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Íscar es un municipio de la provincia de Valladolid que se localiza en la llanura conocida como Tierra de Pinares, entre los municipios de Olmedo y Cuéllar y que, en la actualidad y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cuenta con una población de 6.396 habitantes.

En Íscar, uno de los establecimientos hosteleros más apreciados pasa por ser el Bar Hermanos Cerro que se ubica en la Avenida de San Miguel número 27 y que ofrece una cocina casera con sabrosos platos que hacen las delicias de todos. Lleva abierto, ni más ni menos, que 38 años.

Lo hizo de la mano de dos hermanos, de ahí el nombre del mismo, pero, en la actualidad, al frente del negocio se encuentra Esperanza Sánchez García, una mujer de 65 años que lleva toda su vida en el pueblo y que, en la actualidad, cada día, intenta dar el mejor trato y servicio a sus clientes.

EL ESPAÑOL de Castilla y León charla con ella para conocer la extensa historia de un lugar que continúa deleitando con sus manjares caseros a vecinos y turistas que hasta la localidad vallisoletana se acercan.

38 años de historia

“El Bar Hermanos Cerro lo construimos nosotros hace 38 años. Lo abrió mi marido Miguel junto a su hermano Justino. Antes era un solar y montamos, por un lado, el establecimiento hostelero y, por detrás, un taller mecánico. Dos negocios en uno”, asegura Esperanza Sánchez García.

Nuestra entrevistada se define, a sus 65 años y después de pasar toda la vida el Íscar, como una “trabajadora nata” que “echa muchas horas en un negocio tan sacrificado como el hostelero”. En la actualidad, ella abre y cierra el negocio.

Tras la jubilación de Justino y de Miguel, desde hace 12 años Esperanza está al frente del negocio. Junto a ella, cada día, trabaja una camarera. Entre las dos sacan adelante el bar que se ubica a las afueras del pueblo.

Somos, como diría aquel, el último bar del municipio. Yo me dedico a hacer los platos en la cocina y la camarera atiende en la barra”, explica.

Esperanza en la barra del bar Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Sabrosos manjares

El Bar Hermanos Cerro cuenta con un aforo para 65 comensales con dos plantas y una terraza. Cabe resaltar que el taller contiguo, del que hemos hablado anteriormente, sigue en funcionamiento. El sobrino de Esperanza lo gestiona en la actualidad.

“Fundamentalmente nos dedicamos a los almuerzos. Hacemos cuajo, callos, tortilla de patatas y bonito, oreja rebozada, patatas alioli, panceta o lomo con pimientos y también tenemos un chorizo excelente”, asegura la dueña del negocio.

Asegura que los fines de semana la oferta se amplía con pulpo y canapés y que la especialidad de la casa es el anteriormente citado cuajo y también el conejo al ajilllo. Todo elaborado de forma casera.

“Abro muy pronto para avanzar en la cocina y hacer todos estos platos. Nuestro bar es el paraíso del almuerzo porque comidas y cenas no damos. Alguna por encargo y para amigos, pero poco más. No me gusta hacer más comida de la debida para no tirarla. Estoy muy concienciada con esto”, apunta.

Nuestra protagonista añade que los clientes “están contentos”. Que cuenta con “una clientela fija” que hace que por las mañanas puedan “trabajar muy bien”.

La comida casera, siempre triunfa.

Imagen del Bar Hermanos Cerro en Íscar Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Una profesión esclava y sin horarios

La hostelería, en el momento en el que vivimos, está muy rara. Hay días que no te esperas y tienes mucho jaleo y otros en los que apenas hay nada. No es un boom como antes. Se ha perdido también la partida de las tardes, entre otras cosas”, afirma Esperanza.

Ella abre a las 7 de la mañana y se va la última. Sale del lugar cuando se va el último cliente. Normalmente a las 9:30 horas de la noche, tanto a diario como los fines de semana. Salvo cuando juega el Real Madrid y va alguien a ver el partido ya que funciona como peña merengue.

No tengo horarios. Esto es muy esclavo. Es uno de los trabajos más duros que existen y no hacemos más que pagar impuestos. La gente del sector se quema mucho porque no existen horarios y es muy sacrificado”, apunta.

Para ella, el futuro pasa por el día a día. Su objetivo pasa por trabajar dos años más hasta llegar a la jubilación y “luego Dios dirá”.

Por el bien del pueblo, ojalá que, cuando Esperanza decida decir adiós y disfrutar de una merecida jubilación, alguien coja las riendas y siga escribiendo la historia del Bar Hermanos Cerro.