Las claves
nuevo
Generado con IA
El misterio sobre el conocido como 'síndrome de La Habana' ha dado un nuevo giro: un científico noruego ha desarrollado un dispositivo que emite radiación electromagnética. Su objetivo era demostrar que no causa ningún daño.
Para corroborar que la máquina que había creado era completamente inofensiva decidió probarla con él mismo. El desenlace no pudo ser más desafortunado, ya que ha terminado sufriendo síntomas neurológicos similares a los de este síndrome.
Lo que comenzó siendo una prueba para desmontar la teoría que sugiere que diplomáticos y espías estadounidenses fueron blanco de ataques encubiertos mediante el uso de energía de radiofrecuencia pulsada ha servido precisamente para darle pábulo.
La prueba, que no se había dado a conocer hasta ahora, se realizó en secreto hace dos años en Noruega, cuyo gobierno informó a la CIA de los resultados, lo que provocó que en 2024 funcionarios estadounidenses visitaran en al menos dos ocasiones el país escandinavo.
Dos armas no idénticas
El origen de este misterioso síndrome se remonta a finales de 2016, cuando cerca de una veintena de personas comenzaron a experimentar síntomas que iban desde mareos hasta un zumbido constante en los oídos. Todos ellos trabajaban en la embajada de EEUU en La Habana.
La publicación de un estudio en 2019, en el que se analizó a 40 personas que formaban parte del gobierno estadounidense, reavivó la hipótesis, que ya apareció durante la Guerra Fría, de que se estaban utilizando ataques sónicos a través de microondas como arma secreta.
Cinco años después, la mayor investigación realizada hasta la fecha descartó que pudiera tratarse de un ataque enemigo. Desde el Gobierno estadounidense denominan a estos sucesos como "incidentes de salud anómalos" (AHI, por sus siglas en inglés).
Uno de los expertos que ha tenido acceso a la prueba realizada por el científico noruego, que trabaja para una institución pública, reconoce que sus síntomas no son exactamente los mismos, según ha desvelado a The Washington Post.
Tampoco considera que estos resultados demuestren que los AHI hayan sido causados por un país enemigo a través de un arma secreta, similar a la que se ha probado en Noruega. Pero sí que refuerza la tesis de quienes sostienen que estos dispositivos pueden causar daños.
La administración Trump asumió el cargo con la promesa de abordar de forma contundente esta cuestión. No sólo no se han producido importantes avances, sino que las últimas novedades proceden del anterior mandatario.
Al final de la administración Biden, el Gobierno estadounidense adquirió, sin hacerlo público, un dispositivo que emite radiación electromagnética, por lo que podría estar relacionado con el síndrome de La Habana.
Tiene algunos componentes de origen ruso, pero aún se desconoce quién lo ha fabricado realmente, según la información publicada por la CNN. Sí que se sabe que no es idéntico al que elaboró el científico noruego, que se basó en información clasificada.
Su identidad no ha sido desvelada pero fuentes cercanas a esta persona sí que han reconocido que se había ganado la reputación de ser uno de los mayores detractores de la teoría de que las armas sónicas podían causar síntomas similares a los del síndrome.
Un cambio de valoración
Casi al mismo tiempo que se conocía la existencia de los dos dispositivos, dos agencias de inteligencia de EEUU han modificado su valoración anterior y ahora concluyen que algunos de estos incidentes podrían ser autoría de un adversario extranjero.
Los nuevos informes llevaron a ambas agencias a "cambiar sus valoraciones sobre si un actor extranjero tiene la capacidad de causar efectos biológicos compatibles con los síntomas notificados como posibles AHI".
Así se recoge en una evaluación actualizada sobre estos incidentes que se publicó a principios del pasado mes de enero, apenas unos días antes de que la administración Biden pusiera fin a su mandato.
No obstante, la mayoría de las agencias, entre las que se incluye a la CIA, aún siguen considerando que es "muy improbable" que los ataques fueran el resultado de que un actor extranjero hubiera desarrollado una nueva arma.
Pese al nombre que recibe, los casos por parte del personal estadounidense se han ido reportando en todo el mundo. Un teniente coronel retirado de la Fuerza Aérea confesó que a él no se lo habían confirmado hasta cinco años después de los primeros síntomas.
Estos aparecieron cuando se encontraba en su casa en Virginia del Norte, donde una familia rusa vivía al otro lado de la calle. El principal sospechoso, durante años, ha sido Rusia. Nunca se ha dado con una prueba concluyente y, además, desde Moscú siempre han negado su participación.
Por el momento, los nuevos hallazgos han suscitado más preguntas que respuestas, pero lo que sí parece claro es que han provocado que se vayan a reconsiderar las causas del síndrome de La Habana.
