P. Fava
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Las claves

La capacidad para jugar está ampliamente extendida entre las especies animales: los cachorros practican peleas, persecuciones y mimetizan el comportamiento de los adultos como parte de su desarrollo y socialización. El juego simbólico, con elementos imaginarios, se consideraba hasta ahora exclusivo de los seres humanos.

El ejemplo clásico es el de una 'fiesta del té' en el que niños y niñas se sientan con sus peluches, mantienen conversaciones imaginarias y rellenan tazas con líquidos inexistentes, fingiendo que son deliciosos. Kanzi, un bonobo de 43 años, ha demostrado ser capaz de jugar exactamente a este mismo juego con antropólogos de la Universidad John Hopkins (Estados Unidos).

Como a estos simios, más cercanos genéticamente al ser humano incluso que los chimpancés, no les interesa el té, los investigadores Christopher Krupenye y Amalia Bastos plantearon un juego con jarras para zumo y cuencos para fruta con los que Kanzi solía interactuar.

Él fue elegido, explican en el artículo en Science, porque ya había demostrado facultades figurativas, señalando con el dedo cuando escuchaba señales verbales. Primero se le presentaron dos tazas y una jarra, todas ellas trasparentes y vacías. Uno de los investigadores fingió rellenar ambas tazas, y luego derramar el contenido de una.

"¿Dónde está el zumo?", preguntaron entonces a Kanzi. El bonobo señaló entonces a la taza que no se había derramado imaginariamente, pese a que había sido testigo de que en realidad estaban ambas vacías. Incluso si movían la taza "llena", el primate seguía diferenciándola. El juego sólo se interrumpía si se le presentaba una taza con zumo real, que reconocía sin problema.

Kanzi, bonobo de 43 años. Ape Initiative

En el mismo sentido, se le presentó un cuenco de fruta vacío, del que un investigador fingió mediante movimientos de mano estar cogiendo uvas de un racimo y colocándolas dentro de las tazas. Después fingieron vaciarlas, y preguntaron a Kanzi a dónde habían ido a parar las uvas. El bonobo contestó señalando al lugar en dónde habían fingido dejarlas, pese a que no había nada.

"Este estudio de Bastos y Krupenye es de una excelente calidad metodológica y aborda un desafío histórico en la primatología: cómo demostrar que un animal está imaginando algo que no está ahí", valora Miquel Llorente, director del departamento de Psicología de la Universidad de Girona e investigador principal del grupo de investigación Comparative Minds, para Science Media Centre.

Sin embargo, el hecho de que Kanzi demuestre estas capacidades no implica forzosamente que se hayan dado en la naturaleza. "Estamos ante un ‘genio’ extraordinariamente enculturizado, entrenado en lenguaje artificial y con un desarrollo cognitivo que, si bien nace de una base biológica común a su especie, ha sido amplificado por un entorno humano".

Esta excepcionalidad del propio Kanzi, por tanto, "nos marca el techo del potencial cognitivo de los bonobos, pero no necesariamente el estándar de lo que un individuo medio hace en la selva". No obstante, el estudio confirma que los grandes simios están "mucho más cerca" del hombre en capacidades como "la planificación del futuro o la atribución de estados mentales".

Juan Carlos Gómez, psicólogo e investigador en el Departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de St. Andrews (Escocia), también señala la ambigüedad en el experimento: es difícil decir si realmente Kanzi hacía gala de una capacidad innata o la desarrolló a partir de su elevada inteligencia y afinidad con sus cuidadores humanos.

"Tal vez Kanzi haya aprendido que la respuesta correcta es señalar a los vasos que tienen algo, y cuando se ve urgido por sus cuidadores a elegir entre dos vasos aparentemente vacíos, piense que en el único que puede haber algo es en el que no ha sido volteado, por si acaso hay algo en él que no se ve bien", plantea.

No obstante, el trabajo proporciona "un paradigma experimental que podrá seguir usándose para investigar de forma sistemática los posibles precursores evolutivos del juego de imaginación en primates no humanos", concluye.