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Hay historias que se entienden mejor cuando se mira hacia atrás. La de Iberdrola y la provincia de Zamora arrancó hace más de un siglo con las colosales obras de los Saltos del Duero, un desafío de ingeniería que cambió para siempre el mapa energético del país.

Ciento veinticinco años después, ese idilio ha sumado un nuevo capítulo con la entrega del III Premio Eugenio Cuadrado Benéitez, otorgado por el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Zamora (COGITIZA) para aplaudir la huella de la compañía en el desarrollo industrial y social de esta tierra.

El Paraninfo del Colegio Universitario de Zamora se vistió de gala este viernes por la tarde para acoger un acto que reunió a gran parte del tejido institucional, académico y empresarial de la provincia, con caras conocidas como el presidente de la Diputación, Javier Faúndez, o el director general de Energía, Alberto Castro.

El encargado de recoger el galardón fue el ingeniero Luis Ángel Martín, responsable de la Cuenca Duero, quien quiso tener unas palabras de recuerdo para aquellas generaciones que convirtieron los cauces zamoranos en el motor limpio que hoy sigue impulsando a la comunidad.

Más allá del homenaje a la historia, el colegio profesional ha querido poner el acento en el futuro.

La antigua instalación del Laboratorio de Hidráulica, junto a la imponente presa de Ricobayo, se ha transformado hoy en un moderno campus de formación por el que pasan cada año más de un millar de profesionales de toda España, convirtiendo el medio rural zamorano en una cantera de talento joven e innovación.

Un reconocimiento con un guiño muy especial a Eugenio Cuadrado, aquel visionario que en la Semana Santa de 1885 alumbró por primera vez una procesión en Zamora con pilas hidroeléctricas, demostrando que la pasión por la tecnología siempre ha encontrado buen acomodo a orillas del Duero.