Las claves
nuevo
Generado con IA
Investigadores del University College de Londres han reclasificado la esclerosis múltiple en dos tipos basándose en una combinación de resonancias magnéticas y un test de sangre.
Este reordenamiento de la enfermedad puede tener grandes implicaciones en su pronóstico y su tratamiento, afirman los autores del trabajo, que ha sido publicado en la revista Brain.
Clásicamente, la esclerosis múltiple se divide en dos tipos: remitente-recurrente y progresiva primaria.
El problema es que, por lo general, esta clasificación no aporta información sobre su evolución posterior.
De hecho, "la gran mayoría de los pacientes tiene la primera forma, que, con el paso de los años, cambiará a la secundaria progresiva", explicaba Yolanda Aladro, neuróloga del Hospital Universitario de Getafe, a EL ESPAÑOL en un artículo reciente.
La forma remitente-recurrente aparece por brotes que pueden durar semanas o meses: visión borrosa, sensación de hormigueo, pérdida de movilidad de una extremidad...
El empeoramiento es más continuo en la forma progresiva, ya sea primaria (sin brotes previos) o secundaria (se llega ahí tras sucesivos brotes).
Aladro admitía que "la diferencia, a día de hoy, no es tan clara: los pacientes con progresiva primaria pueden tener algún brote, y pacientes cuya evolución es en brotes pueden tener progresión".
Esta clasificación deja una gran incertidumbre sobre cómo se desarrollará esta enfermedad. Los investigadores del University College London creen haber dado con la clave para averiguarlo.
Se basan en la medición en sangre de neurofilamentos de cadena ligera, proteínas estructurales del esqueleto neuronal que indican el nivel de daño a los axones característico de la esclerosis múltiple.
Resonancias y pruebas de sangre
Los autores del trabajo entrenaron una inteligencia artificial con escáneres y tests sanguíneos para medir los niveles de neurofilamentos (sNfl) de 189 pacientes, y luego testaron sus resultados con 445 personas recién diagnosticadas.
El resultado arrojó dos subtipos diferenciados: sNfl temprano y sNfl tardío.
El primero de ellos se caracteriza por altos niveles de neurofilamentos en las primeras fases de la enfermedad, lesiones en el cuerpo calloso, la estructura del cerebro que conecta los dos hemisferios y es vital para transmitir la información motora del cuerpo.
Además, implica una mayor inflamación y un 144% de mayor riesgo de nuevas lesiones. Los autores señalan que a estos pacientes habría que tratarlos más activamente y hacerles un seguimiento más estrecho.
En cambio, el sNfl tardío se caracterizaría por afectar más a la materia gris cortical, relacionada con la cognición superior, y un aumento a largo plazo de los neurofilamentos en sangre.
Según los autores, esta forma permite una aproximación más personalizada que permita proteger el cerebro y las neuronas.
El modelo desarrollado por los investigadores, comandados por Arman Eshaghi, investigador del Instituto Nacional para la Investigación en la Salud y los Cuidados del University College London, predijo con éxito la respuesta al tratamiento en estadios tempranos.
En declaraciones a The Guardian, Eshaghi explica que, "utilizando un modelo de IA combinado con un marcador en sangre ampliamente disponible y una resonancia magnética, hemos sido capaces de mostrar dos patrones biológicos claros por primera vez".
En el mismo periódico, Caitlin Astbury, de la Sociedad Nacional de Esclerosis Múltiple británica, se ha mostrado entusiasmada por los resultados del trabajo.
"Esta investigación se suma a la evidencia creciente que apoya abandonar los descriptores existentes de la esclerosis múltiple (como 'remitente' y 'progresiva') y dirigirse hacia términos que reflejen la biología subyacente de la condición".
De esta forma, se "podría ayudar a identificar gente con un riesgo incrementado de progresión, y permitir a la gente tratamientos más personalizados".
En España hay más de 50.000 personas viviendo con la enfermedad. Según la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple, cada cinco minutos se diagnostica un nuevo caso en el mundo y la incidencia ha crecido un 22% en la última década.
La comprensión de la patología ha mejorado notablemente en los últimos años, tanto de su origen y los factores que influyen en su desarrollo como de prometedoras vías de tratamiento que hacen presagiar un futuro esperanzador tras tanto sufrimiento.
