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A sus 56 años, José Andrés sigue manteniendo intacta la misma energía y humanidad que un día le impulsaron a cambiar las cocinas por los escenarios más complejos del planeta.

De visita en España, con motivo del premio 'Personaje del Año 2026' que le ha entregado Vanity Fair, el célebre chef asturiano ha acudido recientemente al plató de El Hormiguero. Un galardón que reconoce una trayectoria profesional y filantrópica que le ha consolidado como uno de los españoles más influyentes y admirados del mundo.

A pesar de los honores, el cocinero expresó que la fama no ha borrado sus raíces ni la humildad que le acompañan desde la cuna. "Mi mejor premio es cuando hago algo como padre o como marido, y mi mujer me da un beso o me guiña un ojo", sentenciaba.

José Andrés. GTRES

Hijo de enfermeros

En su charla con Motos, José Andrés conversó sobre el reconocimiento que acaba de recibir.

Y aclaraba que "el premio no es a mí, es a toda la gente que hace cada día lo imposible en organizaciones como World Central Kitchen. Es por eso que estos premios me dan un poco de pudor. Todos somos lo que somos gracias a la gente que tenemos alrededor", confesó.

Fue tras el devastador terremoto de Haití, en 2010 cuando el cocinero decidió fundar WCK, que se ha convertido en un gigante de la ayuda humanitaria. La entidad actúa con una agilidad pasmosa ante cualquier crisis global.

"Es una organización joven. La componemos unas 200 personas, que ayudamos y damos de comer en catástrofes y emergencias, y lo bueno es que somos capaces de crecer muy rápido en situaciones de emergencia gracias a los locales, a las personas del propio lugar".

Formada por una estructura fija, el secreto de su éxito radica en la confianza mutua con las comunidades locales. Con la vista puesta en emergencias complejas, José Andrés explicó el modus operandi de la organización: "Ya conocemos el terreno, ya tenemos gente que forma parte de nuestros sistemas (...). La emergencia no es mañana, es ayer".

"Si además de dar de comer al que lo necesita, puedes generar economía local, contratando a gente de allí con un salario digno para que forme parte de tu organización, duplicas el valor de la ayuda", destacaba.

Lo cierto es que valores como la cooperación y la solidaridad es algo que aprendió desde la cuna. En una conversación en el podcast del actor y humorista Hasan Minhaj, desveló que se pasó gran parte de su niñez viendo cómo sus padres daban el todo por el todo para ayudar a los demás.

"Mi madre era enfermera y mi padre también. Muchas veces esperábamos en la sala de urgencias del hospital a que terminaran su turno", relataba.

El chef José Andrés. Imagen de archivo

Un consejo para emprendedores

Aquella experiencia fue una de las mayores lecciones que recibió sobre la capacidad de entrega de sus progenitores: "Me fascinaba ver a los médicos y enfermeras trabajar, ver cómo ayudaban a la gente que llegaba en ambulancia. Para mí, eso fue un ejemplo muy potente de bondad".

En su casa no sobraban los metros cuadrados, pero siempre hubo espacio para todos.

"Vivíamos en un primer piso con un medio patio, casi sótano, un poco de césped que plantaba mi padre y una pequeña cocina que teníamos. En el comedor apretaban tanto como podían, y metían a 12 ó 14 personas, pero bien apretados", desveló en el pódcast Gastroser, de la Cadena Ser.

Aquella lección de entrega familiar pavimentó el camino hacia lo que hoy es su mayor orgullo: la ONG World Central Kitchen (WCK). Un proyecto que sigue siendo una realidad gracias al tesón heredado de sus padres.

En ese sentido, a los jóvenes que sueñan con seguir sus pasos en el sector de la restauración, el chef ha recordado el valor de una célebre cita de Winston Churchill en su visita a El Hormiguero: "El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo".

Asimismo, aportaba una dosis de realismo empresarial vital para los tiempos que corren: "También recomiendo saber algo de negocios para que ese sueño no se convierta en pesadilla".