Carlos M. Duarte, durante su reciente visita a Madrid.

Carlos M. Duarte, durante su reciente visita a Madrid. FBBVA

Ecología

"En Arabia Saudí sin petróleo ni siquiera habría agua"

Carlos Duarte es uno de los oceanógrafos más reconocidos mundialmente. Hace dos años dejó el CSIC para enrolarse en la Universidad del Rey Abdulá, en Arabia Saudí.

Antonio Villarreal

Carlos M. Duarte es uno de los expertos españoles en cambio climático con mayor reconocimiento mundial. En concreto, Duarte investiga sobre cómo estos procesos están afectando a los océanos: desde la subida del nivel del mar a los cambios en corrientes marinas o cómo afecta a la fauna marina la acidificación producida por el incremento en dióxido de carbono. Antiguamente empleado en el CSIC, donde dirigió expediciones como la Malaspina, Duarte forma parte, desde hace dos años, del profesorado de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Rey Abdulá (KAUST) en Arabia Saudí, un ambicioso proyecto liderado por la monarquía saudí para poner al país árabe a la cabeza de la producción científica mundial.

Recientemente Duarte ha pasado por la Fundación BBVA de Madrid para presidir el jurado del premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático, entregado este año a James Hansen y Syukuro Manabe, dos pioneros de los modelos climáticos.

Los modelos estadísticos, y en particular su capacidad de predicción, son uno de los pocos aspectos de la ciencia climática que aún se cuestionan. ¿Supone este premio para Hansen y Manabe una forma de reivindicar estos modelos?

Nosotros sólo evaluamos las contribuciones esenciales para fortalecer la ciencia del cambio climático, no tenemos en cuenta otras contingencias. De hecho cada año es más complicado. Si mira en el último informe del IPCC, hay un capítulo sobre el desarrollo de la ciencia del cambio climático donde Hansen y Manabe son los más citados. Ese es realmente el fundamento de las predicciones de cómo el aumento en CO2 puede afectar al clima futuro.

¿Cuando Manabe y Hansen hicieron los primeros modelos ni siquiera sabían que había un cambio climático?

El profesor Manabe publicó su primer modelo en 1965, muy sencillo, con una dimensión, y luego en 1967 sacó otro en tres dimensiones, pero fíjese qué ordenadores había en los sesenta: no tenían ninguna capacidad y ni siquiera datos para validar los modelos. La curva de Keeling, que es esa curva que muestra el aumento de CO2 en Mauna Loa, Hawai, se inició en el año 58, cuando empezaron con los modelos ni siquiera había registros suficientes como para certificar que el CO2 estaba aumentando. Por otro lado, Hansen estaba trabajando en la atmósfera de Venus, donde hay muchísima concentración de gases de efecto invernadero y entonces salieron los primeros artículos de Manabe advirtiendo de que estaba aumentando en la Tierra.

Pero Manabe entonces sólo quería registrar el aumento, no predecir a dónde llegaría.

El modelo de Manabe no estaba pensado para predicción sino para entender cómo los distintos forzamientos como luz solar, aerosoles o agua afectaban al clima. El propio científico japonés reconoce que la idea de usar los modelos para predecir es de Hansen, que publica su primer modelo en 1981. Además de esto, Hansen publica la primera base de datos de temperatura media global. Había habido muchos intentos, el problema es que la mayoría de medidores del CO2 estaban en el hemisferio norte y si promediabas tenías una visión sesgada, él desarrolló una aplicación para tener una media robusta del clima global y construyó esas series desde 1880 para validar el modelo.

Pese a la falta de potencia informática y de datos, ¿eran modelos climáticos fiables comparados con los de hoy?

Fíjese, a partir de la publicación de la curva de Keeling, la Academia Nacional de Ciencias de EEUU organizó un simposio y publicó, en 1979, un informe llamado El CO2 y el clima, en el que por primera vez miraban qué consecuencias podría tener un cambio en los niveles de este gas. En ese informe, los dos modelos que se utilizan son el de Manabe y el de Hansen, que son independientes. Entonces proyectaron qué impacto tendría sobre la temperatura media del planeta duplicar el CO2 y el modelo de Manabe arrojó un resultado en equilibrio de 2ºC por encima de la temperatura de referencia, el de Hansen 4ºC, y esa es la misma horquilla de valores que hoy arrojan modelos mucho más sofisticados.

¿Cuáles son las principales debilidades o incertidumbres de los modelos climáticos?

Los modelos actuales son consistentes con los resultados que obtuvieron Manabe y Hansen entonces. Donde difieren los modelos y donde están las grandes incertidumbres es en cómo van a evolucionar en el futuro las emisiones de gases de efecto invernadero, algo que no depende de leyes físicas sino de comportamientos sociales.

Es decir, si vamos a seguir emitiendo al mismo ritmo o nos vamos a cortar.

Para ello se establecieron diferentes escenarios, y esos abanicos que vemos dependen más de los escenarios que de las incertidumbres inherentes a los modelos. Eso en cuanto a temperaturas. Luego, la predicción de precipitaciones es mucho más compleja, igual que la ocurrencia de eventos extremos (huracanes o sequías) o prever la respuesta de las grandes masas de hielo. Es muchísimo más difícil porque no existen validaciones numéricas de esto, la última vez que ocurrió un deshielo así fue hace tres millones de años y podemos hacer reconstrucciones a través de isótopos, pero no sabemos en realidad cómo de abrupto pudo ser.

¿Y cree que algún día se podrá llegar a replicar por completo, sin incertidumbre, el clima futuro con modelos informáticos?

Hay una limitación inherente a los modelos climáticos y es que sólo tenemos un planeta, por tanto no podemos tener réplicas. Eso genera incertidumbres importantes desde un punto de vista filosófico y la solución es trabajar con muchos modelos independientes, veinte o treinta. Un problema es que los modelos no son realmente independientes unos de otros, muchas de las formulaciones son compartidas, es decir, no son réplicas independientes pero tienes un abanico de resultados que te permite ver cuál es la incertidumbre.

Es decir, que los superordenadores han cambiado las reglas del juego para los científicos climáticos.

En mi institución actual estamos probando los modelos de mayor resolución que existen porque tenemos la suerte de tener el séptimo superordenador más potente del mundo, que es el Şahin, que significa halcón. Tenemos una máquina para una institución de 130 investigadores de los que 30 ó 40 usarán el superordenador.

¿Por eso aceptó la oferta del Rey Abdulá?

No, la Universidad no tiene nada que ver con el gobierno de Arabia Saudí, es independiente aunque hay conversaciones sobre el apoyo científico que la universidad puede dar al proyecto Visión 2030. En general, nuestra contribución es para resolver los cuatro grandes desafíos de la humanidad: cómo obtener combustible, alimento, agua y todo en un medio ambiente sostenible. Nuestra existencia y mandato no es apoyar políticas del gobierno.

Pero Arabia Saudí no es ahora mismo ningún referente mundial en la lucha contra el cambio climático, más bien, lo contrario.

En Arabia Saudí sin petróleo no habría absolutamente nada, ni siquiera habría agua sin petróleo porque el 30% de toda la extracción de petróleo se dedica a producir el agua de la que se alimenta toda la población, 30 millones de habitantes. Entonces claro, decir 'no vamos a usar combustibles fósiles sin tener otra opción' pues... Noruega por ejemplo es un país cuya economía depende de combustibles fósiles tanto como Arabia Saudí, pero tiene opciones de energía hidroeléctrica hasta el punto de que exporta. Arabia no tiene alternativas aunque son conscientes de que la era de los combustibles fósiles se está acabando y de hecho hay programa de transformación llamado Visión 2030, que es cuando pretenden tener una economía y un modelo de país independiente del petróleo. Claro, eso no se puede hacer de la noche a la mañana porque es el único recurso del país.