P. Fava
Publicada

Las claves

La figura de Mariano Barbacid sigue agigantándose entre la opinión pública española. El oncólogo que ha logrado eliminar los tumores de páncreas en ratones y se ha convertido en icono de la lucha contra el cáncer protagoniza una campaña ciudadana que reclama para él el Nobel de Medicina. Más de 60.000 participantes se han sumado ya con su firma al proyecto.

La petición en Change.org ha sido lanzada por el popular influencer Ceciarmy, conocido por otras grandes iniciativas en redes de solidaridad y comunicación. "Chavales, hay que apoyar a las personas correctas. El Doctor Mariano lleva años trabajando sin descanso para encontrar una cura para el cáncer de páncreas. Ahora es nuestro momento de devolver en forma de reconocimiento todo ese trabajo", manifiesta.

La oleada de simpatía y afecto que ha despertado la investigación de Barbacid contrasta con el desdén que ha recibido su anuncio desde Moncloa y el Ministerio de Ciencia e Innovación. A pesar del eco mundial sobre el hallazgo, ni Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ni Diana Morant, ministra del ramo, han realizado comentario alguno ni le han transmitido sus felicitaciones.

En la última semana, Sánchez ha tenido ocasión de interpelar a Elon Musk tras sus críticas al plan de regularización masiva de inmigrantes en España o felicitar a Carlos Alcaraz por su histórico triunfo en el Open de Australia. No obstante, no hay mención alguna al oncólogo en sus últimas intervenciones, ni sus redes sociales se han hecho eco de las múltiples publicaciones sobre Barbacid.

Más sangrante aún es el caso de Morant, puesto que Barbacid, como jefe del Grupo de Oncología Experimental del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), depende directamente de ella. Mónica García, ministra de Sanidad, sí ha celebrado públicamente y en redes el avance, pero el silencio por parte de la ministra de Ciencia es completo.

Fuentes cercanas al investigador han confirmado que Mariano Barbacid es considerado "incómodo" por la administración. El oncólogo tiene tendencia a usar su altavoz mediático para reclamar una mayor inversión en investigación, "sin paños calientes". Esta investigación sobre cáncer de páncreas, de hecho, ha tenido un fuerte apoyo financiero privado gracias a la fundación Cris contra el Cáncer.

Hay que enmarcar esta animadversión además en el conflicto interno que vive el CNIO, otrora buque insignia de la investigación contra el cáncer. Barbacid dirigió el centro hasta que se vio obligado a ceder el paso a María Blasco. La relación entre ambos ha sido tensa desde entonces y, cuando los líderes de grupo pidieron a Morant la cabeza de Blasco, la exdirectora se defendió lanzando acusaciones a su predecesor.

¿Tiene opciones al Nobel?

Los firmantes de la campaña dejan clara la importancia de la figura que ha alcanzado el científico. "Cuántos hijos se han quedado sin sus padres, cuántas madres se han quedado sin hijos, hermanos sin sus hermanos por esta triste enfermedad", escriben en los comentarios. No obstante, la oleada de simpatía puede no ser suficiente frente a las complejidades del Nobel.

En primer lugar, la triple terapia ha tenido un éxito rotundo en laboratorio, lo que ha echado las campanas al vuelo para muchos. Pero queda lo más difícil por delante, la posibilidad de realizar ensayos con pacientes. De demostrarse una eficacia similar en humanos, sin duda será uno de los grandes avances frente al cáncer en décadas.

Por otro lado, nadie niega que Barbacid ya haya hecho méritos para el galardón. Junto al biólogo molecular Eugenio Santos, en 1982 descubrió el primer oncogén humano, H-RAS, implicado en el cáncer de vejiga. De este modo se demostró por primera vez que el cáncer también tenía raíces genéticas.

¿Cuál es el problema? Que el Nobel de Medicina ya ha reconocido el descubrimiento de los oncogenes, pero decidió premiar a otros pioneros, Michael Bishop y Harold Varmus en 1989. Y el galardón nunca se entrega dos veces por el mismo motivo.