“El auténtico capón de Matapozuelos es el resultado de una crianza cuidada y respetuosa con la tradición. Seleccionamos cada ave y controlamos su crecimiento con paciencia para garantizar un desarrollo óptimo que se traduce en una carne de calidad superior”, asegura Angélica Nieto González.
Ella es la dueña de Granja Capón de Matapozuelos, que se ubica en la localidad vallisoletana que cuenta, en la actualidad y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) con una población de 977 habitantes.
“Cuido a mis 150 capones con cariño. Están más ricos luego. Cuanta más atención dedicas a su crianza, mejor es su sabor después”, cuenta la vallisoletana en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Un producto sabroso como es el capón de Angélica que acaba en reconocidos restaurantes de la geografía española.
La vida de Angélica
“Me defino como una mujer de 50 años con mucho rodaje en la vida y que se ha dedicado a muchos oficios, todos muy dispares. Soy una emprendedora sin miedo a la que le gusta hacer cosas nuevas y diferentes”, asegura la dueña de Granja Capón de Matapozuelos en declaraciones a este periódico.
Nuestra entrevistada se declara “ganadera de profesión” y es amante de la pintura, el mundo rural y la naturaleza. Además, cuenta con estudios en Administración y Dirección de Empresas.
“De pequeña quería ser veterinaria. Recordando mi infancia creo que he sido muy afortunada porque pasé mis mejores años en una finca de Matapozuelos, pueblo de mis abuelos paternos y el lugar en el que tengo mi granja”, afirma nuestra entrevistada.
Una granja que cuenta con tres años de vida.
La historia de la granja
“Empecé esta aventura con dos gallinas ponedoras en el jardín de casa y buscando más sobre estas aves quise probar a criar capones para el consumo propio. Mi abuela había criado estos animales cuando mi padre era niño y me lancé a ello”, explica Angélica.
Los animales en la Granja Capón de Matapozuelos.
La Granja Capón de Matapozuelos “echa a andar hace tres años” cuando nuestra protagonista “pidió opinión a varios cocineros de prestigio” que le “confirmaron que podía producir un producto de muy alta calidad”.
“Cuando eran para consumo propio contábamos con cinco animales. Ahora, tenemos entre 100 y 150 capones en nuestra granja, en una parcela entre pinares que se ubica en Matapozuelos”, explica.
Allí cuenta con 700 metros cuadrados de nave y otros 700 de zonas de pasto verde para capones y ella está “sola ante el peligro” en el negocio, aunque apunta que “su marido le echa una mano cuando lo necesita”.
Una vallisoletana a la que no le asusta nada.
Alimentación y cariño
“Cuido a mis 150 capones con cariño. Están más ricos luego. Cuanta más atención les dispensas en la crianza, mejor es su sabor después, una vez que completamos sus ventas”, afirma la dueña de la granja.
Otra imagen de Angélica con sus animales.
Además del cariño les dispensa una alimentación muy cuidada “siguiendo la tradición francesa”, un país que cuenta con una gran fama en la crianza de este tipo de aves.
“Uso un pienso de muy alta calidad que fabrica una pequeña empresa familiar de Ledesma (Salamanca). Vamos allí a buscarlo ya que no hemos encontrado nada similar más cerca. Utilizo trigo, maíz y leche. Todo, sin que falte el pasto verde y la berza gallega cuando disponemos de poca hierba”, añade.
A sus capones no les falta ningún tipo de cuidado.
Ventas y futuro
“El capón es un producto selecto en nuestro caso. Por ello, nuestros clientes son reconocidos restaurantes Estrella Michelin. Podemos vender entre 200 y 300 al año. Se puede vivir del negocio con humildad. Queda un jornal para poder vivir al día. Esto tiene mucho más de vocacional que de económico, sobre todo, cuando priorizas que cada ejemplar llegue con una calidad óptima”, explica nuestra entrevistada.
Angélica añade que al mes “más de la mitad de la facturación se va en gastos” y eso “sin tener en cuenta los posteriores impuestos”.
“El capón tiene un sabor muy característico e intenso. Una grasa infiltrada que hace que su carne sea jugosa y una grasa singular, parecida a la mantequilla que se valora mucho en la alta cocina. No se parece en nada ni al pollo ni al gallo”, explica.
Grandes profesionales y restaurantes ya cuentan con el capón en su carta. En Valladolid, en Ávila o en Salamanca, entre otros.
“Mirando al futuro, tengo muchas ganas de seguir sacando adelante mi negocio y poder dedicarme a esto muchos años más. Quiero no perder la esencia y seguir priorizando la venta de un producto de prestigio y de calidad”, finaliza la vallisoletana.
