tenemos que fomentar el espíritu crítico, leer más y rebajar la tensión. Nos guste o no, tenemos que convivir con quien piensa distinto.
A veces la gente descarga su frustración contra alguien que sale en televisión, pero aprendes a relativizarlo.
¿Siempre has llevado así de bien las críticas o es algo que has ido aprendiendo?
Se aprende, claro. Gestionar la exposición pública y el odio en redes forma parte del oficio. También ayuda haber trabajado con personas muy diferentes.
Al final, cuando compartes espacio con alguien, discutes, te reconcilias y vuelves al día siguiente a trabajar, entiendes que convivir es parte de la vida. Cuanto antes aprendas eso, mejor.
"Muchas dinámicas que antes se criticaban en 'Sálvame' hoy están presentes en la política"
Ahora que ha pasado un año desde La familia de la tele. ¿Qué aprendizaje te dejó?
Muchísimo. Creo que existe cierto prejuicio hacia el entretenimiento y, en concreto, hacia todo lo que se asocia con Sálvame.
Lo curioso es que muchas dinámicas que antes se criticaban en esos programas hoy están presentes en otros ámbitos, incluida la política. A veces se juzga con una vara distinta según el género televisivo.
El programa no funcionó como se esperaba.
Y eso también forma parte de la televisión. Puedes poner mucho esfuerzo, tener un equipo extraordinario y disfrutar haciéndolo, pero al final decide la audiencia.
Yo me lo pasé muy bien y trabajé con compañeros increíbles, pero si el público dice que no, hay que aceptarlo. La televisión cambia constantemente y hay que asumirlo con naturalidad.
