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Hay personas a las que vemos cada día. Nos topamos con ellas en la calle, a las puertas de un supermercado, en la boca del metro o bajo el soportal de un local cerrado.

Con tan solo un pestañeo nos percatamos de inmediato de que se resguardan del frío, del calor o de la lluvia. Que no tienen otro sitio donde ir. Sin embargo, permanecen invisibles a nuestros ojos.

Caminamos a su lado, evitamos cruzar la mirada y pasamos de largo, como si no hubiéramos visto a nadie. O lo que es peor: como si no existieran.

Precisamente esa indiferencia es la que pretende cuestionar Invisibles, el documental escrito y dirigido por Daniel Landa que da voz a diez personas que viven -o han vivido- en la calle para contar cómo llegaron hasta allí y recordar una realidad incómoda: cualquiera de nosotros podría acabar en su misma situación.

La cinta, que se estrenó el pasado 15 de junio en el Cine Paz de Madrid en una proyección solidaria cuya recaudación, 4.850 euros, se destinó íntegramente a Hogar Sí, Mensajeros de la Paz y Bocatas, nace con un objetivo muy claro. No busca despertar la compasión, sino cambiar la forma en la que la sociedad mira a las personas sin hogar.

"La finalidad del documental no es erradicar la pobreza porque eso no está en nuestras manos, pero sí conseguir que el espectador no vuelva a mirar a una persona sin hogar de la misma manera", explica Virginia Salinero, productora del proyecto audiovisual, en conversación con El Español.

Más que un techo

Uno de los grandes aciertos del documental es desmontar la imagen preconcebida que suele existir sobre quienes viven en la calle. "Existe la idea de que todas estas personas tienen problemas de drogas o enfermedades mentales, y no es así", explica la productora.

Durante meses entrevistaron a personas con historias completamente distintas. Algunos perdieron el trabajo, otros se quedaron sin apoyos familiares y hubo quienes, tras una sucesión de desgracias personales, acabaron sin recursos para pagar un alquiler.

"No fue nada fácil encontrarlas. No se trataba de hacer un casting, sino de conocer qué sentían, qué les había ocurrido y cómo habían llegado hasta ese punto", dice.

El documental recoge historias tan diferentes como duras. Como la de un hombre que, tras perder su empleo y quedarse completamente solo, decidió marcharse a vivir a la calle porque sentía que era la única opción que le quedaba.

O la de una mujer argentina que consiguió salir del sinhogarismo gracias al apoyo de distintas entidades sociales. O la de un venezolano que, después de perder una pierna, verse perseguido políticamente en su país y arruinarse por completo, terminó consumiendo drogas antes de reconstruir su vida. Hoy trabaja como coach motivacional y ayuda a otras personas a salir adelante.

Otro de los testimonios más llamativos es el de un ciudadano ruso que prefiere dormir en la calle en España antes que regresar a su país, donde la homosexualidad está perseguida.

Historias muy distintas que comparten un mismo denominador común: detrás de cada persona sin hogar existe una biografía que pocas veces es contada.

De ahí que sea tan importante tener en cuenta que, cuando nos cruzamos con una persona sin hogar, "no son muebles ni objetos inertes". Y que "hay muchas desgracias y mucha gente atravesando situaciones muy difíciles, pero siguen siendo personas como cualquiera de nosotros."

Cartel del documental 'Invisibles', escrito y dirigido por Daniel Landa. Cedida.

"La calle lleva a las drogas, no al revés"

Otro de los estigmas que más quiere subrayar Virginia Salinero es que las adicciones no siempre son el origen del problema de quienes acaban viviendo en la calle.

"Muchas veces es la calle la que acaba llevando a las drogas o al alcohol, no al revés. Cuando una persona sufre tanto, económicamente o emocionalmente, muchas veces recurre a las drogas o al alcohol para evadirse. Necesitan entrar en calor, soportar el miedo o simplemente escapar de una realidad durísima", subraya.

Según explica, la mayoría de las personas que aparecen en Invisibles gozaban de una vida convencional antes de quedarse sin hogar. "Muchos de ellos tenían trabajo, una vida completamente normal y, por distintas circunstancias, han terminado viviendo en la calle. Es algo que le puede pasar a cualquiera".

Los datos respaldan esa percepción. Un estudio de Cruz Roja recoge que el 66 % de las personas sin hogar atendidas ha tenido previamente vivienda y empleo.

Además, el documental recuerda que el 42 % asegura sentirse abandonado y que aproximadamente una de cada cuatro ha llegado a intentar quitarse la vida.

Forograma del documental 'Invisibles'. Sierralta TV.

Un problema en aumento

El estreno de Invisibles coincide con un momento especialmente delicado. Tras la pandemia, el número de personas sin hogar ha seguido aumentando.

Solo en Madrid fueron localizadas en 2023 casi 3.000 personas en esta situación y alrededor de 650 dormían directamente en la calle. En toda España, las organizaciones sociales estiman que entre 30.000 y 40.000 personas carecen de un hogar estable.

Para Salinero, el aumento de la precariedad económica hace que la distancia entre una vida aparentemente estable y la exclusión social sea mucho menor de lo que solemos imaginar.

"Los trabajadores sociales explican algo muy revelador: si a cualquiera de nosotros nos ocurrieran dos acontecimientos muy duros en poco tiempo, probablemente lo pasaríamos muy mal. Muchas de las personas que viven en la calle han sufrido cinco o seis tragedias consecutivas y, además, sin una red familiar que pudiera sostenerlas".

Una persona sin hogar en una calle de Sevilla. E.P.

El caso de las mujeres

Cabe hacer un inciso. Aunque el documental recoge un total de 10 testimonios, "solo aparece una mujer porque ellas no quieren contar las historias tan duras que han vivido".

Según Salinero, la realidad femenina del sinhogarismo permanece aún más oculta: "Para muchas mujeres es un riesgo vivir en la calle, pero también lo es ir a un albergue."

El miedo a que les pase algo hace que muchas prefieran permanecer ocultas. "Prefieren dormir en la calle antes que ir a un albergue porque allí pueden sufrir robos o incluso agresiones sexuales", destaca Virginia Salinero.

Mención aparte merece también el caso de las familias. Padres con sus hijos que se ven obligados a dormir a la intemperie por falta de recursos.

"Estamos viendo cómo los comedores sociales vuelven a llenarse de familias. Hay muchas personas que trabajan, tienen hijos y aun así atraviesan enormes dificultades económicas", recuerda la productora de Invisibles.

Una persona durmiendo en la calle en Barcelona. Kike Rincón / Europa Press

"Basta con mirarles a los ojos"

A lo largo del documental aparece repetidamente una palabra: aporofobia, el rechazo o desprecio hacia las personas pobres.

Para Virginia Salinero, combatir esa discriminación empieza con un gesto aparentemente sencillo.

"No siempre hace falta darles dinero. Basta con mirarlos a los ojos, saludarlos, mantener una conversación o no apartar la mirada. Así dejan de sentirse como un mueble y vuelven a sentirse personas."

Ese cambio de mirada es precisamente el efecto que, asegura, está provocando la película entre quienes ya han visto el documental. "Muchísima gente nos dice al salir que ya no volverá a pasar por delante de una persona sin hogar sin detenerse, al menos, a mirarla", cuenta Salinero.

Un hombre durmiendo en un banco de la zona E. E.

También hay esperanza

Aunque Invisibles muestra historias muy duras, también deja espacio para el optimismo.

Desde que comenzó el rodaje, varios de sus protagonistas han conseguido abandonar la calle y acceder a una vivienda gracias al trabajo de organizaciones sociales.

"Claro que se puede salir", afirma Salinero. "Depende mucho del momento en el que se encuentre la persona y del apoyo que reciba. Hay quienes logran reinsertarse laboralmente y otros que necesitan simplemente ser cuidados con dignidad".

La productora insiste en que el acompañamiento resulta fundamental y destaca la labor que realizan entidades como Hogar Sí o Mensajeros de la Paz para ofrecer alojamiento temporal, alimentación, atención social y oportunidades laborales.

El siguiente paso: llegar a colegios y plataformas

Tras el estreno solidario, el equipo de Invisibles trabaja ahora para ampliar la difusión del documental.

A día de hoy mantienen conversaciones con distintas plataformas de streaming para hacerlo llegar al mayor número posible de espectadores y defienden que también debería proyectarse en centros educativos.

Su idea es que algunos de los protagonistas que han logrado salir de la calle puedan compartir su experiencia directamente con los alumnos.

Porque, como resume Virginia Salinero, el mayor logro del documental no sería únicamente dar visibilidad al problema del sinhogarismo.

Se trata de conseguir que, la próxima vez que alguien se tope con una persona durmiendo en un portal, deje de verla como parte del paisaje y recuerde que, detrás de esa manta, hay un nombre y una vida que merece ser escuchada.

"Incluso quienes ya no pueden reincorporarse al mercado laboral merecen respeto. Ese es el gran mensaje del documental: míralos con humanidad porque esa situación también podría ocurrirte a ti", zanja.