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El consumo desmedido, la opulencia y el exceso de regalos amenazan con ensombrecer el auténtico significado de uno de los momentos más señalados para miles de familias católicas vallisoletanas, o eso por lo menos es lo que afirma tajantemente el líder de la Archidiócesis.

Coincidiendo con el arranque del nuevo curso de catequesis en las parroquias, el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello, ha lanzado un toque de atención directo en su última carta pastoral.

El prelado advierte del peligro de transformar la Primera Comunión en una especie de "mini-boda", un formato festivo que corre el riesgo de convertir el sacramento en un "antisigno" del Evangelio, la caridad y la solidaridad.

En su escrito para la primera quincena de octubre, Argüello subraya que "el regalo más importante" que reciben los niños es acoger por primera vez el Cuerpo de Cristo vivo.

Una vivencia espiritual que, según denuncia, muchas veces queda desvirtuada o "sepultada bajo otros regalos" y banquetes desproporcionados.

"¿A qué estamos iniciándolos? ¿A la vida cristiana, a la vida de la Iglesia y del amor fraterno?"

"¿O, con nuestra manera de celebrar este Sacramento, quizás estamos iniciándolos solamente en la fiesta, en el consumo y en los regalos?", se cuestiona el arzobispo.

Vinculando de forma clara este exceso festivo con el posterior alejamiento de las familias: "¿Cómo extrañarnos entonces de que, al domingo siguiente, muchas familias y muchos niños ya no aparezcan?".

Frente a esta deriva, la Iglesia vallisoletana apela a la sensatez y pide recuperar celebraciones "sencillas" que pongan en el centro el carácter comunitario y familiar de la Eucaristía del Domingo.

Aunque el prelado no rechaza la celebración —admite abiertamente que "es legítimo hacer fiesta"—, sí invita a los padres a no quedarse en lo superficial.

Para Argüello, los meses de preparación de los pequeños son la excusa perfecta para que las familias desempolven su propia fe en casa, en ese espacio íntimo que define como "iglesia doméstica", caminando de la mano de los catequistas que sostienen el día a día de las parroquias.

Esta llamada de atención no se quedará en una simple reflexión sobre el papel. El encaje de la catequesis y el papel de los padres en la educación cristiana irán directos al debate de la próxima Asamblea Diocesana de Valladolid.

El objetivo de Monseñor Argüello es sacudir una costumbre muy asentada en la sociedad castellana y leonesa, buscando que Iglesia y familias remen en la misma dirección para que la Primera Comunión recupere su esencia: un principio, y no un mero compromiso social que se apaga en cuanto se recoge la fiesta.