Traspinedo es un municipio de la provincia de Valladolid que se ubica en pleno valle del arroyo del Valcorba, muy cerca del río Duero. En la actualidad cuenta con una población, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 1.308 habitantes.
El municipio vallisoletano es la cuna del pincho de lechazo. Su particular manera de preparar esta delicia gastronómica a la brasa del sarmiento se remonta al siglo XIX. Son varios los restaurantes en los que se puede degustar.
EL ESPAÑOL de Castilla y León se detiene en el Mesón Asador Carlos. Un establecimiento hostelero que ha recibido, por parte de la Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía, el premio al “mejor restaurante tradicional” de la Comunidad, en los XI Premios Castilla y León de Gastronomía.
Charlamos con Eduardo Puertas García, uno de los tres hermanos que gestionan el lugar, para conocer, a fondo, todos los secretos de uno de los mejores lugares de Castilla y León para comer el pincho de lechazo.
Los dos hermanos en el famoso mesón de Traspinedo.
La vida de Eduardo
“Intento ser una persona humilde, sencilla, a la que le gusta echar una mano a las personas. Empático y al que le gusta ver bien a la gente que tiene a su alrededor. Me gusta la vida y disfrutar del momento y de mi gente”, confiesa, en declaraciones a este periódico, nuestro entrevistado.
El hostelero, amante del deporte, de la música y de la naturaleza, vive a caballo entre Valladolid y Traspinedo. Cuando era pequeño ni se planteaba lo que quería ser de mayor. Solo buscaba pasárselo bien.
“En mi infancia recuerdo que fui muy feliz. Jugaba con mis amigos, y con mis padres recibí mucho amor. He tenido suerte. La vida me ha tratado muy bien”, añade el vallisoletano.
Tiene 46 años y lleva 30 en el mundo hostelero, primero echando una mano a su padre, y después, poniéndose al frente del negocio que tiene 11 años de historia.
La historia del mesón
“Hace once años, en el lugar en el que estamos ahora, no había nada. Era un solar diáfano. El mesón asador lo construimos nosotros en menos de un año. Empezamos las obras en 2014 y el 13 de febrero de 2015 abrimos las puertas”, asegura nuestro protagonista.
Un lugar que, en sus inicios, lo llevaba su padre Carlos Puertas junto a su hermano Alberto, su hermana María, y él mismo. Pero Carlos se jubiló hace cinco primaveras tras más de 40 como maestro asador.
En la actualidad, además de los tres hermanos, hay siete empleados más. Un número que se incrementa en época navideña, cuando más trabajo hay. Se sitúa en la calle del Val número 6 de Traspinedo.
Eduardo y Alberto en el Mesón Asador Carlos de Traspinedo.
Cuenta con un comedor amplio para un total de 250 comensales. También con una zona de bar muy acogedora en la que se puede disfrutar de buenas tapas y con una acogedora terraza.
La especialidad, su sabroso pincho de lechazo
“Nuestra especialidad es el pincho de lechazo al sarmiento que vale 25 euros. Intentamos dar lo mejor de lo mejor. Todo por nuestra clientela. Nos sentimos muy queridos por todos los clientes”, afirma nuestro protagonista.
El lechazo del Mesón Asador Carlos.
No solo de pinchos de lechazo viven en el lugar. También ponen de relieve la cocina tradicional con platos como pueden ser las manitas de lechazo o los callos guisados, también las mollejas a la plancha.
Sin olvidarnos de las croquetas caseras, del pulpo a la plancha o de las sopas de ajo. “Lo tradicional vuelve y hay que mantenerlo y darle valor”, asegura convencido Eduardo. También cuentan con productos de temporada como los espárragos.
Un lugar único para disfrutar del buen comer.
Un gran futuro
“Por suerte, podemos vivir del mesón-asador. La clientela nos respalda y el esfuerzo es diario y continuo. Nos da para poder pagar facturas, proveedores, y a nuestros empleados cada mes”, afirma nuestro entrevistado.
A pesar de ello, menciona todos los gastos que tiene que afrontar y hace una mención especial de agradecimiento a la Academia de la Gastronomía de Castilla y León por el galardón que recibirán el próximo 16 de febrero.
“Estamos sumamente contentos y satisfechos por la distinción. Sobre todo, por el hecho de que se ensalza lo tradicional. El trabajo de mi padre y el de los hermanos y el sabor del mejor pincho del lechazo al sarmiento”, apunta nuestro protagonista.
La familia, tras el galardón, ve el futuro de forma “esperanzadora” y esperan estar, muchos años más, al pie del cañón para dar el mejor producto y trato a sus comensales.
Larga vida al Mesón Asador Carlos en Traspinedo.
