Hay ciudades que miran el problema de la vivienda como si fuera un clima inevitable. Valladolid ha preferido pasar a la acción. El Plan Municipal de Vivienda y Suelo 2026-2030 nace de esa idea: si faltan casas, hay que poner más casas; si falta suelo, hay que gestionarlo; si hay locales cerrados desde hace años, hay que imaginarles otra vida.
El documento, aprobado a comienzos de año y presentado como hoja de ruta hasta 2030, condensa una inversión récord de 92 millones de euros y un objetivo que se entiende de un vistazo: facilitar hasta 4.000 viviendas en la ciudad.
No es un plan de eslóganes. Es un intento de recuperar iniciativa pública −con VIVA como herramienta, con la Junta como aliada y con la puerta abierta al Estado− para que el acceso a una casa deje de ser una carrera de obstáculos.
El alcalde, Jesús Julio Carnero, lo situó como uno de los ejes del mandato: más oferta, más planificación y menos improvisación. El viernes 18 de septiembre, en la jornada 'La promoción pública de la vivienda', el concejal de Urbanismo y Vivienda, José Ignacio Zarandona, lo tradujo a obras, concursos y llaves.
Valladolid no se resigna
El diagnóstico está sobre la mesa. Valladolid ronda los 300.000 habitantes, pero por dentro ha cambiado: más hogares unipersonales, familias más pequeñas, jóvenes que tardan en emanciparse, mayores con rentas justas y un alquiler que se ha encarecido de forma constante.
El parque residencial, construido en buena parte entre 1960 y 1980, pide accesibilidad y eficiencia energética. Frente a eso, el Ayuntamiento ha apostado por una política de oferta. No por topes de precio, sino por más vivienda disponible.
Zarandona lo resumió con una comparación que pesa. "Hemos ido aumentando las inversiones en VIVA y aparte de promover lo que necesitamos es suelo", afirmó. Esa es la clave del plan: no basta con gestionar mejor el parque existente. Hay que volver a promover y, sobre todo, volver a poner suelo en circulación.
"Estamos haciendo una política de suelo en la que sacamos suelos a la venta, unos suelos interesantes", señaló. Valladolid, explicó el concejal, "tiene mucho suelo diseminado en distintos sectores que llevaban mucho tiempo sin gestión urbanística".
En Zambrana las obras de urbanización ya están en marcha. En Cañada Real, VIVA ha desbloqueado un problema que arrastraba el ámbito y se encargará el proyecto para construir viviendas. "Con lo cual hemos vuelto a coger el pulso", añadió.
El eje de suelo, con 38,4 millones, es el gran cambio de acento respecto a etapas anteriores.
El plan programa desarrollos en La Florida −casi 28,5 millones estimados−, Cañada Real y Zambrana. La Florida, Zambrana y Cañada Real no son solo nombres en un plano: son la base sobre la que el Ayuntamiento espera que se materialice buena parte de esas 4.000 viviendas.
Hay también venta de parcelas a iniciativa privada y concesiones de suelo dotacional para proyectos de interés público. La idea es simple y ambiciosa a la vez: si el suelo no se gestiona, la falta de vivienda se hereda.
Una inversión de 92 millones
La arquitectura económica del plan es clara. 48,56 millones van al eje de vivienda; 38,41 al suelo; cinco a la gestión.
Dentro del primero, cerca de 40 millones se reservan a ampliar, mantener y mejorar el parque municipal de alquiler: promociones propias, compra de viviendas o bloques, tanteo y retracto, innovación constructiva y reconversión de locales.
Hay ayudas a propietarios para que saquen pisos vacíos al mercado, programas sociales, 'Housing First', prestaciones de urgencia, rehabilitación de barrios y medidas de eficiencia energética, desde redes de calor hasta placas fotovoltaicas en edificios municipales.
No es un catálogo decorativo. Es la forma de decir que el Ayuntamiento no quiere una sola respuesta para una demanda que ya no es homogénea.
Hay quien necesita un estudio. Hay quien necesita tres habitaciones. Hay quien necesita un alquiler asequible ya, no dentro de cinco años.
Un impulso a VIVA
Zarandona reivindica un cambio de oficio para la sociedad municipal. "VIVA no tiene que ser solo una sociedad municipal que gestione un parque de viviendas, VIVA es la primera instancia y tenemos que ser muy sensibles".
Y añade: "Hay que entender VIVA como una herramienta, como un medio propio y dotarla de las posibilidades de ampliar sus maneras de intervenir en lo que queremos que sea el futuro de Valladolid".
Esa mirada explica las novedades más visibles del plan. Promover otra vez. Comprar cuando convenga. Rehabilitar lo que ya es público. Y, sobre todo, atreverse con soluciones que no caben en el manual clásico de la promoción.
Locales cerrados, casas abiertas
Una de ellas es la reconversión de locales comerciales en desuso. "Tratamos de ser imaginativos, la ciudad tiene múltiples problemas a los que dar respuesta", señaló Zarandona durante la jornada.
Y apuntó que "VIVA puede promover y además tener ideas, sabemos que las ciudades han cambiado, muchas formas de uso tradicional, en los barrios y en el centro hay muchos locales vacíos, que llevan sin uso muchos años". "Ya estamos encaminándonos a convertir en vivienda locales municipales en desuso", añadió.
El argumento no es solo cuantitativo. Es urbano. "Convertir un local vacío en una vivienda regenera la ciudad, recupera espacios absolutamente perdidos y vuelve a dar vida a muchos barrios e incluso al centro".
El plan arranca con locales de promociones municipales y deja la puerta abierta a comprar bajos cerrados en los barrios. La oferta, insiste Zarandona, tiene que ser variada.
"Los jóvenes a veces no necesitan una vivienda grande de dos o tres habitaciones, hay muchas familias monoparentales, personas que viven solas y también familias con tres y cuatro hijos, y por tanto la oferta y las posibilidades que tienes que poner a disposición de la gente tienen que ser muy variadas y muy imaginativas", señaló.
La importancia de rehabilitar
El plan no pone toda la esperanza en lo nuevo. En el polígono 29 de Octubre, una zona compleja, el Ayuntamiento ha retomado una intervención que combina obra, energía y acompañamiento social.
"La rehabilitación también es algo imprescindible, hemos podido recuperar en este mandato la recuperación del polígono 29 de octubre, un polígono muy complejo, una zona donde no solo se trata de rehabilitar arquitectónica y energéticamente sino de acompañarlo con una labor social muy importante", afirmó Zarandona.
"Estamos haciendo rehabilitaciones energéticas completas a coste cero de los habitantes del barrio. Son proyectos sociales que también hacen ciudad", añadió.
Esa frase −hacer ciudad− recorre el Plan. Una vivienda asequible no es solo un techo. Es un barrio que no se degrada, una calle que recupera uso, un edificio que deja de perder calor y un vecindario que no se siente abandonado.
4.000 viviendas en el horizonte
El concejal evitó presentar el plan como una promesa lejana. "Estamos ya en el orden de un sumatorio de 1.600 viviendas entregadas, en construcción y en proyecto y con la posibilidad de que esto siga creciendo a un ritmo extraordinariamente rápido", señaló.
La colaboración con la Junta de Castilla y León es el gran acelerador. "La colaboración que tenemos con la administración autonómica es una colaboración extraordinaria porque se está dando una circunstancia que no tiene parangón en la historia de Valladolid", aseguró.
En suelos cedidos por el Ayuntamiento, la Comunidad está levantando promociones para jóvenes. "Hemos entregado ya muchas llaves y es indescriptible la emoción de dar una llave a gente joven para un alquiler asequible. Vamos a seguir trabajando y ese es nuestro objetivo", afirmó Zarandona.
Con el Estado el tono es de oportunidad. Tras la reciente visita de la ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, Zarandona citó dos piezas que podrían cambiar la escala.
Se trata del suelo del Ejército en La Rubia, donde se negocia a través de Casa 47 una promoción llave en mano de unas 700 viviendas −además de abrir calles al barrio− y otra actuación anunciada en Los Santos-Pilarica, de más de 160.
"Creo que ahí si lo vamos a lograr, con lo cual el Estado comenzaría a estar presente en Valladolid y a contribuir a que entre todos consigamos el objetivo global", apuntó.
El Ayuntamiento, reconoció, no puede solo. "Si uno tiene un plan, hay que dotarlo, inversión estimada en 92 millones de euros para esos cuatro años, récord de inversión que queremos que se cumpla y, si acaso, se supere", aseguró.
Y reconoció que "el Ayuntamiento tiene unos recursos limitados, las necesidades son muchas y los recursos son pocos y necesitamos a la Junta, lo tenemos, y esperamos al Estado".
La conclusión es de trabajo compartido: "Todos tenemos un problema y todos tenemos que arrimar el hombro y si lo hacemos lo vamos a lograr sin duda pero nos toca trabajar".
Un observatorio para planificar
El plan añade una pieza menos fotogénica y, según Zarandona, decisiva: el Observatorio Municipal de la Vivienda. "El Plan es un plan pensado, reflexionado, avalado en datos y tiene también otra pata que aunque parezca menos importante no lo es que es la de conseguir que exista un Observatorio Municipal de la Vivienda", señaló.
Y afirmó que ese Observatorio "es clave porque no se pueden tomar decisiones a ciegas y va a permitir saber cual es la situación y la radiografía actualizada".
Habrá censos de solares vacantes, edificios deshabitados o en ruina, mapas de barrios degradados, seguimiento de precios, demanda, vivienda protegida y pisos turísticos. También una oficina de atención ciudadana y otra de rehabilitación, además de la Mesa de la Vivienda y convenios con otras administraciones.
El plan se presenta como abierto y revisable. "Hemos hecho el Plan con la mejor de las voluntades, hemos hecho los protocolos para el acceso, todo lo que hacemos es revisable y si con el Observatorio nos damos cuenta de que no conseguimos lo que buscamos lo iremos ajustando", apuntó.
Facilitar proyectos de vida
Al final, el Plan Municipal de Vivienda y Suelo 2026-2030 se juega en una imagen cotidiana: alguien que cierra una puerta por primera vez y sabe que esa casa es suya, aunque sea de alquiler.
Valladolid ha elegido no esperar a que el mercado se arregle solo. Ha puesto 92 millones, ha recuperado la promoción pública, ha vuelto a gestionar suelo, ha empezado a transformar locales vacíos y ha pedido a Junta y Estado que empujen en la misma dirección.
Zarandona lo dejó claro sin necesidad de cifras. "Cualquier vivienda que sale al mercado y que se pone en alquiler significa que alguien tiene unas llaves y un lugar donde hacer un verdadero proyecto de vida y hacerlo en nuestra ciudad", señaló.
Esa es la promesa que el Ayuntamiento de Valladolid quiere cumplir hasta 2030: que las 4.000 viviendas dejen de ser el número de un plan y se conviertan en direcciones, en barrios más vivos y en proyectos de vida que no tengan que buscarse fuera.
