Durante muchos años han sido diana de muchos chistes y chascarrillos. Y es que un tartamudo siempre valía para arrancar una carcajada. Afortunadamente la sociedad ha avanzado y se ha dado cuenta que la tartamudez es un problema muy serio. “La tartamudez no es solo ver a una persona que le cuesta expresarse. Es mucho más. Es una persona aislada, con miedo que puede llegar a ser un problema de autoestima, de ansiedad y de relación,”, así se expresa la logopeda Raquel Escobar, que es miembro del Comité de expertos de la Fundación Española de la Tartamudez, y que se ha encargado de formar a los futuros logopedas en la Universidad de Valladolid.

En España hay 467.000 personas que tartamudean y en el mundo son unos 72 millones, según la Fundación Española de la Tartamudez. Este sábado 22 de octubre se celebra el Día Internacional de la Tartamudez, una fecha de apoyo a las personas que padecen esta condición y que a veces no encuentran los recursos suficientes para desenvolverse en su día a día, por lo que suele ser un estigmatizados. “Es cierto que se va avanzado, y en algunos aspectos mucho, pero todavía nos queda bastante”, apunta Escobar. Este 22 de octubre es un día para “reivindicar tantísimas cosas” sobre la tartamudez, es decir,  la espasmofernia, disfemia o disfluencia del habla. Un problema comunicacional que tiene como principal característica la interrupción involuntaria al hablar. El objetivo es hablar fluido, es decir, hablar fácil, sin esfuerzo, sin interrupciones y a una velocidad socialmente aceptable en tu entorno.

Por ejemplo, para ellos mismos. “Muchos están escondidos y avergonzados. Tartamudear ha sido desde siempre efecto de burla, de chiste. No se dejaba que lo hicieran porque era feo y eso ha provocado un trauma”, lamenta y recuerda que una de las características de la disfemia es la “variabilidad” de los casos, no hay un perfil fijo. “Cada caso es distinto y no viene en los libros”, recuerda.

Posteriormente pone el foco sobre los profesionales como médicos, pediatras o docentes, que antes se “dejaba pasar el tiempo porque ya se irá y esto no es así”, critica. Es más, reconoce que si se toma con tiempo se puede evitar, tanto a nivel emocional como de habla.

La logopeda Raquel Escobar

Y es que el colegio se convierte en un importante campo de batalla donde los profesores no llegan a tener la preparación óptima para atender a los alumnos con disfemia. Y recuerda que en el colegio no suelen hablar, y en este caso “no es tan llamativo como puede ocurrir en casa que hacen parrafadas”, pero los maestros tienen que tener más conocimientos para detectarlo y evitarlo, explica Escobar, que pone como ejemplo que si un día un niño no está  fluido, el docente tendrá que tener tacto y evitar que salga al encerado o que tenga que leer en público.

Consejos

La profesional de la logopedia da una serie de recomendaciones cuando surge esta situación. Por ejemplo, nunca ayudarle a acabar la palabra o los padres no tienen que obligar a su hijo a repetir la palabra hasta que la pronuncie bien. Pero el principal consejo es que se acuda en búsqueda de un profesional del tema, que esté especializado, ya que “no todo el mundo sabe distinguirlo”. Incluso los padres también necesitan ayuda.

Las estadísticas dicen que solo un 20% de los niños llega a tartamudear y un gran número de ellos logran superar el trastorno durante la adolescencia, pero “hay que cogerlo a tiempo y trabajar sobre ello”. Y es que la persona con tartamudez nace, no se hace, ya que este trastorno es “genético fundamental”. Hay una parte adquirida pero es muy baja. Y como apunta, la profesional que ha visitado en varias ocasiones Castilla y León por su profesión, “es de desarrollo, no es cuando dice las primeras palabras, sino cuando comienza a expresarse sobre los tres o cuatro años”, explica la profesional.

El mejor tratamiento, en su opinión, es el de trabajar para “normalizar” lo que está pasando, “no es un tabú, ni pecado, hay que aceptarlo”. Una vez logrado esto, se trabaja el habla, se instaura un patrón que favorezca la fluidez, y luego una estrategia para cuando llegue la disfluencia. Por ejemplo, pues meter muletillas, buscar sinónimos o decir esa palabra que se atranca con suavidad.

La “jungla” laboral

Sin embargo, Raquel Escober reconoce que el ámbito laboral se convierte en una “jungla” para las personas con este problema. “Suelen ser personas brillantes y acceden al mundo laboral sin problemas, pero cuando se produce una entrevista de trabajo es un hándicap”, lamenta. Afortunadamente se ha conseguido que dentro del funcionariado tengan su plaza asignada ya que algunas personas con tartamudez pueden acceder a tener una minusvalía. Sin embargo, el prejuicio de trabajar cara al público sigue presente.

Por la consulta de Raquel Escobar han pasado “casos llamativos, dramáticos y muy ligeros”. Y, sin embargo, “hay personas que solo sufren disfluencias durante dos veces al día pero lo pasan fatal”.

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