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Juan Carlos Rivero se ha convertido en una de las voces más reconocibles de RTVE y las grandes noches del deporte español llevan su sello.

Sin embargo, mucho antes de narrar los éxitos del deporte español, el periodista fue un niño que creció entre calles sin asfaltar en el madrileño barrio de Usera, al sur de la capital.

"Iba a un colegio que se llamaba Colegio Latino. Era un barrio humilde", aseguró Rivero en el pódcast Gracias por venir, de Siro López.

El periodista nació en Madrid en 1961 y pasó su infancia en este distrito obrero que, durante los años sesenta y setenta, acogía a miles de familias llegadas de distintos puntos de España en busca de un futuro mejor.

Ese Usera poco tenía que ver con el actual: "Vivía en Almendrales, que era uno de los típicos barrios que en la época de Franco de construcción de viviendas primero se construía la casa y luego se urbanizaba. La casa estaba hecha, pero salíamos y era barro por todos lados. Jugábamos al fútbol en el barro".

A pesar de las dificultades, guarda un recuerdo positivo de aquellos años. "Era gente trabajadora, gente que en la mayoría de los casos venían de fuera de Madrid. (...) Era un barrio particular, pero yo nunca me sentí inseguro".

El sacrificio también marcó el ambiente familiar. "Mi padre era ferroviario y luego además trabajaba en una tienda de electrodomésticos. Tenía dos trabajos", explica.

Juan Carlos Rivero narra en TVE los partidos del Mundial acompañado de Vero Boquete y Mario Suárez. Captura TV

Una realidad habitual en la España del desarrollismo, cuando el pluriempleo era la fórmula para mejorar la economía doméstica.

La tienda en la que trabajaba coincidió, además, con el auge de los electrodomésticos, símbolo de la modernización de los hogares españoles.

"Luego acabó dejando la RENFE porque lo de los electrodomésticos fue un boom, no tanto para él como para los dueños. Fue un boom cuando nadie tenía plancha, televisor...".

"Era muy estudioso"

Rivero también se define como un niño muy distinto a sus hermanos. "Yo era el tímido y el prudente de tres hermanos. Era como muy responsable".

Mientras otros destacaban por su carácter inquieto, él sobresalía por los estudios. "De los tres hermanos no suspendía nunca. Era el que estudiaba. (...) Se me daba bien casi todo, era muy organizado en el colegio, muy estudioso y muy responsable".

Solo la Selectividad logró ponerle contra las cuerdas. "Me puse muy nervioso, suspendí en junio y me tuve que examinar en septiembre y aprobé".

Aunque su padre soñaba con verlo vestido con una bata blanca, el futuro del joven estaba lejos de la Medicina.

"Mi padre todo su empeño es que yo fuera médico porque su padre había sido médico. Le dije: 'A mí lo que realmente me gusta es ser periodista'. Y me dijo: 'Bueno, vale. Eso lo haces por las tardes".

Curiosamente, tampoco imaginaba que acabaría ligado al deporte. "Yo no me quería dedicar a deportes, a mí me gustaba mucho la actualidad".

Sin embargo, las narraciones improvisadas de los partidos de hockey (como juego de mesa) de sus hermanos despertaron una vocación que terminaría llevándole a convertirse en una de las voces imprescindibles del deporte en televisión.