Valladolid es una ciudad que reina por su gastronomía. También lo hace por culpa de los establecimientos hosteleros que en la ciudad del Pisuerga dan servicio, tanto a los vecinos, como a los turistas, que son muchos, que se pasan por el lugar.
Uno de los establecimientos hosteleros que tienen un encanto especial es El Colmao de San Andrés, que se presenta como una propuesta que trasciende la definición convencional de un bar.
No es, simplemente, un lugar para tomar algo rodeado de nuestros amigos o seres queridos, sino también una inmersión en un espacio que cuenta con una personalidad propia y única.
Fusiona, a las mil maravillas, el concepto de vermutería tradicional con el de tienda de antigüedades o “brocante” y también es un rincón para tapear, de forma sosegada, disfrutando del entorno.
Se ubica en la calle Párroco Domicio Cuadrado, 3, y desde su fachada azul, al último objeto que decora sus paredes, nos ofrecen una experiencia singular que lo ha consolidado en referente en Valladolid.
Los vallisoletanos Juan Bautista Rodríguez-Jalón, y Maite Olmedo Cantalapiedra, abren las puertas del lugar a EL ESPAÑOL de Castilla y León para conocer todos los secretos e historias del establecimiento hostelero.
Imagen del exterior del bar El Colmao de San Andrés.
La vida de Maite y Juan
“Somos dos personas independientes a los que no nos gustaba trabajar para nadie y, tampoco, que nadie trabajara para nosotros. Por eso decidimos abrir, el 11 de marzo de 2004, hace casi 22 años, El Colmao de San Andrés”, asegura orgulloso Juan en declaraciones a este medio.
Ambos nacen en Valladolid. Se conocieron en 1993 y están casados. Tienen un fuerte vínculo con la localidad pucelana de La Pedraja de Portillo. Suman esos tantos años de experiencia en el complicado mundo hostelero.
“Juan empezó solo en el bar. Pronto nos dimos cuenta de que necesitaba a otra persona que le ayudara por lo que dejé mi trabajo. Trabajaba con mi hermano y me vine para aquí”, confiesa Maite.
Los dos han trabajado estos 22 años, codo con codo, y ambos conservan ese gusto por los mercadillos de antigüedades que han decidido trasladar, por así decirlo, hasta su negocio hostelero.
Maite y Juan a las puertas de El Colmao de San Andrés.
22 años de historia y muchas joyas
Entrar en El Colmao de San Andrés es disfrutar de su interior con joyas que se venden a quien quiera comprarlas. Cuenta con alrededor de 60 metros cuadrados y con un aforo para un total de 45 personas.
“Contamos con objetos de lo más variopintos. Con, por ejemplo, una mesa tocinera de la artesanía popular. También con retratos, bustos y diferentes piezas de porcelana. Todo está a la venta. Hay algún retrato del siglo XIX, ni más ni menos”, aseguran nuestros entrevistados.
Una mesa tocinera en El Colmao de San Andrés.
Buscan renovar su mobiliario y, por eso, rebajan el precio de diferentes sillas. Hay retratos de gran valor.
“Vendemos objetos a un precio menor que el de mercado. Cambiamos la decoración, no nos lucramos. No queremos venderlo por Internet porque queremos hablar con las personas antes de vender”, añade Juan.
Imagen del interior de El Colmao de San Andrés con todas sus joyas.
Pero también ofrecen café, sabrosas tostas, infusiones o un buen vino en su bar.
Como bar y un nuevo proyecto
“Vendemos oficio. Tenemos vino, cervezas, coctelería clásica y también unas tostas que son muy famosas por su sabor. Infusiones, cafés y con cada consumición ofrecemos, de forma gratuita, patatas fritas, gominolas o pepinillos”, añade Juan.
De momento, como añade Maite, el negocio “les da para vivir y ahorrar”. También para tener las mañanas libres ya que abren de 18:00 horas a cierre, coincidiendo con el calendario escolar, aunque los fines de semana dan el vermú y en verano cierran sábado y domingo.
“Ahora estamos inmersos en un proyecto en un pueblo en Valladolid. Algo similar. Lo tenemos en mente y queremos que vea la luz en el medio y largo plazo, con calma.”, finalizan nuestros entrevistados.
