Publicada

La Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió retirar, a finales del pasado mes de enero, a España el estatus de país libre de sarampión por los casos que se habían registrado en 2024. Al año siguiente, la situación no ha mejorado precisamente.

Según los datos preliminares del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), nuestro país notificó en 2025 un total de 426 casos, de los cuales 217 ya están confirmados.

Esta cifra supone un aumento del 93% respecto al año anterior, en el que se detectaron 220 casos (en base al informe anual del ECDC). Se trata del quinto país con más casos, por detrás de Rumanía, con 4.198, Francia (877), Países Bajos (534) e Italia (529).

La tendencia española se contrapone a la observada en el conjunto de países de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo (UE/EEE), donde los casos han caído un 78%, pasando de los 35.212 de 2024 a los 7.655 del pasado año.

Una vacuna más incentivada

La caída que se ha registrado en todo el continente no parece tener un único motivo. Uno de los más evidentes es que en 2024 se produjo un pico de contagios; de hecho, es el máximo de las últimas dos décadas.

Al vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría Valentí Pineda le llama la atención que este descenso esté protagonizado por Rumanía, que ha pasado de 30.692 casos en 2024 a 4.198 en 2025. "No sabemos si lo están notificando bien o no".

Aunque tras un brote tan masivo, el virus encuentra cada vez menos personas a las que infectar; bien porque han adquirido la inmunidad de manera natural al haberse contagiado o porque se hayan vacunado debido a unas campañas de vacunación más agresivas.

"Es probable que se deba a que se ha incentivado más la vacunación en las poblaciones vulnerables", señala María del Mar Tomás, microbióloga del Hospital Universitario de A Coruña y portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC).

La estrategia de vacunación se centra sobre todo en el grupo de los menores de cinco años. En 2025, representaron el 40,1% de los casos notificados en Europa. Este alto porcentaje responde a una cobertura vacunal que aún está lejos de lo recomendable.

Según la OMS, el objetivo para detener la transmisión del sarampión es superar el 95% en las dos dosis. En España, pese a los datos de la primera, con una cobertura cercana al 98%, en la segunda sí que se ha observado un preocupante descenso, por debajo del 95%.

"Las coberturas de vacunación que tenemos, comparadas con otros países, son buenas", apunta Ángela Domínguez, coordinadora del grupo de vacunas de la Sociedad Española de Epidemiología.

Para lograr una barrera a nivel comunitario, "hay que redoblar los esfuerzos con la segunda dosis" ya que se trata de uno de los virus más transmisibles que existen, con una tasa de contagio cercana al 90% entre personas no vacunadas que hayan estado expuestas a él.

En Europa, casi el 80% de las personas que contrajeron el sarampión en 2025 no estaban vacunadas. "Puede ser que haya una baja percepción de riesgo", apunta Tomás, quien también advierte de las complicaciones que existen entre la población adulta.

En aquellos que no hayan recibido las vacunas el sarampión se puede traducir en "una enfermedad más compleja", provocando incluso casos de neumonía, la principal causa de muerte por este virus en adultos.

Dentro de este grupo es especialmente recomendable entre los nacidos después de 1978, ya que la inmunidad que se ha adquirido por la propia enfermedad es muy reducida en comparación con la de generaciones anteriores.

El aviso de Francia

A diferencia de lo que sucede en España, la mayoría de las personas infectadas lo adquirieron localmente: un 25,5% frente al 7,6% de casos que se registraron como importados. Tener casos autóctonos depende, en gran medida, de las coberturas vacunales.

Estos porcentajes, no obstante, deben interpretarse con cautela puesto que en el 64% de los casos el origen era desconocido. No obstante, lo que reflejan es que ya hay países en los que se está dando una transmisión sostenida, como es el caso de Francia o Italia.

Ambos ejemplos han de servir a España como una advertencia de lo que puede ocurrir. Para Pineda, aún estamos lejos de tener una transmisión sostenida como la de estos países puesto que se ha alertado a tiempo del aumento de casos.

"No podemos considerar que el sarampión es una enfermedad del pasado", añade Tomás. "Ante cualquier sospecha clínica hay que hacer un diagnóstico".