Villalar de los Comuneros es algo más que el 23 de abril. Es un pueblo donde desde hace unos días también se puede hacer un safari, pero en este caso muy castellano.
La batalla de Villalar de 1521 entre las fuerzas realistas partidarias del rey Carlos I de España y las comuneras ha pasado a la historia, pero ahora también este municipio vallisoletano puede ser reconocido por más cosas.
Se puede hacer en una mañana luminosa de campo abierto. En plena Tierra de Campos y, entre cultivos y caminos de tierra, aparece la parcela de ‘Las Pozas’.
Un lugar que, según cuentan, hace no tantos años era poco más que una escombrera. Hoy, sin embargo, tiene un nuevo título, el de Reserva Entomológica.
Se trata de un reconocimiento otorgado por la Asociación Española de Entomología que marca un hito para la conservación de la naturaleza en Castilla y León. Mientras se camina por la parcela, rodeado de bandas florales y pequeños setos, los visitantes piensan que este paisaje es el resultado de un extenso trabajo.
Cinco años de esfuerzo que han transformado el terreno en un auténtico laboratorio natural gestionado por la organización conservacionista GREFA.
El alcalde del municipio, Luis Alonso Laguna, recuerda el inicio de todo mientras observa el lugar donde antes se acumulaban residuos.
Zona habilitada en Villalar de los Comuneros
“Este reconocimiento es el fruto de creer que nuestros pueblos pueden liderar la lucha contra el cambio climático desde el respeto a nuestra tierra y a nuestra agricultura”, asegura.
Fue él quien, cuando el proyecto apenas era una idea, cedió la parcela para iniciar la restauración ambiental. Y es que Villalar no es solo el día 23 de abril.
El zumbido constante de insectos confirma que algo ha cambiado en este pueblo. El entomólogo Óscar Aguado, mentor científico del proyecto, explica que ‘Las Pozas’ funciona hoy como un “AgroLab”, un laboratorio de campo donde se estudia cómo recuperar biodiversidad en paisajes agrícolas.
“Aquí hemos registrado cerca de cien especies de abejas silvestres”, relata mientras señala algunas flores donde revolotean pequeños polinizadores.
Eso sí, no están solos, también hay mariposas, sírfidos y bombílidos. Todo un mosaico de vida que representa casi el 80% de las especies de insectos detectadas en la parcela. El resto también cumple un papel clave. “Un 20% son controladores biológicos”, añade Aguado.
Avispas parasitoides, depredadores naturales y moscas taquínidas ayudan a mantener a raya posibles plagas agrícolas. Aquí la biodiversidad se convierte en aliada directa de los agricultores.
De escombrera a reserva
Mientras se recorre el terreno, cuesta imaginar el aspecto que tenía hace unos años.
Los responsables del proyecto retiraron toneladas de escombros, recuperaron un pequeño humedal que estaba colmatado y apostaron por prácticas agrícolas ecológicas.
También se plantaron cultivos tradicionales y se crearon bandas florales con especies autóctonas.
Entre las flores aparecen pequeñas estructuras de piedra, que se llaman gaviones, y cajas de madera. Son refugios para insectos.
“Son nidales artificiales para abejas solitarias”, me explican. Cada detalle está pensado para favorecer la biodiversidad y, al mismo tiempo, demostrar que agricultura y naturaleza pueden convivir.
La jornada de celebración reunió a representantes de distintas administraciones. Entre ellos Jacinto Canales, subdelegado del Gobierno en Valladolid, y Raquel Alonso, junto a varios alcaldes de la comarca.
El momento más simbólico llega cuando el catedrático de Zoología Eduardo Galante entregó el diploma que certifica la nueva Reserva Entomológica.
“Las Pozas demuestra que la biodiversidad es el seguro de vida de nuestra agricultura”, afirmó durante el acto.
Un safari entre insectos
Poco después se celebra un pequeño “safari entomológico” guiado por el propio Óscar Aguado y por el técnico de GREFA Fernando Blanca.
Al final del recorrido, autoridades y participantes plantaron un árbol autóctono. El gesto simboliza todo un compromiso con el futuro y con los objetivos del reglamento europeo de restauración de la naturaleza.
Este proyecto llega en un momento especial para GREFA, que en 2026 celebra 45 años de trabajo en la conservación de la fauna y los ecosistemas.
La organización se ha convertido en un referente gracias a programas de cría en cautividad, reintroducción de especies, seguimiento por satélite y protección de nidos.
