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La Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de Valladolid ha puesto en marcha un nuevo proyecto de investigación que busca responder a una de las grandes dificultades que plantea la fibromialgia.

Cómo conseguir que las pacientes hagan ejercicio de forma sostenida sin que el esfuerzo termine aumentando el dolor o la fatiga.

El estudio, denominado Efectos de un protocolo de entrenamiento isocinético con microdosis en mujeres con fibromialgia, analizará durante ocho semanas si pequeñas dosis de ejercicio de fuerza, aplicadas de manera controlada e individualizada, pueden mejorar la condición física, el dolor y la calidad de vida de mujeres diagnosticadas con esta enfermedad crónica.

El ensayo clínico aleatorizado contará con 36 pacientes con fibromialgia y está siendo desarrollado por el grupo de investigación estratégico i+HeALTH y el grupo de investigación en Participación y Rendimiento Ocupacional (INPRO) de la UEMC.

La propuesta parte de una idea sencilla: reducir la cantidad de ejercicio necesaria para intentar conseguir beneficios sin generar una sobrecarga que dificulte la continuidad del tratamiento.

"Sabemos que el ejercicio funciona en fibromialgia, pero el problema real es que muchas pacientes no pueden sostenerlo en el tiempo", explica Alejandro Santos Lozano, director del Grupo de Investigación Estratégico i+HeALTH de la UEMC.

"Las microdosis nos permiten reducir la barrera de entrada al entrenamiento sin renunciar a sus beneficios para la salud", añade.

Un ejercicio diseñado para controlar el esfuerzo

El protocolo utilizará ejercicio isocinético, una modalidad que permite controlar con precisión la velocidad del movimiento y la resistencia que recibe la musculatura durante el ejercicio. El objetivo es adaptar el estímulo a cada paciente y limitar el riesgo de que el entrenamiento provoque una respuesta excesiva.

En una enfermedad caracterizada por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga, alteraciones del sueño y deterioro funcional, ese control puede resultar especialmente relevante.

"Podemos saber exactamente qué estímulo está recibiendo cada paciente, y eso en una población con dolor crónico marca una diferencia importante", señala Santos Lozano.

Los investigadores no se limitarán a comprobar si las participantes experimentan cambios en el dolor. El estudio evaluará también su condición física, calidad de vida, percepción de salud, fuerza muscular y composición corporal, además del espesor del tejido muscular.

El equipo analizará asimismo distintos biomarcadores inflamatorios presentes en sangre, con el objetivo de conocer si este tipo de entrenamiento se asocia con cambios fisiológicos que puedan ayudar a explicar sus posibles efectos.

El problema de mantener el ejercicio

La fibromialgia afecta principalmente a mujeres y se estima que tiene una prevalencia de entre el 2% y el 4% de la población general. El dolor crónico y la fatiga pueden dificultar actividades cotidianas y convertir la práctica habitual de ejercicio en un reto para muchas pacientes.

Y ahí se encuentra uno de los principales obstáculos que pretende abordar el proyecto de la UEMC.

Aunque el ejercicio físico figura entre las intervenciones no farmacológicas con mayor respaldo para el manejo de la fibromialgia, seguir un programa convencional de entrenamiento puede resultar difícil para algunas pacientes, especialmente cuando el esfuerzo se acompaña de un incremento del dolor o de la fatiga.

La estrategia de las microdosis intenta cambiar precisamente ese punto de partida: en lugar de plantear grandes sesiones de entrenamiento, estudiar si estímulos pequeños, controlados y repetidos pueden generar beneficios suficientes para mejorar la salud y, al mismo tiempo, facilitar la adherencia.

"Si conseguimos mejorar el dolor y la calidad de vida con dosis mínimas de ejercicio, estaríamos cambiando la forma en que abordamos este síndrome", sostiene el investigador.El proyecto también pone el foco en una cuestión que trasciende el propio entrenamiento: la dificultad para que la fibromialgia reciba una respuesta sanitaria y social acorde con el impacto que provoca en quienes la padecen.

"La fibromialgia tiene un problema de visibilidad. Es un síndrome real, con un impacto enorme en la vida de las personas que lo padecen, y aún está infraatendido desde el punto de vista de la prescripción de ejercicio", afirma Santos Lozano.

Los resultados del ensayo permitirán comprobar si la combinación de microdosis de fuerza y ejercicio isocinético puede convertirse en una alternativa útil para facilitar la práctica de actividad física en mujeres con fibromialgia.

Por ahora, los investigadores buscan determinar si una menor dosis de ejercicio puede ser suficiente para producir cambios relevantes. La respuesta dependerá de los resultados obtenidos en las 36 participantes durante las ocho semanas de seguimiento.