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Las claves

Más allá de la ingente investigación sobre la enfermedad de Alzheimer y las demencias, en época reciente se han extendido diversas formas de entrenamiento cognitivo o cerebral para prevenir o ralentizar el deterioro cognitivos. No pueden catalogarse como tratamientos al uso, pero se consideran alternativas no farmacológicas.

Un nuevo estudio del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer en la Johns Hopkins Medicine publicado en la revista Alzheimer's & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions sugiere ahora que el entrenamiento de velocidad cognitiva puede reducir el riesgo de sufrir un diagnóstico de demencia a 20 años vista.

Se trata del primer ensayo clínico aleatorizado, y el único de su tipo, que ha evaluado la relación a largo plazo entre la demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, y el entrenamiento de velocidad cognitiva. Para ello, se analizó a los adultos que participaron en un estudio previo conocido como Entrenamiento Cognitivo Avanzado para Ancianos Independientes y Vitales (o estudio ACTIVE).

Los investigadores inscribieron a 2802 adultos entre 1998 y 1999 para evaluar los beneficios de realizar entrenamientos cognitivos a largo plazo. Se asignó a los participantes de forma aleatoria a tres tipos de ejercicios diferentes: memoria, razonamiento y velocidad de procesamiento, junto a un grupo control que no recibió tratamiento.

En todos los grupos que recibieron entrenamiento cognitivo se realizaron 10 sesiones de 60 a 75 minutos durante un periodo de 5 a 6 semanas. Además, la mitad de los participantes recibieron de forma aleatoria hasta cuatro sesiones adicionales de entrenamiento cognitivo o refuerzos, 11 y 35 meses después de los ejercicios iniciales.

El 40% de los participantes del grupo de entrenamiento de velocidad cognitiva fueron diagnosticados con demencia, frente al 49% del grupo de control. Esto supone una reducción del 25% de incidencia, o evitar uno de cada cuatro casos. No hubo diferencias en los casos del grupo de entrenamiento de memoria, ni en el grupo de entrenamiento de razonamiento.

El entrenamiento de velocidad cognitiva o velocidad de procesamiento consiste en ayudar a las personas a encontrar rápidamente información visual en una pantalla de ordenador y manejar tareas cada vez más complejas en un periodo de tiempo cada vez más corto. Eso lo diferencia de otros ejercicios más típicos como los centrados en la memoria o el razonamiento.

Marilyn Albert, autora del estudio y directora del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer en Johns Hopkins Medicine, insiste en que una intervención no farmacológica bastante modesta puede tener efectos a largo plazo. "Incluso pequeños retrasos en la aparición de la demencia pueden tener un gran impacto en la salud pública y ayudar a reducir los costes".

Los autores del estudio explican que el entrenamiento de velocidad cognitiva puede haber sido particularmente efectivo porque el programa era adaptativo. Es decir, adaptaba su nivel de desafío al nivel de rendimiento individual de cada participante ese día. Las personas más rápidas al inicio pasaban a desafíos más rápidos con mayor prontitud, mientras que las que necesitaban más tiempo empezaban con niveles más lentos.

Sin embargo, los programas de memoria y razonamiento no eran adaptativos, y todo el grupo aprendía mediante las mismas estrategias. Además, el entrenamiento de velocidad cognitiva impulsa el aprendizaje implícito, similar a un hábito o habilidad inconsciente.

No obstante, los entrenamientos de memoria y razonamiento impulsan aprendizajes explícitos (similares al aprendizaje de hechos y estrategias). Este tipo de aprendizajes son diferentes en el cerebro, algo que ya se había observado anteriormente.