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Manos de Mujer pasa por ser una tienda que apuesta por los productos artesanales y que abrió sus puertas el pasado 21 de septiembre en la calle Platerías número 20 de Valladolid, en pleno centro de la ciudad.

Pasa por ser un negocio, de apenas 15 metros cuadrados, que está impulsado por mujeres rurales emprendedoras que se han unido para ofrecer alimentos de proximidad y calidad. Un proyecto que reúne el talento agroalimentario de la provincia y la región y que sirve de escaparate para las marcas locales.

Al frente del mismo están Beatriz Rodríguez, Clara Inés, Esther López, Ángeles Leonardo y Yara Alonso. La dependienta en la tienda es Marina que se esmera por ofrecer el mejor trato al cliente que llega hasta la tienda.

“Hay opciones asequibles para compras diarias y regalos. Nuestros precios están en línea con los de otras tiendas”, señalan nuestras entrevistadas, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Conocemos su historia al detalle.

Las protagonistas

“Somos mujeres emprendedoras vinculadas al medio rural. Cada una tiene su propio proyecto y compartimos la ilusión de sacar adelante un negocio propio. Nos une el gusto por la artesanía, el trabajo bien hecho y las ganas de que nuestros productos lleguen a más público y a personas que valoren el producto artesano y de calidad”, aseguran cinco mujeres que han arrancado con un interesante proyecto en forma de negocio.

Beatriz Rodríguez nació y reside en Mojados. Es cofundadora de Oro del Duero, con obrador en Portillo y colmenares en varios puntos de Castilla y León. Tiene 49 años y cursó estudios primarios. “Mis aficiones son el campo y mis abejas”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Clara Inés Andrés nació en Barcelona, pero se crio en Quintanilla de Onésimo y que reside en Mojados. Es cofundadora de Oro del Duero, tiene 47 años y cursó bachillerato. “Me encanta viajar”, afirma a este medio.

Esther López Muñiz es nacida en Barcelona y residente en Mojados. Viene de una familia quesera y cuenta con un obrador en Arrabal de Portillo. Tiene 50 años recién cumplidos y cursó estudios universitarios de Magisterio en Lenguas extranjeras. “Me encanta caminar y disfrutar de la calma después de un día de trabajo”, nos cuenta.

Ángeles Leonardo Navarrio nació y reside en Matapozuelos. Tiene 54 años. Cursó Secretariado de Dirección y se dedica a la repostería artesana. “Una de mis principales pasiones es hacer senderismo”, apunta.

Por su parte, Yara Alonso nació en el centro de Valladolid y reside, en la actualidad, en Castroverde de Cerrato. Tiene 39 años y cursó la carrera universitaria de Administración y Dirección de Empresas. Es agricultora y trabaja en la bodega familiar Barco Las Culebras, en Pesquera de Duero. “Me encanta esquiar y pasar tiempo con mis seres queridos”, confiesa.

Ellas son las cinco integrantes del proyecto que lleva el nombre de Manos de Mujer.

Una idea hecha realidad

“La idea surgió de las colaboraciones que ya hacíamos con otros pequeños productores. Al ver lo bien que funcionaban, desde Oro del Duero propusimos a mujeres con inquietudes parecidas crear un proyecto común”, señalan nuestras entrevistadas.

Buscaban que cada una “mantuviera su identidad y que todas pudieran contar una historia” con el fin de “ofrecer los productos en una misma tienda”. Desde el origen de la idea hasta la apertura pasó, aproximadamente un año.

“Manos de mujer abrió el 21 de septiembre de 2026 en la calle Platerías, 20 de Valladolid. Es un local pequeño, de aproximadamente 15 metros cuadrados. Para nosotras es un rincón muy especial”, aseguran nuestras entrevistadas.

En el proyecto participan un total de cuatro iniciativas fundadoras, una de ellas Oro del Duero, que viene impulsada por Beatriz y Clara. Hay que sumar a las otras tres mujeres y cuentan con una trabajadora que atiende la tienda, presenta los productos y cuenta la historia que hay detrás de ellos.

Sus productos

“En primer lugar, ofrecemos nuestros propios productos. Las mieles y elaborados de la Colmena de Oro del Duero, la repostería de La Giralda de Castilla, los lácteos de Pura Churra y los vinos de Barco de las Culebras”, apuntan nuestras entrevistadas.

A ellos hay que “sumarle las elaboraciones de los pequeños productores de nuestro entorno” como “también conservas, aceite de oliva virgen extra, frutos secos, piñones y pistachos”.

“También queremos programar colaboraciones con productores invitados para momentos concretos del año. Propuestas para Navidad o Halloween y productos de temporada, como la trufa de RF Trufas o las nueces de Fompedraza”, añaden las dueñas de Manos de Mujer.

Afirman que su especialidad pasa por “reunir en un mismo lugar productos con nombre, origen e historia y explicar, personalmente, quién hay detrás de cada uno”.

“Queremos ser un referente y ofrecer productos con nombre. También poner en valor el trabajo que hay detrás, el origen y la historia de cada uno”, añaden nuestras entrevistadas.

Todo gracias a un nuevo proyecto que cumple un mes de vida.

Precios

“Hay opciones asequibles para compra diaria y regalos. Nuestros precios están en línea con los de otras tiendas, teniendo en cuenta que elaboramos a pequeña escala y que la tienda debe cubrir el salario de la persona que atiende y sus gastos”, señalan las dueñas del negocio.

Como referencia, añaden, las mieles de Oro del Duero “parten de 4,50 euros en el formato de 265 gramos” y el “precio de los packs depende de su contenido”.

“La inauguración fue muy acogedora. Nos acompañaron muchas de las personas que nos han apoyado desde el principio y a quienes queríamos hacer partícipes de esta historia. Hubo mucha asistencia y también muchas ventas”, señalan.

Afirman que “cortamos una larga cinta en trocitos” para que todas las personas que quisieran “pudieran llevarse un pequeño recuerdo del momento".

Inversión y ganancias

“No nos hemos fijado una cifra en lo que a las ganancias al mes se refiere. Sabemos que llevará tiempo que la gente nos conozca y sepa que estamos aquí. Nuestro primer objetivo pasa por conseguir que la tienda pueda mantenerse. Tenemos que afrontar el alquiler, el salario y la Seguridad Social de la trabajadora. También los gastos de luz, agua y teléfono que son habituales”, indican.

Añaden que “puede que, al principio, tengamos que aportar capital las socias” y “si más adelante hay beneficios, nos gustaría reinvertirlos en dar a conocer Manos de Mujer”. “Facturar no significa obtener beneficios: primero hay que cubrir todos esos costes”, señalan.

Sobre la inversión, aseguran que “hemos intentado ajustarla a lo que podíamos asumir” porque cada una de ellas tiene también su propio negocio que han de sacar adelante.

“La Diputación de Valladolid, a través de Alimentos de Valladolid, nos ha ayudado con los vinilos y la cartelería. Para el mobiliario hemos aprovechado piezas de segunda mano y hemos comprado nuevas algunas estanterías. Hemos abierto con recursos modestos, cuidando cada gasto”, especifican.

Hacerse un hueco y el futuro

Nuestras entrevistadas lo tienen claro: “Creemos que podemos hacernos un hueco”. Argumentan que están “en pleno centro de Valladolid” y que “ofrecemos el trato directo de las propias productoras”.

“Además de nuestros productos, buscamos acercar a la gente otras marcas de Alimentos de Valladolid. No todo productor puede abrir una tienda propia y queremos compartir el espacio que hemos conseguido”, señalan.

“Tenemos previstas colaboraciones y propuestas periódicas con pequeños obradores y pastelerías. Por ejemplo, postres elaborados con nuestra miel o torrijas en su temporada. También queremos dar una oportunidad a pequeños productores de otras provincias”, anuncian.

Sobre el futuro, nuestras entrevistadas añaden que “queremos consolidar Manos de Mujer como una tienda a la que se pueda venir tanto para la compra diaria como para encontrar algún regalo especial”.

“Prepararemos degustaciones y promociones, y seguiremos colaborando con más productoras y productores para darles visibilidad. Nos gustaría que el proyecto fuera sostenible para todas”, explican, sin cerrar la puerta a “abrir una segunda tienda en Valladolid”.

Por ahora quieren que este pequeño espacio “crezca, paso a paso, y que anime a otras personas a emprender juntas”, finalizan.