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Los Premios Goya siempre han sido un escaparate para visibilizar realidades sociales y descubrir nuevos talentos. Si por algo destaca la fiesta del cine español, es por su carácter reivindicativo, presente tanto en los discursos, como en las propias películas.

Un ejemplo de ello en la 40º edición, celebrada en Barcelona, es Ciudad sin sueño, un film dirigido por Guillermo Galoe y que muestra una realidad ignorada.

La película retrata la vida en la Cañada Real de Madrid, enfocándose en la falta de electricidad durante años, la pobreza y la lucha de sus habitantes.

El gran rostro de esta historia es Toni Fernández Gabarre, galardonado con el Goya a Mejor Actor Revelación por su papel protagonista. En realidad, más que interpretar a un personaje, el joven ha llevado a la pantalla su propia experiencia: conoce de primera mano la situación que atraviesan miles de familias en ese enclave madrileño.

El actor ha crecido en el sector seis de la Cañada, un barrio que lleva más de cinco años sin luz eléctrica, donde los vecinos recurren a generadores, velas y bombonas para el día a día.

En la película, interpreta a un adolescente que vive en la Cañada Real y enfrenta la amenaza de desalojo mientras cuida de su abuelo. Durante su infancia —ha contado en varias ocasiones— sentía que quienes miraban desde fuera solo veían su barrio con miedo.

El rodaje, que duró varios años, fue su escuela. Empezó con 13 años y terminó con 17, lo que le permitió verse crecer en pantalla y entender que su infancia, aunque dura, le dio una "intuición y dotes naturales" que otros actores formados no tienen.

Al recordar cómo llegó al cine, suele explicarlo con que era un niño más "arreglando su bicicleta" cuando le ofrecieron el papel. Para él, actuar no supuso fingir, sino mostrar su realidad.

Su familia, de etnia gitana, y dedicada desde hace generaciones a la chatarra, es para el actor un motivo de orgullo. De hecho, varios de sus familiares directos, incluido su abuelo, participaron en la película que lo ha lanzado a la fama.

Justamente al recoger el galardón, el actor le dedicó el premio a todos sus allegados: "Esto es para mi familia. Vivan los Fernández".

Su infancia en la Cañada le enseñó el valor de la resiliencia, y ganar este premio supone un símbolo de superación para su comunidad.