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Detrás de los focos, el glamour y la mirada felina que la convirtió en uno de los rostros más magnéticos de la televisión en España, Hiba Abouk (39 años) custodia una encomiable historia de supervivencia.

Quienes esperan su participación en la nueva entrega de Universo Calleja se encontrarán con una de las confesiones más crudas, humanas y valientes de la temporada.

Durante su visita a China, antes de fundirse con el bullicio del barrio musulmán de Xi'an junto al resto de sus compañeros de expedición (Arancha Sánchez Vicario, IlloJuan, Gorka Otxoa, Lola Lolita y Sofía Surferss), la actriz ha hablado de algunos de los episodios más adversos de su vida con Jesús Calleja.

Así, lo que comenzó como una charla terminó mutando en un testimonio de enorme valor social y emocional.

Sin ánimo de entrar en la autocompasión, la intérprete ha desnudado por primera vez el monstruo que habitó en su hogar durante su niñez: el alcoholismo de su padre.

La historia de la familia Abouk en España comenzó como el clásico relato de fascinación de quienes proceden de un país extranjero y anhelan una vida mejor.

Sus padres llegaron a Madrid en 1976. "Mi padre llega a trabajar ya. Es un hombre con un espíritu muy abierto y le gustaba mucho Europa. Le encantaba Madrid, llegó y se enamoró de la ciudad", ha rememorado la actriz con una sonrisa melancólica.

De origen muy humilde pero dotado de un olfato innato para las finanzas, su progenitor prosperó rápidamente en la capital como bróker. Llegó a amasar una considerable fortuna, pero el destino, o más bien los demonios personales, le tenían preparada una emboscada.

De la prosperidad al abismo económico

Cuando Hiba era apenas una niña, el alcohol dinamitó el negocio, el estatus y la paz familiar. Su padre se quedó sin empleo y, preso de su adicción a la bebida, perdió cantidades ingentes de dinero.

"Es un tema un poco tabú. No se sabe muy bien por qué se arruinó, pero se arruinó. Mi padre era alcohólico. Todo junto, todas esas circunstancias juntas...", ha recordado. "Perdió el trabajo, perdió mucho dinero".

"Entonces yo era pequeña, tenía ocho años", añadía. "Tener una persona con alcoholismo en casa es complicado", ha confesado ante un Calleja que asistía estupefacto al relato. "Es algo muy complicado. Destroza en muchos aspectos a la familia", sentenció, resumiendo en una frase el dolor de miles de hogares que conviven en silencio con la adicción.

Hiba Abouk, en el Festival de Cine de San Sebastián 2025. GTRES Gtres

El revés obligó a una reestructuración forzosa y dolorosa. Su madre, que jamás había ejercido actividad laboral alguna, tuvo que salir a la calle a buscar sustento para sacar adelante a sus cuatro hijos.

El intento de mantener el nivel de vida previo fue estéril. La precariedad llamó a la puerta con tal contundencia que la propia Hiba se vio obligada a madurar a marchas forzadas.

Con solo 15 años comenzó a trabajar para arrimar el hombro en la economía doméstica. "Me estoy quedando petrificado", acertó a articular el presentador leonés, conmovido ante la fortaleza de aquella adolescente obligada a ser adulta antes de tiempo.

En mitad de aquel entorno hostil, donde el dinero escaseaba y la tensión vecina al alcoholismo lo inundaba todo, Hiba Abouk encontró un oasis. El azar le ofreció un salvoconducto. Su colegio ofrecía actividades extraescolares, y solo una de ellas tenía carácter gratuito: el teatro.

"Me apunté. Entonces ahí flipé porque me encantaba memorizar los textos, subir al escenario… Y cuando me subía al escenario era muy terapéutico, me olvidaba de absolutamente todo", recordó emocionada.

Las tablas no fueron inicialmente una ambición de fama, sino un refugio psicológico. El único espacio donde Hiba dejaba de ser la hija de un hogar roto para convertirse en quien ella quisiese ser. Aquella válvula de escape sembró la semilla de una vocación que, años más tarde, la terminaría encumbrando como una de las actrices más aclamadas del sector audiovisual.

El valor del testimonio de Hiba Abouk en Universo Calleja no reside únicamente en la valentía de verbalizar el trauma del pasado: también en la generosidad de compartir su presente.

El alcoholismo es una enfermedad de aliento largo. Una sombra que persigue a las familias durante décadas. En su caso, tras años de momentos complejos, por fin se arroja algo de luz sobre las personas a las que quiere.

Su padre, según reveló, lleva un año sin beber. Un broche de esperanza y redención para una historia marcada por las cicatrices, pero gobernada, por encima de todo, por la resiliencia.