Las claves
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El preservativo corre el riesgo de convertirse en el gran olvidado entre los adolescentes en España. Los últimos datos, aportados esta semana por el Ministerio de Sanidad, refleja que lo usan menos de 7 de cada 10. Solo el 65,5% afirma usarlo.
Es el último resultado de una tendencia que lleva dos décadas en descenso y que ya está lejos de la concienciación que se consiguió a principios de siglo. En 2002 los chavales que afirmaban usar este tipo de profilaxis superaba el 82%.
Esta disminución también se ha visto acompañada de un aumento de la brecha de género. Si a principios de siglo la diferencia entre unas y otros era menor a un par de puntos porcentuales, en 2022 fue de diez. Solo el 60,8% de las chicas lo utilizó, frente al 70,6% de los chicos.
La bajada es especialmente preocupante entre las jóvenes de 15 a 16 años, donde el uso del preservativo cayó del 78,5% en 2018 al 62,9% en 2022. Casi cinco puntos por debajo en tan solo cuatro años.
Antonio Ferrández, sexólogo, médico de familia y coordinador del grupo de trabajo de sexología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), cuenta que esto se debe a varios factores psicosociales y contextuales.
En primer lugar, las dinámicas de poder desiguales dificultan que las adolescentes negocien su uso, "una situación agravada por el estigma y la vergüenza asociados a su adquisición", desgrana.
Además, hay que tener en cuenta que todavía sigue extendida la creencia de que el que debe aportar el preservativo es el chico, añade Carmela Cobo, sexóloga y secretaria de la Asociación Española de Sexología (AES).
Paralelamente, la preferencia por métodos anticonceptivos hormonales, como la píldora anticonceptiva, hace que piensen que tomándola ya no corren ningún riesgo, pero no es cierto, recuerdan ambos sanitarios.
Casi el 16% de las adolescentes emplean este método solo o en combinación con otros. "Protege del embarazo, pero no de lo demás", insiste Cobo, que recuerda que las ITS pueden transmitirse antes incluso de provocar síntomas y que el paciente sea consciente de que la tenga.
Fernández apunta que, a todo esto, hay que añadir que ellas cuentan con una menor autoeficacia percibida para insistir en su uso y, a veces, con creencias menos firmes sobre la eficacia protectora de este tipo de profilaxis.
Asimismo, "en contextos relacionales de confianza o percepción de bajo riesgo, estos factores confluyen para que la insistencia en el preservativo sea aún menor", dice el médico de familia.
Aumentan las ITS
Ferrández, de SEMERGEN, explica que este descenso se relaciona con "un preocupante aumento de infecciones de transmisión sexual (ITS) como clamidia, gonorrea y sífilis entre adolescentes".
Esto no solo se debe al incremento de las relaciones sexuales sin protección, sino también a que las mantienen con múltiples parejas, lo que eleva el porcentaje de contagio.
De hecho, este grupo etario ya se ha empezado a considerar como población de riesgo, agrega Juan Carlos Galán, microbiólogo y jefe de Virología en el hospital Ramón y Cajal de Madrid.
Los datos también lo muestran así. En 2023, la mayoría de casos de gonorrea y clamidia en mujeres se produjeron en el grupo de edad de menores de 25, en el que entran las adolescentes. Los datos mostraban un 44,9% del total para la primera y un 50,7% para la segunda.
A Galán le parece especialmente relevante porque, antes de conocerse esta información, la mujer heterosexual se concebía como una población de bajo riesgo.
Para los chicos por debajo del cuarto de siglo, estas cifras no son tan altas. En esta franja suponen un 21,2% de los casos de gonorrea y un 22,7% en los de clamidia. Aun así, siguen suponiendo más de uno de cada cinco casos detectados.
Al microbiólogo le ha sorprendido que, en la encuesta realizada para recabar estos datos, no hay ninguna pregunta referida a las ITS. "Igual nos estamos equivocando con el mensaje que le damos a la sociedad".
Esto, argumenta, es una muestra de que actualmente se sigue viendo el embarazo como el mayor problema que puede derivar de una relación sexual sin protección, sin que se le dé el peso necesario a estas patologías.
La píldora del día después
Otro dato que aporta este informe es que una de cada tres chicas (32,3%) ha recurrido alguna vez a la píldora del día después. Este es un método de emergencia, pensado para cuando fallan los demás, apunta Cobo.
Sin embargo, algunas pueden haberlo adoptado como método habitual, teme Asensio López, médico de familia y comunitaria y coordinador del Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC).
"Tenemos chicas en consulta que la han usado tres y cuatro veces". López recuerda que esta opción también conlleva riesgos, por lo que no se debe abusar de ello ni tomarla como un recurso habitual.
Más allá del riesgo de contraer una ITS por llevar a cabo prácticas de riesgo, estas pastillas contienen una gran cantidad de hormonas y abusar de ellas puede conllevar un desajuste.
Fernández, de SEMERGEN, recuerda que la literatura científica no ha demostrado que el uso de esta píldora se utilice, principalmente, como sustitutivo de la profilaxis física. "Las adolescentes que han utilizado anticoncepción de emergencia suelen mostrar mayor conocimiento sobre métodos anticonceptivos y mayor probabilidad de emplear preservativos".
Falta educación sexual
Casi el 17% de los adolescentes ha reconocido también haber usado la marcha atrás en alguna ocasión. Esto es, interrumpir la penetración antes de que él llegue a eyacular. Para los expertos, aquí confluyen dos factores.
Por un lado, falta de información sobre un tema que, quizá, se creía superado, expone Cobo, de la AES. La sexólogo sostiene que aún hay adolescentes que no tienen claro que no es un método fiable. Por otro, hay otros tantos que recurren a ella por falta de medios y acceso a anticoncepción.
López señala que la única forma de acabar con esta práctica es dialogar con ellos y sacar el sexo del tabú.
Para ambos expertos, estos datos son una muestra de que en España falta mucha educación sexual y campañas de concienciación que consigan convencer a los más jóvenes de la importancia de mantener sexo con seguridad.
"Estamos recogiendo los frutos del trabajo mal hecho", sentencia Cobo. Ella considera que la sociedad ha dejado de lado la educación sexual desde hace años. "Hemos dejado de hablar de esto pensando que esto ya estaba superado y no es verdad."
Además de fomentar charlas en los centros escolares y campañas de concienciación en medios como la televisión o las redes sociales, López cree que también hay que abordar este tema desde las propias consultas de atención primaria.
Esto se puede hacer preguntando a los adolescentes en consulta, sin los padres delante, si mantienen relaciones sexuales y qué opciones anticonceptivas usan, para poder darles información.
El experto de semFYC también habla de las consultas jóvenes. Un espacio que ya está funcionando fuera del horario de atención habitual en ambulatorios de algunas partes de España. Un día a la semana, por la tarde, hay un espacio sin cita donde los menores pueden ir a consultar dudas y pedir información. "Suele funcionar muy bien".
Lo que el médico de familia tiene claro es que la información es el único camino. "Sabemos que las relaciones sexuales se van a seguir manteniendo entre los jóvenes, pero cuanto menos medidas de protección adopten, están expuestos a mucho más riesgo", asegura.
