Pilar Mesonero Cembellín nació en Valladolid y tiene 50 años. Escribe desde la adolescencia. Su gran afición es la lectura, aunque no le da tiempo a leer todo lo que compra.
“Mi profesor de literatura, Félix García de Juan, fue quien despertó en mí la pasión por contar historias. Gracias a él descubrí que escribir no solo era un pasatiempo, sino una manera de expresar emociones, de imaginar mundos y de entender la realidad a través de la ficción”, explica.
Amante de compartir tiempo con sus amigos y con su familia, de disfrutar de conversaciones y planes sencillos que le recargan de energía, nuestra protagonista ha publicado dos libros: ‘Los Días Fríos’, novela ambientada en Valladolid, y ‘Trestanto’, en Peñafiel.
Charlamos con ella sobre este último, que se publicó a finales de noviembre de 2025. “Es un crimen en una famosa bodega de Valladolid. El secuestro atrapa y busco que el lector imagine lo que no es”, confiesa en esta entrevista con EL ESPAÑOL de Castilla y León.
P.- ¿Quién es Pilar Mesonero? ¿Cómo se define?
Soy una escritora vallisoletana que siempre ha vivido muy unida a la palabra escrita. Estudié Periodismo, pero mi verdadera vocación ha sido siempre la literatura. Podría definirme como una observadora de las emociones humanas. Alguien que escribe desde la sensibilidad y la curiosidad por las historias que se esconden detrás de las personas y los lugares. Cada conversación con familiares o amigos me aporta ideas o detalles que pueden inspirar futuras novelas. Escuchar a las personas y sus experiencias me ayuda a imaginar personajes, tramas y escenarios.
P.- ¿Qué quería ser de mayor, cuando era pequeña?
R.- Desde muy pequeña quise escribir. Quise estudiar periodismo porque me interesaba escribir, preguntar y contar lo que pasa más allá de lo evidente. Durante años esa vocación convivió con otras opciones más realistas. De hecho, trabajo en un despacho de abogados, pero la idea de contar historias siempre estuvo ahí, muy presente.
P.- ¿Cuándo le llega la idea de ser escritora?
Más que llegarme en un momento concreto, ha sido algo constante en mi vida. Siempre he escrito, pero durante mucho tiempo no me atreví a dar el paso de enviar mis manuscritos a editoriales, en gran parte por ese conocido síndrome del impostor que te hace dudar de si lo que haces es suficiente o merece ser leído. Con el tiempo aprendí a convivir con esas dudas y a no dejar que me paralizaran, hasta que finalmente me animé a intentarlo. Editorial Cuatro Letras me dio la oportunidad y estoy muy feliz.
P.- Ha publicado dos libros, si no estoy equivocado.
R.- Así es. La primera se llama ‘Los Días Fríos’. Es una historia de amor, muy emotiva, que transcurre entre los años sesenta y la actualidad. Decidí ambientarla en Valladolid porque me hacía especial ilusión plasmarla en mi historia, utilizando sus calles y su atmósfera como parte esencial del relato. Recientemente he publicado Trestanto.
P.- ¿Cómo surge la idea de Trestanto?
R.- La idea surge durante una visita al Museo del Vino, en el castillo de Peñafiel. El entorno, la historia del lugar y la atmósfera de los viñedos despertaron una historia que empezó a tomar forma casi de inmediato.
P.- ¿Cómo define su obra?
R.- Trestanto pasa por ser un thriller psicológico en el que nada es exactamente lo que parece. A través de una desaparición, la novela explora la culpa, los silencios, las relaciones humanas y los secretos que se esconden bajo una apariencia tranquila.
P.- ¿Es una desaparición en Peñafiel? ¿Por qué allí?
R.- Sí, la novela parte de una desaparición en Peñafiel. Elegí este lugar porque me encanta el pueblo, su historia, sus costumbres y la fuerza visual y simbólica de sus viñedos. Era el escenario perfecto para la historia que quería contar. Es un crimen en una famosa bodega de Valladolid, en Peñafiel. El secuestro atrapa y busco que el lector imagine lo que no es.
P.- ¿Dan para mucho los viñedos de Peñafiel?
R.- Muchísimo. Los viñedos tienen algo hipnótico: cambian con las estaciones, esconden historias de esfuerzo y tradición y generan un contraste muy potente entre belleza y oscuridad, ideal para un thriller psicológico.
Fotografía de Pilar Mesonero.
P.- ¿Qué quiere despertar en el lector?
R.- Quiero despertar inquietud, reflexión y emoción. Me interesa que el lector se haga preguntas, que se sienta atrapado por la historia y que, al cerrar el libro, algo permanezca.
P.- Habla también de que es un homenaje a los bodegueros. ¿Por qué?
R.- Porque detrás del vino hay generaciones enteras de trabajo, sacrificio y amor por la tierra. Los bodegueros no solo elaboran vino, sino que preservan una forma de vida, unas tradiciones y un vínculo muy profundo con el territorio. La novela es una manera de reconocer ese esfuerzo silencioso, muchas veces invisible, que forma parte de nuestra cultura y de nuestra identidad, especialmente en una tierra como la nuestra, donde el vino es historia, memoria y carácter. Además, la trama de la novela transcurre de manera paralela al ciclo de la vid a lo largo de un año, de vendimia a vendimia, lo que refuerza ese homenaje y permite mostrar cómo el ritmo de la tierra y el del ser humano avanzan juntos.
P.- ¿Está gustando al lector?
R.- Sí, eso parece. Los lectores destacan especialmente la ambientación y la tensión psicológica de la historia, pero, sobre todo el desenlace, que no se lo esperan. Las críticas están siendo muy positivas y que estoy realmente satisfecha con la acogida que está teniendo la novela. Para mí, eso es lo más importante.
P.- ¿Es complicado ser mujer y escritora?
R.- No tiene por qué ser diferente a ser un hombre en términos creativos o profesionales. Lo que sí es cierto es que muchas veces las mujeres asumimos una carga mental adicional en nuestro día a día, con la organización del hogar, los hijos u otras responsabilidades familiares. Esa realidad puede sumar desafíos, pero también aporta una mirada propia y enriquecedora: una sensibilidad, una forma de observar las emociones y las relaciones humanas, y una experiencia vital que se refleja en la manera en que contamos nuestras historias, haciendo que nuestras voces sean únicas y necesarias en la literatura actual.
P.- ¿Ha puesto mucho dinero de su bolsillo para publicar?
R.- Al no ser autopublicada, todos los costes de edición, corrección, maquetación y publicación corren a cargo de la editorial. La mayor inversión por mi parte ha sido en tiempo, esfuerzo y dedicación, especialmente en la promoción y en dar a conocer mi trabajo, algo imprescindible cuando estás empezando y quieres llegar a nuevos lectores.
P.- ¿Se gana mucho como escritora?
R.- No. Al menos no al principio, y mucho menos cuando no eres un autor de renombre. La escritura rara vez da beneficios inmediatos y resulta especialmente complicado cuando no se cuenta con el alcance y la visibilidad que ofrecen los grandes grupos editoriales. Cuando publicas con editoriales independientes, el camino es más lento y exige mucha constancia, trabajo personal y presencia activa para llegar a los lectores.
P.- ¿Cuánto se puede cobrar en un mes?
R.- Es muy variable y, en muchos casos, simbólico. La verdadera ganancia ahora mismo es seguir publicando y creciendo como autora.
P.- ¿Cómo ve el futuro?
R.- Con cautela, pero con ilusión. El mundo editorial es difícil, pero también apasionante.
P.- Objetivo y deseo mirando al futuro.
R.- Mi objetivo es consolidarme como escritora y seguir publicando historias que conecten con los lectores. Mi deseo es hacerme un hueco en el mundo editorial sin perder la voz propia que me llevó a escribir.
