Miguel Ángel Silvestre es un actor español de proyección internacional, reconocido por sus papeles en televisión y cine. Su salto a la fama ocurrió en 2008 al interpretar a "El Duque" en la serie Sin tetas no hay paraíso, un papel que marcó un antes y un después en su carrera.
Llegó al mundo de la interpretación casi sin quererlo. Su deseo de pequeño era ser tenista profesional, pero una lesión en el hombro le truncó su sueño. Por casualidad, un día recibió una clase de interpretación y a partir de ahí comenzó sus estudios en Arte Dramático.
El artista está muy ligado a su ciudad, Castellón de la Plana y, siempre que puede, regresa al lugar que le vio crecer. Así lo muestra en sus redes sociales, disfrutando al completo de su familia.
En verano, también visita mucho su segundo refugio, el cual ya es una casa para él. Hablamos de la isla de Formentera donde Silvestre ha establecido su refugio estival recurrente.
El actor se aloja cada año en Cala Saona, un hotel y spa de cuatro estrellas que destaca por su ubicación privilegiada en primera línea de mar y su acceso directo a la ensenada.
Este complejo se ha convertido en el enclave estratégico del artista para alejarse del bullicio mediático y recargar energías. El establecimiento ofrece una combinación de lujo y tradición, con servicios que incluyen clases de yoga, gimnasio y un área wellness.
Además, las instalaciones cuentan con piscinas infinitas y, en un claro guiño a la juventud del actor, pistas de tenis y pádel gratuitas para los huéspedes.
La oferta del hotel se completa con una propuesta gastronómica especializada en cocina mediterránea en su restaurante principal.
Según los datos de reserva, pernoctar en este entorno idílico durante el mes de agosto supone un desembolso que oscila entre los 400 € y los 760 € por noche, una tarifa que varía en función de la categoría de la habitación.
Con todo ello, Formentera se consolida como el escenario imprescindible donde Miguel Ángel Silvestre logra equilibrar su intensa agenda profesional con la calma del entorno natural.
Entre atardeceres infinitos y la serenidad de Cala Saona, el actor encuentra el espacio idóneo para desconectar, demostrando que, a pesar de su estatus de estrella internacional, sigue priorizando la conexión con el Mediterráneo y el bienestar personal.
