Hablar de Numancia en los últimos treinta años era, de manera inevitable, hablar de Alfredo Jimeno.
Soria y el mundo del patrimonio despiden hoy con profunda tristeza a una de las figuras que más y mejor supieron escuchar el eco de las piedras en el cerro de Garray, un sabio cercano que dedicó su vida académica no solo a desenterrar el pasado celtíbero, sino a conseguir que la sociedad lo entendiera y lo sintiera como propio.
Desde que en 1994 se pusiera al frente del Plan Director del yacimiento impulsado por la Junta de Castilla y León, Jimeno combinó el rigor científico del investigador de la Universidad Complutense con la pasión de quien sabe que la arqueología no sirve de nada si se queda guardada en un cajón.
Su currículum impresiona —más de cien publicaciones, una veintena de proyectos de investigación a sus espaldas y más de 300 conferencias por todo el país—, pero su legado va mucho más allá de las métricas universitarias.
A él le debemos, en buena medida, la creación de la Asociación Cultural Celtibérica Tierraquemada, la Escuela Arqueológica de Numancia y la Asociación de Amigos del Museo Numantino, entidades que han devuelto a la vida la memoria numantina.
Quienes también han sentido de cerca su pérdida son los periodistas sorianos.
Desde la Asociación de Profesionales de la Información de Soria (APIS) han querido recordar con un cariño especial a un colaborador siempre dispuesto, a un profesional afable que contestaba al teléfono sin prisa, capaz de traducir los tecnicismos de la arqueometría al lenguaje de la calle con una sonrisa y una pedagogía envidiables.
Se va un sabio humilde que enseñó a toda una provincia a mirar Numancia con otros ojos.
Comunicado de la Asociación de Profesionales de la Información de Soria.
