La vida de los toreros más allá del ruedo se ha visto representada gracias al director Albert Serra con Tardes de soledad. El documental se adentra en la figura del torero Andrés Roca Rey y permite reflexionar sobre su propia experiencia más íntima, lejos del foco puramente profesional.
La película muestra el riesgo de enfrentarse al toro desde una perspectiva marcada por el deber personal, el respeto a la tradición y al desafío estético.
Esa manera de entender la vida no es reciente en el matador: la adoptó desde muy pequeño. Desde muy temprana edad ya sabía que su destino estaba ligado a una plaza de toros.
Roca Rey creció en una familia andaluza-peruana profundamente taurina, lo que favoreció que cultivara su vocación desde niño. Es hijo de Fernando Roca-Rey Müller y María Mercedes Valdez Díaz.
Su pasión por el toreo forma parte de una herencia familiar: su bisabuelo era ganadero, su abuelo administraba la Plaza de Acho en Lima, su tío José Antonio fue rejoneador y su hermano mayor, Fernando, también es matador de toros.
No es extraño, por tanto, que fuera un niño prodigio. Toreó su primer becerro con tan solo 7 años en la plaza Torokuna, en Pachacámac. Con diez, ya mostraba una seriedad inusual para su edad en los ruedos peruanos, antes de debutar oficialmente como novillero en Francia en 2014.
En el show de Bertín confesó que tuvo que madurar rápidamente al trasladarse solo a España con 14 años para cumplir su sueño: "Con 7 años me di cuenta de lo que quería que fuese mi vida", afirmó en el espacio.
En este viaje, Roca Rey tuvo una dura adaptación inicial. Pese a esto, su hermano Fernando siempre ha sido un referente en todo este proceso.
Roca Rey en una faena, en 'Tardes de soledad'.
