S. Calleja / ICAL

El COVID-19 no da tregua, y si los contagios, la incidencia y las hospitalizaciones han recibido un respiro, ahora comienza a destapar sus efectos colaterales. De momento ha puesto en jaque la salud mental, la de los adultos y en especial la de los niños y jóvenes en Castilla y León, donde el menú está servido: los servicios de Psiquiatría de los hospitales de Sacyl han comenzado a registrar un aumento de la demanda de atención, tanto en consultas externas como en hospitalización, que se ha visto agudizada a partir del mes de noviembre de 2020 y que a día de hoy continúa.

Lo explica a Ical Fernando de Uribe, el jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, cuya Unidad de Hospitalización Infanto Juvenil es de referencia para el conjunto de la Comunidad Autónoma. Este servicio ha registrado “de forma muy clara” e “importante” un repunte de los trastornos de tipo emocional, en especial de las conductas autolesivas e intentos autolíticos (de suicidio) en jóvenes, fobia escolar, y cuadros de anorexia y trastornos de la conducta alimentaria. Hasta el punto de que, en este último caso, ha sido necesario crear un programa específico a nivel ambulatorio con consultas de enfermería porque no daban “a basto”, ya que estos casos requieren una intervención mucho más seriada e intensiva para una evolución adecuada.

Los datos lo corroboran. La lista de espera en consultas entre la población infanto juvenil casi se duplicó al cierre de 2020 en comparación con 2019, cuando entre la población general cayó en una cuarta parte. Es más, a lo largo de los dos primeros meses de este 2021 se ha observado un repunte del 55,4 por ciento en comparación con las cifras de enero y febrero de 2020, meses previos a la pandemia. En concreto, si hace dos años había 76 pacientes menores esperando un mes a entrar en una consulta, al cierre de 2020 eran 147, y si en los dos primeros meses de 2020 había 101, enero y febrero de este año acumularon 157, con una espera de mes y medio. Son datos exclusivos del Área de Salud de Valladolid Este, pero que se pueden extrapolar al resto de centros, según precisa De Uribe, porque todos los servicios han sufrido las mismas consecuencias derivadas de la pandemia del COVID.

En estos dos primeros meses de este año, llama la atención el claro aumento de las urgencias y de la tentativa e ideación suicida entre los menores de 18 años, indica el jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico, muy por encima de los casos en adultos, que cayeron. Entre los mayores de edad la cifra bajó entre enero y febrero de 2020 y 2021, al pasar de 69 a 43 intentos o ideaciones, mientras que en menores pasó de dos a 12, con cuatro casos en varones y ocho en mujeres.

En cuanto a las cifras de hospitalización, que sí son autonómicas, a cierre de año, los ingresos cayeron entre la población general un 24 por ciento, pero entre la infantojuvenil el dato se contuvo en menor medida, un 7,8 por ciento, se pasó de 117 a 105 casos, con una estancia media similar, de 17,4 días.

“Esta situación es fundamentalmente herencia de la pandemia. Para un chico de 16, 17, de 14 de 15, un año es toda una vida, más cuando empiezan a salir con amistades o tienen ya su grupo; empiezan a tener relaciones de pareja… Y todo eso se les machaca, y se les machaca durante mucho tiempo, no un mes, ni dos meses, un año, y un año en la vida de un adolescente es muchísimo tiempo”, asegura. A ello se une la situación vivida en los colegios, un lugar donde se socializa, primero con la suspensión de las clases, y luego con una recuperación parcial, con muchas limitaciones, que tampoco ha ayudado.

Si con el confinamiento los casos de acoso escolar desaparecieron, ahora han vuelto, y también los casos de fobia escolar, añade De Uribe, quien anota miedo a volver a retomar la actividad, incluso problemas psicológicos de ansiedad por miedo a contagiarse. “En la primera parte de la pandemia vimos muchísimo menos de todo, por el confinamiento, el miedo a acceder a las urgencias y los ingresos fueron casos más graves. Pero desde octubre, noviembre la demanda tanto de consultas como de hospitalización está siendo altísima”.



Anorexia y trastornos conducta alimentaria

El aumento de la convivencia con los padres por las restricciones y el confinamiento ha favorecido una mayor detección de trastornos de la conducta alimentaria, y que los que ya se habían diagnosticado evolucionaran a peor. “Se está más encima, y la relación de padres a hijos que condiciona la evolución de este tipo de trastornos ha provocado que puedan ir un poco a peor”. De hecho, mantiene que los servicios han visto el doble de trastornos de la conducta alimentaria. Si en los dos primeros meses de 2020 eran siete u ocho casos, la cifra de este año asciende a 14.

En hospitalización, en enero prácticamente todos los ingresos fueron por trastornos de la conducta alimentaria, con siete de ocho. “Ha existido claramente un aumento. Lo normal es entre dos y tres casos”, precisa, hasta el punto de que han solicitado a la Gerencia de Sacyl poder derivar a jóvenes de más de 16 años a la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria para poder dejar hueco a otras patologías en la Unidad de Hospitalización Infanto Juvenil. ya que este tipo de ingresos son prolongados.