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Eduardo Rodríguez de Cáceres es un hombre, de 66 años, que se dedica al mundo de la fotografía y que cuenta con un estudio en la localidad vallisoletana de Medina del Campo. Lleva el nombre de Producciones Pichi.

Nuestro protagonista suma 33 años como fotógrafo y ha vivido los constantes cambios que ha sufrido el sector a lo largo de su historia. Realiza trabajos fotográficos de gran calidad, con mucho esfuerzo y trabajo.

Vivo de mi profesión, pero ahora es más difícil que hace años. Hay que trabajar mucho, adaptarse a los cambios y buscar, continuamente, formas de ofrecer un servicio que el cliente valore”, asegura nuestro entrevistado en esta entrevista con EL ESPAÑOL de Castilla y León.

La vida de Eduardo

“Me considero una persona trabajadora, cercana y muy vinculada a mi profesión. Llevo muchos años dedicándome a la fotografía. Soy fotógrafo. Para mí, más que un trabajo, es una forma de vida”, asegura Eduardo Rodríguez de Cáceres.

Nuestro entrevistado tiene 66 años y vive en Medina del Campo. Es el propietario de Producciones Pichi que es el estudio fotográfico que tiene en la Villa de las Ferias. Se declara amante de los galgos, los toros, los caballos y también de viajar.

“Nací en Bilbao, pero con meses, llegué a Medina del Campo de donde es toda mi familia. Llevo 33 años dedicado al mundo de la fotografía, en mi estudio. Toda mi trayectoria profesional la he pasado en la Villa de las Ferias”, añade nuestro entrevistado.

Confiesa que de pequeño “no tenía muy claro” que fuera a “dedicarse a la fotografía” y con el tiempo “fue descubriendo este mundo” y “cada vez le fue gustando más” hasta que se convirtió en su profesión.

Añade que tuvo una infancia “sencilla” como la de muchos niños de su generación y que creció “con menos comodidades y mucha más vida en la calle”. Guarda buenos recuerdos de aquellos años y cree que esa forma de vivir le enseñó “valores como el esfuerzo, el trabajo y la responsabilidad”.

“Como la gente de mi generación tuve que dejar los estudios muy temprano para ponerme a trabajar y me fui formando profesionalmente, a través de la práctica y de la experiencia”, afirma Eduardo.

Añade que, por aquel entonces, la formación relacionada con la fotografía “no tenía las mismas posibilidades que existen actualmente” por lo que “gran parte de lo que ha aprendido ha sido trabajando, observando y adquiriendo experiencia con los años”.

La fotografía

“Comencé en el mundo de la fotografía siendo joven. Poco a poco fui aprendiendo el oficio y adquiriendo experiencia, hasta que decidí dedicarme profesionalmente a ello. Desde entonces han pasado más de cuatro décadas vinculadas a la fotografía”, confiesa nuestro entrevistado.

Su negocio, Producciones Pichi, está ubicado en la calle Artillería de Medina del Campo y pasa por ser un estudio fotográfico desde el que realiza diferentes trabajos relacionados con la fotografía y la imagen. En dicho estudio está él y otra empleada.

Realiza diferentes trabajos fotográficos. Hace reportajes, fotografías de estudio, eventos, celebraciones, fotografías familiares y otros trabajos relacionados con la imagen. También intenta adaptarse a las necesidades de cada cliente.

Tengo más de 30 años de experiencia en el mundo de la fotografía. He vivido, prácticamente, toda la evolución de la profesión. Desde la fotografía analógica y los carretes hasta la digital y la situación actual con la Inteligencia Artificial”, apunta, haciendo un repaso a su vida laboral.

Todo antes de hablarnos de los cambios en el mundo de la fotografía.

Cambios

“El mundo de la fotografía ha cambiado muchísimo. Cuando empecé era totalmente diferente. Se trabajaba con carretes, había que revelar las imágenes y cada disparo tenía un coste. Había que pensar mucho antes de disparar”, afirma Eduardo.

Añade que con la llegada de la fotografía digital “todo cambió”. Más aún con los teléfonos móviles que ha hecho que “prácticamente todo el mundo tenga una cámara en el bolsillo”.

“Los móviles han hecho que muchos piensen que hacer una buena fotografía es, simplemente, apretar un botón. En general, antes se valoraba y se pagaba más el trabajo profesional del fotógrafo. Hoy existe mucha competencia y es más difícil conseguir que el cliente valore todo el trabajo que hay detrás de una fotografía profesional”, afirma Eduardo.

Señala, además, que en los últimos años “se ha producido una reducción importante del volumen de trabajo y de los ingresos” y que el “cambio de hábitos de los clientes, los móviles y la facilidad para hacer fotografías por uno mismo han afectado bastante al sector”.

“Creo que, en muchos casos, se infravalora el trabajo del fotógrafo. El cliente ve el resultado final, pero, muchas veces, no ve todo el trabajo que hay detrás. Los años de experiencia, el equipo, la preparación, las horas de trabajo, la selección y edición de las fotografías y los gastos. Una fotografía profesional no consiste, solamente, en pulsar un botón”, añade.

Palabras que llegan desde la experiencia que acumula.

Los móviles, ingresos y gastos

“Los móviles actuales hacen fotografías con una calidad técnica que es impresionante y eso es algo positivo. Sin embargo, una buena cámara no convierte automáticamente a una persona en fotógrafo profesional. El fotógrafo aporta experiencia, conocimiento, composición, iluminación, dirección y el saber captar un momento determinado”, añade.

Eduardo explica que el móvil “puede hacer fotografías muy buenas para el día a día” o “con el fin de compartirlas en redes sociales” o “guardar recuerdos”.

Sin embargo, cuando se habla de un reportaje profesional, de una boda, de una sesión de estudio o de un trabajo que va a conservarse durante muchos años “hay diferencias importantes” y es “esencial que haya un profesional tras la cámara”.

“Los ingresos varían mucho de un mes a otro. No contamos con un sueldo fijo. Hay meses con bastante trabajo y otros mucho más flojos. Además, hay que diferenciar entre lo que factura el negocio y lo que realmente queda después de pagar todos los gastos”, señala el profesional.

Añade que “una parte importante de lo que se factura se destina a gastos de mantenimiento del estudio, luz, seguros, impuestos, equipos fotográficos, ordenadores o programas de edición” y también a “desplazamientos y otros gastos relacionados con la actividad”.

Parece que todo lo que se cobra por una sesión es beneficio para el profesional, pero no es realmente así.

Vivo de mi profesión, pero ahora es más difícil que hace años. Hay que trabajar mucho, adaptarse a los cambios y buscar, continuamente, formas de ofrecer un servicio que el cliente valore”, señala.

El futuro

Eduardo ve el futuro “complicado” pero “no necesariamente sin posibilidades” porque señala que “la fotografía profesional seguirá teniendo su espacio” ya que “hay momentos importantes de la vida que las personas quieren conservar con calidad”.

“Como cualquier pequeño negocio, siempre existe cierta incertidumbre. El sector ha cambiado mucho y los pequeños estudios fotográficos tenemos que competir con nuevas formas de hacer y consumir fotografía”, apunta.

Añade que “mientras haya clientes que valoren el trabajo profesional y pueda adaptarse a los cambios, seguirá adelante”. Su objetivo pasa por “seguir trabajando, mientras pueda” y “continuar haciendo lo que le gusta”.

“Después de tantos años en este oficio, mi mayor deseo es que la fotografía profesional siga siendo valorada y que las nuevas generaciones entiendan que detrás de una buena fotografía hay mucho más que una cámara”, finaliza.

Ojalá que nuestro entrevistado pueda seguir trabajando en lo que es su vida mucho tiempo más.