El fricandó es uno de los guisos más emblemáticos y tradicionales de la cocina catalana. Pocos lo saben, pero este estofado de carne de ternera cortada en filetes finos, cocinado a fuego lento con una base de sofrito y acompañado de setas, es una de las recetas estrella de Loles León y su familia.
Una que ha evocado en su entrevista con Jordi Évole. Esta, emitida en un doble programa, ha arrancado en un mercado de su Barcelona natal. Allí ha empezado a hablar de su paso por MasterChef Celebrity, donde quedó en un meritorio tercer lugar ("yo sé cocinar, pero no hacía florituras") o de su infancia, marcada por sus padres.
Su padre "era un personaje". Un hombre "atractivo" con mucho gancho con las mujeres. Tanto, que mujeres de su barrio le decían: "¡Nena, que yo me he tirado a tu padre!". Era "cantaor de flamenco, de cante jondo". Y "cantaba muy bien".
De él ha heredado su pasión por "el flamenco, el baile, el vivir, el trincar, el comer, el gastar". Y es que, como ella dice, cree "en el ADN fantasma". Ese que deja una huella especial: "Cuando te engendran, depende de cómo seas, lo que estés maquinando y a lo que estés dedicando... sale en el ADN".
Loles León, en su entrevista con Jordi Évole en 'Lo de Évole'.
"Mi madre era una libertaria"
Su progenitora también fue genio y figura: "Mi madre era una libertaria. Eran muy progre. Ella era mucho más abierta. Llegó de Lora del Río en Sevilla, cuando distribuyeron a la gente de izquierdas. A ella le tocó venirse al puerto y la metieron en el barco para irse a Rusia. ¡Hubiese sido rusa yo!".
En el arranque del espacio de laSexta, Loles León se ha dado cita con varias vecinas y amigas de su barrio, La Barceloneta. Con ellas ha rememorado sus años de juventud. Un tiempo en el que, igual que le sucedió a su padre, ligaba con enorme facilidad: "Yo era pequeña, pero bien formadita".
Eso sí, a la hora de elegir pareja siempre fue selectiva: "Si no me enamoraba, no, ¿eh? Yo me tenía que enamorar".
La juventud de la época solía escaparse a un lugar un poco más apartado en busca de cierta privacidad: "El Rompeolas es donde iba todo el mundo... A veces se rompían más que las olas, pero bueno".
Loles León se reconoce a sí misma como una mujer de barrio: "Quiero que se vea bien La Barceloneta. Que salga por todos los lados... Yo he comido en muchas casas de este barrio y las amigas que me han metido en sus casas son mi familia".
Cuando era pequeña solía acompañar a su padre a un bar de la zona mientras este jugaba al dominó y tomaba un vermut: "Me daban jerez quina. Porque yo no comía mucho, para que me abriera el hambre. Antes se les daba a los niños para que les entraran ganas de comer. Es muy típico de aquí".
"Yo salía del colegio a las 12 y a las 12:30 ya me tenían allí en el bar", ha recordado. "Yo llegaba (a casa) ya colocada... Yo tenía siempre una especie de ensoñación que mi madre decía: 'La niña es muy melancólica'. Lo que estaba es un poquito colocada".
Loles León, en su entrevista con Jordi Évole en laSexta.
No quiso ser churrera, como sus padres
Loles León fue una niña criada sin una estricta supervisión de sus padres. Y es que en "la crianza al aire libre, en la calle, no eres ni de tu padre ni de tu madre. Sobrevives tú y eres tú la que está en plena selva. Tú tienes que salir adelante con todo. Los padres trabajaban... Tenías que salir tú de todas las cosas, de todos los atolladeros".
"En mi casa siempre trabajaban", ha destacado sobre los años de su niñez. Sus padres pasaban horas trabajando en una churrería, así que "de vacaciones, nada".
Su familia, de clase trabajadora, no tenía tiempo ni recursos para viajes. Pero sí procuraron que en la mesa no faltara de nada: "Comíamos muy bien. Teníamos de todo lo bueno, lo mejor".
Las primeras veces que Loles demostró ante el público su talento fueron en compañía de su progenitor: "Mi padre me llevaba por los bares, me ponían la gramola y yo bailaba".
A pesar de que él era consciente del arte de su hija, no le sentó bien que esta decidiera no trabajar con ellos en el negocio familiar: "Mi padre dijo: ¿Esto qué es? Si ellas son todas putas y ellos son todos maricones. Esto él no lo quería. Él quería que yo hubiese sido la niña que bailaba flamenco cuando él ponía la gramola".
"Yo no voy a ir a la churrería. Yo me voy a ir a trabajar a una oficina", le dijo a sus padres cuando cumplió la edad suficiente para ganarse el sueldo. "Empecé a trabajar de recepcionista telefonista".
"He venido al mundo a hacer reír"
Su madre no llegó a ver sus éxitos en el cine: "No vio lo de Almodóvar. Murió muy joven". Su padre, en cambio, sí tuvo la oportunidad de disfrutar de sus triunfos. Y reaccionaba con mucho sentido del humor: "¿Esa? Yo canto mejor. ¡El artista soy yo!".
Sus inicios en el teatro independiente tuvieron lugar de manera casual. Vio un cartel en el que buscaban extras para el montaje de Los Reyes de Cortázar: "Se necesita gente para ser bulto". Así empezó a trabajar en la Sala Villarroel: "Estrenábamos autores prohibidísimos".
Corrían los años 70. La policía "se sentaba en la última fila" y "decían si sale la palabra libertad os llevamos presos a todos... Éramos perseguidos por las secretas y todo eso. Al final gritábamos libertad, libertad, libertad... y salíamos corriendo".
Sobre su nombre artístico, ha detallado que no se lo puso ni ella ni ningún director de cine: "Yo me llamo María Dolores León. Pero, antes de dedicarme a esto, trabajé en una tienda en la calle Diagonal en frente de Rambla Cataluña. Era ropa muy moderna, muy gay. El encargado, Ramón Hernando, era un tío estupendísimo. Y un poquito tartamudo. Me dijo: "Es muy largo... Loles. Me lo sacó él".
A día de hoy, tiene claro que lo mejor que ha podido hacer en la vida es dedicarse a las artes escénicas: "Yo he venido a este mundo a hacer reír. Y a ayudar a la gente a entretenerla".
"Tú a lo mejor te estás muriendo", ha confesado, "pero sales a un escenario y se mean. Y en esa hora y media lo que está en ese patio de butacas está igual que tú por dentro. Pero hay una comunión de amor, de humor y de alma. Eso es el entretenimiento (...) A mí todo lo que sea estar en un escenario y comunicar, lo que quieras".
Pedro Almodóvar, con Rossy de Palma, Julieta Serrano y Loles León en la 33ª edición de los Premios Goya en Sevilla, en 2019.
"Nunca he dejado de querer a Almodóvar"
En el segundo programa, Évole y Loles León han abordado la parte más popular de su carrera. Una en la que la actriz jamás desistió, muy mal que le fueran las cosas: "No hay que renunciar a los sueños. Yo no quería decirle a mi hijo cuando tuviera 20 años: 'Soy una fracasada por tu culpa".
A sus 75 años, Loles León presume, orgullosa, de ser "la abuela del cine español". Un rol que debe, en gran parte, a los papeles en las películas de Pedro Almodóvar. Por eso cree que, el día que muera, los telediarios la recordarán como "la chica Almodóvar, seguro". Porque "la etiqueta la tenemos para siempre".
Con él "me dieron una cita por cansina. Le dije: 'No triunfarás hasta que no me des un papel". Ponerse a las órdenes del realizador manchego la llena de orgullo: "Ser chica Almodóvar es una actitud. Yo llegué y toqué la cumbre. Y eso te marca".
La relación entre ellos se ha enfriado, pero "nunca he dejado de quererle. Le quiero igual. Gracias a él, y él gracias a mí hemos hecho algo bonito que está en la historia del cine español e internacional".
Jamás le ha pesado ser la eterna actriz secundaria porque "me encanta ser supporting, como dicen los americanos. Yo lo supporting todo. Los supporting son los que tiran las películas para arriba".
Loles León y Jordi Évole, en 'Lo de Évole'.
"El sexo mantiene el cerebro activo"
En lo relativo a su vida personal, se ha mostrado clara. Lleva más de dos décadas sin tener pareja: "Hace 21 años que no tengo relaciones con ningún hombre. Nada. Sexo, yo me apaño".
"El sexo no hay que dejarlo, ¿eh? Porque como lo dejes se enfría el mundo interior. Yo, conmigo misma, con mis aparaticos y mis cosas. O alguna vez un aquí te pillo, aquí te mato. Pero es un momento... Un refriegue y tal... El sexo es lo que mantiene el cerebro activo", ha puntualizado.
Sobre la menopausia, ha contado que estuvo "medicada durante seis años". En relación a los retoques estéticos, ha expresado: "Nunca me he operado el pecho, son míos. La papada la he donado porque no me hacía ningún servicio".
Loles León, que se considera una "amante de la ciencia", cree que la medicina estética es para hacer uso de ella: "Si tú crees que lo necesitas, lo haces. Hay gente que se compra un Maserati, un yate, o hay gente que se opera la nariz porque no se gusta. Es así de sencillo".
Su conclusión es clara: "Hay gente que es muy susceptible con estas cosas. Y muy cobarde. No pienses en nadie. Esta vida es un paseíto, si lo puedes hacer más mona, mejor".
