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Nada más entrar al Restaurante HacheQú de Valladolid, ubicado en la calle Macías Picavea número 7 de Valladolid, Rodrigo Herrero Quílez, el dueño del mismo nos ofrece amigablemente un café y charlamos con él de todo un poco.

No pasan ni dos minutos de conversación y, pronto, nos percatamos de que el nacido en Medina del Campo, y “orgulloso” hace 35 años, es un apasionado del mundo de la hostelería. Lo vive, le encanta. Eso se nota.

Hace 10 años que abrió el restaurante en el que quedamos para hacer esta entrevista. Ahora, el empresario se lanza a una nueva aventura y lo hace con una sonrisa en la cara y con la ilusión de un niño con zapatos nuevos.

El nuevo restaurante se va a llamar Román 1924. Todo, en honor a mi abuelo. La previsión es abrir, como tarde, en abril. Se va a ubicar en el Claustro de las Tabas. Cerca de la Iglesia de Las Francesas”, confiesa.

Un restaurante “muy distinto” al que ya está abierto en Macías Picavea como confiesa nuestro protagonista en esta conversación.

Imagen del Román1924. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Rodri y una vida marcada por la hostelería

Me considero una persona echada para adelante. Me gusta intentar las cosas. Soy de los que prefiere trabajar un fin de semana para saborear todo lo que la profesión hostelera nos da, en los momentos más complicados. Un apasionado de la hostelería, al fin y al cabo”, asegura Rodrigo Herrero, en los primeros compases de esta conversación.

Amante de las motos, nuestro entrevistado también valora pasar un buen rato con su familia y amigos. Hay tiempo para todo. Hablando de tiempo, él, a su corta edad, lleva 19 en este sacrificado mundo.

“Con 16 años comencé a hacer cursos de cocina. He pasado por el Diego de Praves e hice un posgrado en Paradores. De pequeño quería ser piloto de aviones, pero, finalmente, tras ver el esfuerzo de mi padre, agricultor, me decidí por el mundo hostelero”, señala.

Nuestro entrevistado ha trabajado con Martín Berasategui, con Albert Adriá, o con Diego Guerrero. Llegó hasta a las cocinas de Alemania, pero, el temor de su madre hizo que volviera a tierras pucelanas.

Su vuelta a Valladolid y el HacheQú

Estaba en Alemania, hace diez años, y se sucedieron una serie de atentados que alertaron a mi madre. Me dijo que volviera a España. Le hice caso, pero tenía claro que en la ciudad del Pisuerga iba a montar mi propio establecimiento hostelero”, confiesa.

Y así nace, hace diez años, el Restaurante HacheQú, que se sitúa en la calle Macías Picavea. Él al frente de todo con la inestimable ayuda de un equipo al que valora y ensalza a lo largo de nuestros más de 30 minutos de conversación.

Va fenomenal. La aceptación es buenísima. Diría que estamos en nuestro mejor momento en el HacheQú. Eso me motiva para comenzar una nueva aventura”, añade el de Medina del Campo.

Todo, antes de hablar de ese Restaurante Román1924 que tiene una pinta estupenda.

El nuevo restaurante

“El nuevo restaurante se va a llamar Román 1924, en honor al año en el que nació mi abuelo, el pequeño de ocho hermanos que lo dio todo por la familia. Sembraba garbanzos que disfrutaba todo el pueblo en Montejo de Arévalo (Segovia). Su cocido era único”, afirma Rodri.

La idea pasa por “abrir en abril como tarde” en un nuevo establecimiento hostelero que “se va a ubicar en el Claustro de las Tabas de la Iglesia de las Francesas de Valladolid”, muy cerca de la céntrica calle Santiago y del templo que lleva el mismo nombre.

Imagen del Patio de Las Tabas. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Un lugar que va a contar con un espacio de 400 metros cuadrados para 36 comensales, dividido en dos plantas. Va a generar nueve empleos directos nuevos, sin contar los indirectos que también suman, más los 12 con los que cuenta el HacheQú.

Interior del restaurante. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

El Román 1924 va a ser muy diferente al HacheQú. Vamos a tener comida tradicional, y a apostar por las historias que contaba mi abuelo. Por los garbanzos de la tierra, por los guisantes… por lo de antes, pero dándole una vuelta. Legumbre, verdura y cuchara. El mejor lechazo churro será protagonista en la carta”, apunta el dueño.

El nuevo restaurante contará con menú degustación y con un total de 240 referencias de vino en una tierra con tantas denominaciones de origen y con caldos que quitan el sentido. Cada tres meses se cambiará la carta para darle dinamismo.

“Contamos con licencia de sala de eventos. Se va a ubicar en la planta de abajo. También tendremos una biblioteca, en honor a mi abuelo. Queremos crear un espacio en el que el comensal se sienta cómodo”, explica nuestro protagonista.

Un lugar que conquistará, tanto el paladar como el corazón de los vallisoletanos y turistas que se pasen por allí.

Vivir de la hostelería e inversión

“La realidad del mundo hostelero es que hay gente que puede vivir de ello y otra que sobrevive. No es un mundo fácil. A veces prima más la ambición económica que la personal, aunque no es mi caso”, asegura Rodri.

Rodrigo durante la entrevista sentado en una mesa.

Él es un apasionado de esto, de lo que hace, con mimo y esfuerzo. Confiesa que la inversión para el nuevo restaurante va a provocar que “se tenga que rascar el bolsillo” y saca la cara por sus empleados pidiendo al Gobierno “un poco de empatía”.

“Mi futuro es la ilusión. Hago las cosas por ilusión. Soy de los que creen que, actuando de corazón, la recompensa llega. Siempre”, finaliza el dueño del HacheQú, y, en breve, del Román 1924.