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Era el pasado 5 de febrero de 2025, hace hoy justo un año, cuando Javier Gaizka Redondo, un guardia civil natural de Valladolid y destinado en Santoña, desaparecía cuanto pescaba en la zona costera de Isla y Ajo (Cantabria).

Se sospecha que se pudo producir una caída accidental al mar, por las condiciones adversas que dominaban ese día. Sin embargo, y a pesar de los intensos rastreos por tierra, mar y aire, no se ha conseguido dar con el paradero del pucelano.

Javier Gaizka estaba pescando, fuera de servicio, y fueron sus compañeros los que dieron la voz de alarma después de que no se presentara a trabajar. Se encontraron sus aparejos de pesca y sus perros.

Todo, en un dispositivo de búsqueda que se ha centrado en la zona marítima debido al estado del mar, incluyendo al grupo de actividades subacuáticas, aunque las condiciones acabaron por dificultar las tareas y, pese a los grandes esfuerzos, durante días, la búsqueda siguió sin éxito y sin encontrar a Javier Gaizka.

Desde la Guardia Civil de Cantabria, en declaraciones a este periódico, aseguran que “no hay novedades” y que la causa “está judicializada” por lo que “ante cualquier descubrimiento” la autoridad judicial “lo pondrá en conocimiento de la familia”.

“No sabemos nada un año después. No tenemos noticias por parte de la Guardia Civil ni del Juzgado”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Javier Redondo (69), el padre del desaparecido.

Charlamos con él después de este año. La familia está desolada y viviendo una auténtica pesadilla. “Queremos que aparezca, sea como sea y descansar en paz. Es una pesadilla”, afirma, apenado, nuestro entrevistado.

Javier Gaizka, un “fenómeno”

“Mi hijo nació en julio de 1981. Tenía 43 años cuando desapareció. Era un fenómeno y muy querido por todos. Nació en Valladolid y era periodista. Es la carrera que eligió. Sin embargo, después, un amigo que era capitán de la Guardia Civil le animó a presentarse al cuerpo y lo sacó a la primera”, asegura el padre del desaparecido, recordando la historia vital de su hijo.

Añade, además, que “se examinó en 2016, aprobó y comenzó a trabajar en la Benemérita”. Tras pasar por varios destinos acabó en Santoña donde “llevaba menos de un año” y era “feliz con su trabajo”.

Imagen de Javier Gaizka pescando. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

“Vivía en una urbanización cerca de su lugar de trabajo. Lo hacía solo con sus perros, antes de que ocurriera la desgracia”, añade el padre.

Amante del mar y desaparición

Era la persona más feliz del mundo. Le encantaba el mar. Yo he pescado mucho con él, en cantidad de sitios diferentes. Le encantaba la pesca. Todavía no me creo que se haya caído al agua porque era un gran nadador. Además, buceaba. Era un especialista del mar”, explica nuestro entrevistado.

El padre de Javier Gaizka Redondo ha explicado que, cuando le llegó la notificación de la desaparición de su hijo fue “un palo muy duro” y que se sintió “fatal y totalmente desesperado”.

“No veo que la zona fuera para que Javier Gaizka se cayese y no hubiera sabido salir del lugar, al no ser que se golpeara en la cabeza”, explica nuestro protagonista que estuvo presente durante las labores de búsqueda de los primeros días en el lugar de los hechos.

Un amplio dispositivo con buzos, helicópteros y presencia de la Guardia Civil que hizo todo lo posible por dar con el paradero de su compañero de profesión.

Búsqueda por aire de Javier Gaizka en Cantabria. Fotografía cedida por la Guardia Civil a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Una pesadilla

Al padre del desaparecido “no se le ha apagado la llama de encontrar a su hijo” y apunta que “no tienen noticias de la Benemérita ni del Juzgado desde hace mucho tiempo”, lo que aumenta su dolor.

“Estoy mal. Es una pesadilla muy grande. El dolor es tremendo. Su madre, abuela, yo, todos nos encontramos muy tristes tras su desaparición”, afirma Javier, el padre del guardia civil desaparecido.

Nuestro entrevistado, resignado, asegura que “sería un alivio recuperar el cuerpo” para “saber realmente si estaba en el mar o no”.

Un año de la desaparición del guardia civil vallisoletano y de dolor para una familia hundida.