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Las claves

Unos ocho millones de personas en España temen al final del invierno por lo que para ellos supone: comienza la temporada de alergias. Los expertos no sólo han constatado que cada vez es más severa, sino que también comienza antes.

En este inicio más temprano desempeña un papel importante el cambio de tiempo, como ha demostrado un estudio español en el que se ha analizado la relación entre el polen y los datos meteorológicos.

Tras estudiar las concentraciones diarias de polen durante 23 años (desde 2001 a 2023), los investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO) han descubierto que la floración comienza antes y también termina más tarde; en concreto, casi cuatro días más cada año.

Esta prolongación es alarmante sobre todo porque el polen de las gramíneas, una familia de plantas compuestas por miles de especies (cada una de ellas responde de una manera diferente a las condiciones meteorológicas), es la causa más frecuente de alergias respiratorias.

Más acumulación, mayor dispersión

Anteriores estudios ya habían demostrado que otras variables meteorológicas pueden alargar la temporada de polen, pero este trabajo ha comprobado que el viento es otro factor clave para entender las diferencias respecto a la cantidad de polen que puede haber.

Para caracterizar la dinámica del viento de forma más exhaustiva, recurrieron al cálculo de las trayectorias inversas de las masas de aire, que es una herramienta que calcula la trayectoria previa de una masa de aire a través de la atmósfera antes de llegar a una zona determinada.

Confirmaron entonces que la influencia del viento se percibe en las dos fases principales de la estación polínica: una previa y otra posterior al momento de máxima concentración de este tipo polen en la atmósfera.

En la fase previa, el viento suele ser suave y las masas de aire presentan un escaso recorrido, lo cual favorece que el polen se acumule cerca de su origen.

En la otra fase, en cambio, el viento adquiere de media una mayor velocidad, que ayuda a concentrar el polen al principio y favorece una mayor dispersión al final del periodo polínico.

"Una vez que el polen se encuentra en la atmósfera, el viento es el agente principal que condiciona la dispersión que pueda tener", señala a EL ESPAÑOL Miguel Ángel Hernández, investigador de la UCO y autor principal del citado estudio.

Anticipación a escenarios futuros

El conocimiento de cómo la dinámica del polen varía según la fase de la temporada ayuda a sentar las bases para prevenir y gestionar las épocas de alergia con una mejor precisión.

Los investigadores lo sintetizan del siguiente modo: "Estamos caracterizando el pasado para intentar anticiparnos a los escenarios futuros que nos podemos encontrar". Cuanto más años se estudien, mejor se podrá conocer cómo son las concentraciones de polen.

"Si estudiamos el régimen de vientos para ver cómo ha sido históricamente, se podrá saber cómo se comportaría el polen de gramínea ante un episodio de vientos del sur", ejemplifica Hernández.

El fin último de esta información es que se pueda utilizar por parte de las autoridades para avisar a la población sobre cuándo se pueden producir picos de polinización.

Y aunque la metodología sería extrapolable, habría que analizar en cada zona de qué forma afecta el comportamiento del viento: "No es lo mismo Córdoba que, por ejemplo, Barcelona".

Su compañera de trabajo, Hermina García, sí que considera que lo que sucede en la provincia andaluza puede repetirse en otros puntos de España, especialmente aquellos que se localizan en el área mediterránea.

La influencia del viento en esta zona no solo depende de su intensidad, sino de su procedencia. Cuando el aire proviene del Mediterráneo los episodios de alergia no suelen ser tan graves como si el viento procede de poniente.

Algunos estudios realizados en el noreste peninsular también han sugerido que la dinámica del polen está influenciada significativamente por las condiciones meteorológicas; entre las que se encuentra el viento, que se encarga de volver a transportar el polen que se había caído.

Cómo será esta temporada

Aún es pronto como para conocer cómo va a ser la temporada de alergias esta primavera. En la del pasado año los síntomas fueron mucho más severos debido a las precipitaciones que se sucedieron.

Y es que, como apunta García, las abundantes lluvias que se han dado en los últimos años durante otoño favorecen que algunas especies no se sequen tan pronto como en otros periodos de sequía.

Por ello es probable que las precipitaciones de récord que ha habido en las últimas semanas "puedan afectar a la temporada polínica". Porque aunque el viento juega un papel clave, lo que más influye a la hora de alargar o acortar la temporada es la precipitación.

Cuando llueve de una manera tan intermitente, lo que sucede es que los granos de polen, al entrar en contacto con una humedad ambiental elevada, pueden absorber agua hasta que su membrana se estalla por choque osmótico.

Esto es, un solo grano de polen se fragmenta en cientos de micropartículas cargadas de proteínas alergénicas. Estas partículas son mucho más pequeñas que el grano original, lo que les permite mantenerse más tiempo en suspensión, incluso sin que hubiera viento.

Las lluvias alargan de manera significativa la temporada de gramíneas, como han sugerido algunos estudios. En cambio, el aumento de las temperaturas se correlaciona con una temporada más corta.

"Vamos a tener una temporada intensa con concentraciones altas de polen", augura García. "Y si el tiempo durante la primavera es favorable también hará que se alargue".