Marco Almodóvar
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Mucho antes de convertirse en uno de los periodistas más conocidos de la televisión española, Jesús Cintora creció en un entorno muy distinto al que hoy ocupa.

Nacido en Ágreda, Soria, a los pies del Moncayo, pasó su infancia en la España rural de los años 70 y 80, una etapa marcada por la austeridad, el trabajo y una libertad que, con el paso del tiempo, recuerda con cariño.

El presentador de Malas lenguas nunca ha ocultado sus orígenes. De hecho, considera que fueron precisamente aquellos años los que moldearon su forma de entender la cultura del esfuerzo y el valor del trabajo.

"Mi infancia consistió en ir muchas horas con mi padre en el camión y ayudar a mi abuelo que era albañil", decía en una entrevista concedida a EL ESPAÑOL años atrás.

"Era aplicado en la escuela, pero el tiempo libre, más allá de la infancia en el pueblo que no la cambio por 20 parques de atracciones y 50 consolas, era de bastantes horas de camión y mucho trabajo en casa, especialmente en los veranos. Se trabajaba bastante a pesar de las buenas notas".

Aunque no soñaba con ser periodista, reconoce que terminó interesándose por la profesión gracias a su hermano mayor, que leía mucha prensa deportiva. En el camión de su padre, además, la radio estaba siempre encendida con Antena 3 de fondo.

Su progenitor -también se llama Jesús- compaginaba el trabajo como ganadero con el transporte, por lo que Cintora se familiarizó desde muy pequeño con los viajes en camión, las madrugadas y las largas jornadas laborales.

Jesús Cintora, presentador de 'Malas lenguas'. RTVE

Al mismo tiempo, ayudaba a su abuelo, peón de albañil, una experiencia que le permitió conocer desde niño el valor del trabajo físico.

No es casualidad que, años después, recurra con frecuencia a la metáfora de la construcción para explicar su trayectoria profesional: antes de llegar a ser "oficial de primera" hay que empezar desde abajo, picando mucha piedra.

"Si he llegado hasta aquí es porque he currado mucho desde que era pequeño, también he trabajado en la agricultura, en la ganadería...", dice.

A esa cultura del esfuerzo se sumaban unas condiciones de vida marcadas por la austeridad y la ausencia de muchas comodidades.

"Mi madre calentaba el agua en una lata de conservas para bañarnos porque en casa no había agua caliente, ni lavadora, ni frigorífico, ni ducha", decía en otra entrevista para este periódico.

"Nos bañaba en la misma pila en la que luego fregaba los cacharros".

El nieto de 'La Milagros'

Aquella madre, Mari Luz, ama de casa y sostén de la familia, se convirtió en uno de sus principales apoyos, especialmente durante los momentos más complicados de su carrera televisiva.

Años después, aquel joven que todavía sigue siendo en su pueblo "el nieto de La Milagros, la carrasca", fallecida a los 95 años en 2020, dio el paso que cambiaría su vida.

"Vengo de esa España que se esforzó y trabajó un montón para vivir dignamente, y eso no se me quita. Un día cogí un tren para irme a estudiar a Pamplona y elegí el periodismo", asegura el que fuese también rostro de Las mañanas de Cuatro.