El gran desafío no era fabricar una máquina capaz de cortar los sarmientos de una vid.
Era conseguir que supiera cuáles debía cortar y cuáles conservar. Una decisión que exige conocimientos, experiencia y precisión, porque de ella dependen el desarrollo de la planta y buena parte de la siguiente cosecha.
Diez años de investigación y una inversión de varios millones de euros después, una empresa de Valladolid asegura haber resuelto ese problema y prepara la comercialización de un robot autónomo capaz de podar viñedos mediante inteligencia artificial.
Detrás de esta iniciativa se encuentra Astibot, una compañía de ingeniería y robótica con sede en el polígono de San Cristóbal, dirigida por Felipe Beteta y que cuenta actualmente con 25 trabajadores.
Su creación más ambiciosa se llama TrimBot y encara una etapa decisiva: pasar del desarrollo tecnológico a su comercialización durante 2026.
"Después de varios años y varios millones de euros que nos hemos gastado, ya lo hemos conseguido y vamos a empezar a comercializarlo", asegura Beteta, convencido de que su empresa ha dado respuesta a uno de los grandes desafíos pendientes de la mecanización agrícola.
Primer robot mundial
El empresario reivindica además el carácter pionero de su tecnología. Sostiene que han desarrollado el "primer robot mundial que es capaz de automatizar la poda en viñedo", una afirmación que sitúa a esta pequeña firma vallisoletana ante un desafío de dimensión internacional.
Y es que, su objetivo no consiste únicamente en construir una máquina sofisticada, sino en introducirla en un sector que afronta dificultades crecientes para encontrar trabajadores especializados.
Beteta conoce casos de bodegas cuyos propios responsables han tenido que salir al campo para podar ante la imposibilidad de contratar suficiente personal.
Una situación que, según relata, puede prolongarse durante meses y obligar a los productores a trabajar contrarreloj para completar las labores agrícolas.
Felipe Beteta inició su actividad como autónomo hace más de una década.
En 2015 constituyó Astibot y en 2016 comenzaron los proyectos de investigación que acabarían dando forma a TrimBot. Desde entonces, la compañía ha encadenado diferentes iniciativas de I+D, ensayos y mejoras técnicas hasta alcanzar una versión que su responsable considera preparada para llegar al mercado.
Felipe Beteta.
El recorrido ha sido largo porque la poda plantea dificultades que van más allá de la automatización de movimientos.
Por eso, Astibot ha combinado ingeniería informática, visión artificial, inteligencia artificial y robótica para desarrollar un sistema capaz de interpretar la información de cada planta y ejecutar las operaciones correspondientes.
Beteta asegura que el resultado es una tecnología "robusta y estable" y sostiene que puede ser más precisa que trabajadores sin experiencia suficiente.
La inteligencia artificial no es una incorporación reciente al proyecto.
Su fundador afirma que comenzó a trabajar con ella mucho antes de su popularización entre el gran público, y que ya formaba parte de la actividad empresarial desde sus primeros ejercicios. Esa experiencia -añade- constituye uno de los principales activos de Astibot.
Frente a los gigantes internacionales de la robótica, con presupuestos y capacidades industriales muy superiores, la compañía vallisoletana ha optado por especializarse en un problema concreto y desarrollar una solución adaptada a las necesidades del viñedo.
Beteta observa con especial atención el liderazgo tecnológico de China, cuya capacidad de producción en robótica considera difícil de igualar.
Sin embargo, entiende que las necesidades del mercado europeo ofrecen oportunidades para compañías que conozcan de cerca los problemas de sus sectores productivos.
Uno de ellos, insiste, es la falta de profesionales dispuestos a realizar determinados trabajos agrícolas.
El empresario establece un paralelismo con la introducción de las máquinas vendimiadoras, que transformaron la organización de la recolección de la uva durante los 90. Ahora confía en que la automatización de la poda pueda representar un avance semejante.
Respaldo financiero de Iberaval
La sofisticación de TrimBot contrasta con las condiciones en las que comenzó a gestarse. Astibot nació como una iniciativa de pequeño tamaño, con recursos limitados y un fundador que tuvo que multiplicar sus funciones para mantener el negocio mientras desarrollaba tecnología propia.
"Nos ha tocado trabajar muy duro", reconoce Beteta al recordar aquellos primeros años.
Cuenta que llegó a dedicar «casi dieciséis horas» diarias a su actividad empresarial, con jornadas que se extendían durante los fines de semana y largos periodos de sacrificio personal.
Su experiencia le ha llevado a mantener una visión crítica sobre las dificultades que afrontan los autónomos y las micropymes en España.
Considera que los costes iniciales, las obligaciones administrativas y la presión económica complican especialmente la situación de quienes ponen en marcha proyectos innovadores.
En actividades como la robótica avanzada, estas dificultades se acentúan.
Desarrollar un producto exige personal cualificado, equipamiento, pruebas sucesivas y capacidad financiera para sostener la investigación hasta que puede traducirse en actividad comercial.
Por otra parte, Astibot ha recurrido a Iberaval en una operación de préstamo, una experiencia que su fundador valora positivamente. Beteta reconoce que la tramitación exige aportar documentación y cumplir determinados requisitos, pero asegura que la relación y su experiencia con la sociedad de garantía ha sido satisfactoria.
Un ensayo del robot.
El caso refleja la importancia de abordar de forma adecuada aquellos instrumentos que facilitan el acceso al crédito de pequeñas y medianas empresas, especialmente en actividades innovadoras donde buena parte del valor reside en el conocimiento, la tecnología desarrollada y las posibilidades de crecimiento.
Los últimos resultados de Iberaval dan cuenta de la dimensión de esta labor.
La entidad facilitó 552 millones de euros de financiación durante los nueve primeros meses de 2026, a través de 3.900 operaciones que contribuyen al sostenimiento de 287.533 puestos de trabajo.
El apoyo al emprendimiento ocupa un lugar destacado en esa actividad. Como lo necesitó en su día Astibot.
De hecho, las compañías con tres años o menos de vida concentraron el 18 por ciento del importe financiado, mediante 648 operaciones. En cuanto al destino de los recursos, el 61 por ciento se dirigió a circulante y el 39 por ciento restante a proyectos de inversión.
La sociedad de garantía, presidida por César Pontvianne, desarrolla su actividad en colaboración con entidades financieras y administraciones públicas, entre ellas el Instituto para la Competitividad Empresarial de Castilla y León (ICECyL), para favorecer el acceso al crédito y acompañar proyectos de innovación, digitalización y crecimiento empresarial.
Escasez de personal
Pero el dinero no es el único desafío de Astibot. Encontrar y retener profesionales especializados resulta igualmente determinante.
"Las dos cuestiones están bastante reñidas", reconoce Beteta cuando se le pregunta si es más difícil desarrollar una tecnología como TrimBot o reunir el talento necesario para construirla.
El empresario explica que, en las micropymes tecnológicas, buena parte del conocimiento suele concentrarse inicialmente en los socios fundadores, que deben asumir responsabilidades técnicas, comerciales y de gestión. A medida que crecen, necesitan incorporar especialistas capaces de sostener nuevos proyectos.
Después de diez años de investigación, Astibot afronta ahora un desafío diferente: convencer al mercado.
La tecnología está desarrollada, según su fundador, pero introducir un robot autónomo de poda en las explotaciones vitivinícolas exige demostrar su funcionamiento y superar las reticencias que genera una solución desconocida. Por eso, la estrategia comercial comenzará en España, con demostraciones y material audiovisual que permitan documentar el comportamiento de TrimBot.
"Primero lo que queremos es mostrarlo aquí en el territorio nacional y poco a poco ir intentando avanzar en el ámbito internacional", explica.
En ese horizonte aparecen dos mercados especialmente atractivos: Francia e Italia. Beteta considera que, aunque España dispone de una importante superficie vitícola, ambos países ofrecen oportunidades comerciales de interés para una herramienta destinada a automatizar la poda.
Una de las cuestiones determinantes será el coste de implantación. Beteta sostiene que la inversión puede justificarse mediante el ahorro en las labores de poda y plantea un horizonte aproximado de cuatro años para su amortización. "Matemáticamente es rentable".
El siguiente reto también será industrial. Pasar de desarrollar prototipos a fabricar y comercializar equipos exige capacidad de producción, organización y servicios que garanticen su funcionamiento durante las campañas agrícolas.
Astibot quiere afrontar esa transformación desde Valladolid, donde ha concentrado sus conocimientos y desarrollado sus principales proyectos.
Una apuesta empresarial que comenzó mucho antes de que la inteligencia artificial adquiriese su actual protagonismo y que ha requerido años de investigación, financiación y esfuerzo emprendedor.
Beteta reconoce que, al principio, se planteó si el mercado estaría dispuesto a pagar por una solución tan compleja. Ahora considera que las necesidades del sector justifican aquella inversión y confía en que la escasez de trabajadores especializados acelere la incorporación de robots agrícolas.
TrimBot ya ha superado, según sus creadores, el desafío de aprender a podar una vid.
Ahora afronta otro examen, decisivo para el futuro de Astibot: demostrar que esa tecnología puede ganarse un lugar entre los viticultores. Y hacerlo desde una empresa vallisoletana que ha dedicado una década a convertir un problema tradicional del campo en una oportunidad para la robótica avanzada.
