El brócoli era, hasta hace poco, la cena que los niños de las películas estadounidenses no querían comerse. En los últimos años se ha hecho muy popular en España y, para sorpresa de todos, tampoco convenció a los niños de aquí. Sin embargo, se trata de un alimento con el que merece la pena insistir: la Fundación Española de Nutrición (FEN) lo considera muy importante por contener "una elevada cantidad de fibra, minerales y vitaminas".

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Esta verdura con forma de arbolito nos recuerda a otra que, históricamente, hemos consumido más en España: la coliflor. La similitud entre ambos vegetales se debe a que están emparentados, los dos son plantas crucíferas, pero esto no significa que sepamos más del brócoli. Estos alimentos tienen características diferentes y, por eso, podemos plantearnos algunas dudas.

Una de las más frecuentes surge cuando encontramos puntas amarillas en el manojo de brócoli que habíamos comprado verde y lustroso en el supermercado. ¿Debo tirar los brotes que parecen afectados por esta merma del color? El amarillamiento del brócoli evidencia que se están perdiendo los importantes nutrientes de esta verdura. En otras palabras, que está dejando de encontrarse en su estado óptimo de consumo.

La decadencia del brócoli

Por esta razón, cuando realizamos la compra en el supermercado debemos elegir brócolis con un color verde intenso, guardarlos en la nevera cuando llegamos a casa y consumirlos antes de que pasen 5 o 7 días. Los ramilletes de brócoli con secciones amarillentas no son los más deseables, pero tampoco es necesario desecharlos cuando han comenzado a despuntar. 

En algunas ocasiones, la tonalidad amarilla es un indicativo de una infección por moho. Para comprobar que el brócoli no se ha echado a perder, debemos observar su tallo: si se ha vuelto blando, debemos tirar este alimento a la basura para evitar daños mayores en nuestra salud. Si compramos brócoli para consumir más tarde de lo apropiado, podemos congelarlo. Eso sí, debemos escaldarlo antes durante tres minutos.

Las puntas del brócoli más amarillentas serán, por tanto, menos densas en nutrientes que las verdes: tendrán menos vitaminas y minerales. De todas formas, según explica Buena vida, de El País, estos manojos pueden utilizarse para hacer cremas o sopas. Una manera que proponen también en ese artículo es poner el ramo de brócoli en agua, como una flor, para mantener su buen estado durante un tiempo.

El brócoli compensa

En cualquier caso, consumir brócoli siempre es una buena idea. Se trata de un alimento con una baja cantidad de calorías, ya que el 90% de su composición está formado por agua. En total, 100 gramos de esta verdura suponen, tan sólo, 38 kilocalorías. Sin embargo, al tener una buena proporción de fibra en su composición posee efecto saciante, lo que evita que hagamos un sobreconsumo de calorías.

La Fundación Española del Corazón (FEC) alaba las propiedades de este alimento para mejorar la salud cardiovascular que se deben a su contenido en ácido fólico, zinc, hierro, calcio, vitamina K y antioxidantes. Los micronutrientes saludables del brócoli no terminan ahí y es que contiene una buena proporción de vitamina C, superior a otros alimentos que consideramos fuente de esta sustancia, como la naranja.

Uno de los aspectos menos atractivos del brócoli es, sin duda, el olor que desprende su cocción. Esta característica se debe a que esta verdura contiene azufre y, aunque puede interferir en la absorción del yodo, los beneficios de consumir brócoli compensan este inconveniente. La presencia de este elemento en el brócoli se explica porque se trata de una sustancia con propiedades antimicrobianas e insecticida que ayuda a preservar el estado óptimo del vegetal.