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Óliver Laxe nació en París hace 43 años, pero sus padres, gallegos, decidieron regresar a Galicia cuando era un niño. Ese regreso marcaría su identidad.

Aunque durante un tiempo estudió Publicidad en A Coruña, pronto entendió que su camino estaba en el cine y se trasladó a Barcelona para formarse.

Su andadura profesional comenzó en Londres, donde rodó su primer cortometraje, y continuó en Tánger, escenario de sus dos siguientes trabajos.

El gallego Óliver Laxe en los Premios Feroz 2026. Mauro Picatoste

Sin embargo, más allá de su biografía internacional, Laxe se siente profundamente vinculado a Os Ancares, la comarca montañosa de Galicia con la que se identifica emocionalmente.

"Mi sensibilidad, energía, fuerza, valores se vinculan a la montaña de manera muy fuerte", expresó en una entrevista en la Fundación Botín.

Él mismo se define como un cineasta "de acentos", alguien cuya obra está atravesada por los territorios que habita.

Actualmente reside en la aldea de Vilela, en Navia de Suarna, donde ha restaurado la casa familiar, conocida como Casa Quindós.

Pero no es solo su vivienda: es también un proyecto cultural impulsado por la Asociación Ser, entidad sin ánimo de lucro de carácter cultural y ambientalista creada en 2017 en esta zona de especial belleza natural.

Desde allí, el director ha organizado residencias cinematográficas con plazas limitadas, centradas en profundizar en el proceso creativo de los participantes.

Oliver Laxe y algunas vistas de Navia de Suarna Wikimedia Commons

La aldea en la que creció y a la que regresó impregna su cine. Galicia se convirtió en el escenario de O que arde, rodada en gallego y con actores no profesionales.

Para este proyecto, Laxe se formó incluso como bombero, llegando a superar los exámenes, en un ejercicio de inmersión radical en la historia que quería contar.

Su figura también impone físicamente: mide dos metros, lo que le ha valido en más de una ocasión el calificativo de director "de altura".

Oliver Laxe, en el desierto.

Pero más allá de lo literal, su cine busca esa misma elevación: una radicalidad emocional y estética que conecta con sus vivencias personales.

Su última película, Sirat, está profundamente influenciada por su pasado. Estuvo casado con una "ravera" y frecuentó durante años ese entorno, en el que encontró un espejo de la radicalidad que persigue en su obra.

A pesar de estar separados, mantiene una estrecha colaboración profesional con su expareja, Nadia Acimi, responsable del diseño de vestuario en todas sus películas.

Imagen promocional de 'Sirat' que pone énfasis en la importancia de la música, con altavoces gigantes al fondo.

Su trayectoria también ha estado marcada por una lucha contra la depresión, una experiencia que ha compartido abiertamente como parte de su crecimiento personal y artístico.

Entre París y Ancares, entre la montaña y los festivales internacionales, Óliver Laxe ha construido una identidad singular: la de un creador que necesita volver a la raíz para seguir avanzando.